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domingo, 15 de octubre de 2017

“Exterminio” de Alfredo Alzugarai


Me gustó el inicio de este cuento del uruguayo Alfredo Alzugarai. Se llama Exterminio.

“Doña Clorinda estaba cansada del guiso de ratas, pero eso no le importaba demasiado. Era la única comida posible y ella se había acostumbrado”.

Alfredo Alzugarai nació en 1952. Es licenciado en letras y ha publicado dos libros de relatos “Porque la vida ya te empuja” (1987) y “War, la guerra es un juego” (1996). En el año 2000 obtuvo el premio del Fondo Capital por su libro de investigación testimonial “Germinal Azaretto, un vecino solidario”.

jueves, 28 de enero de 2016

Sofía y el enano


Me encantó este cuento “Sofía y el enano” de Hugo Burel, escritor uruguayo. Les transcribo un pedacito de inicio: 
Sofía se acariciaba lánguidamente la barba, mirando por la ventana los movimientos de los changadores del andén. A su lado el enano liaba un cigarrillo y balanceaba rítmicamente sus piernitas que no se apoyaban en el piso. Poco a poco el vagón había colmado su capacidad y el bullicio de las conversaciones era como un enjambre de insectos invisibles. Sin aguzar demasiado sus oídos el enano podía advertir en los comentarios alusiones a él y a Sofía. También descubría miradas indiscretas y uno que otro gesto señalador. Pero nada de eso le importaba. Ni siquiera el titular del periódico del pueblo que con impudicia denunciaba: EL ENANO SE FUGÓ CON LA MUJER BARBUDA; ESCÁNDALO EN EL CIRCO.

jueves, 29 de octubre de 2015

El Fantasma del Doctor Koestler


Este relato es de Roberto Castillo y forma parte de la Antología de cuentos hondureños de la colección Letra Grande. Me gustó la presentación del personaje. Les trascribo el inicio.
“Carlos Garrido Dalfau era magnífico conversador y pésimo prosista. La savia de su conversación discurría fluida, como un torrente de erudición lleno de lugares comunes, pero matizado con misterios. Y es que el misterio estaba en él, no en su prosa. Le abandonaba cuando pasaba del lenguaje hablado al escrito.

Como cirujano solamente llevó la cuchilla tres veces. Y los tres pacientes murieron. El gremio se conmocionó y no le permitió operar nunca más. Él, entonces, montó una cadena de casas de la salud que se convirtieron pronto en atractivas y jugosas empresas. No sabía manejar la cuchilla, pero aprendió bien el arte de dirigir a otros médicos”.
Roberto Castillo, “El fantasma del Doctor Koestler” en Antología de Cuentos Hondureños (2005). Editorial Popular. España.

jueves, 5 de septiembre de 2013

enki

un día madre fue a norteamérica soñando con playas y edificios inmensos donde pasear siempre y divertirse, donde bailar y jugar. tener ropas, muchas ropas y comida. madre se fue un día con la esperanza de llevarnos junto a ella. pero los años pasan y apenas recuerdo su nombre. lo miento a veces a los policías para identificarme. Lo mientan a veces mis enemigos, pero es una ofensa vaga, sólo una frase repetida hasta el cansancio. madre se fue un día a norteamérica, nos dejó su apellido y es bien poco, una hermana vieja que con el tiempo se hizo freak por el cansancio y el hambre. sólo eso y la hierba, sólo la hierba que fumo para olvidar el desastre de una madre que se fue buscando el olimpo y un mundo de incienso, velas encendidas desafiando la tormenta, sólo tormenta. madre se cansó un día de encender velas y se tejió una alfombra mágica de hilos verdes. confió en ella y en sus números, y se fue a norteamérica un día para alcoholizar a mi padre, y dejarme una hermana vieja que se hizo freak con el tiempo y trajo hierba para calmar el hambre y el dolor de una vela que se extingue irremediablemente. madre se fue, se cansó de todo y huyó a norteamérica echando a la mar su alfombra tejida con hilos verdes. sólo nos queda el tiempo y una vela que se apaga. madre se fue y aquí estamos sus huérfanos tejiendo con hambre una vela inmensa. ya no más alfombras ni norteaméricas, ya no más madres. aquí estamos sus huérfanos, su viudo ahogado en alcohol. Ya no más viudos ni huérfanos, sólo hierba y tormenta. sólo tormenta, porque ni madre, porque madre se fue un día apagándolo todo y las velas, llevándose su alfombra y su olimpo consigo para no dejar más que la hierba en medio de los años, y una promesa de llevarnos junto a ella que el tiempo ha apagado, una vela. sólo eso, sólo una madre que se quedó en norteamérica envuelta en su alfombra mientras los años pasaban. y aquí sus huérfanos mascamos la hierba y nos retorcemos en la tormenta, sólo los huérfanos porque madre se quedó para siempre y nos dejó la tormenta. nos dejó la tormenta como un océano de alcohol donde padre se ahoga y nosotros. como una vela apagada nosotros asiéndonos a la hierba para sobrevivir, como una vela apagada nos dejó en la tormenta y los años pasaron. los años pasan siempre

Este relato me encantó. Es de Daniel Díaz Mantilla y se incluye en la obra “Nuevos narradores cubanos” de la compiladora Michi Strausfeld. Es un texto hipnótico. Está entre mis favoritos. Es para leerlo en una sola sentada, de un solo tirón. Es hermoso.

jueves, 29 de agosto de 2013

Fallen Angels

And the winners is… Ignacio Rodríguez for Fallen Angels.
Well… I want to thanks to my mothers, my family in general and Litlle Jane for her support in this film. Thanks a lot, I love you.
A Ignacio siempre le gustó comer de la que pica el pollo. Seguramente pensó hasta el final que lo había traicionado. Cuando llegué hasta la puerta de su cuarto escuché aplausos. Eran su único vicio, los aplausos. Los grababa en los teatros, en los actos revolucionarios, en los encuentros deportivos… y después tenía la facultad de creerse que eran suyos cuando los escuchaba absorto en una grabadora Sony, de esas de cinta que se usaban para las clases de inglés y que él se había robado con su amigo el Tommy una noche del año setenta y ocho. Por supuesto, estaba tan pasada de moda y tan maltrecha que sus bocinas transformaban aquellos aplausos en aguacero tropical, en fogata crepitante, en cascada… pero él escuchaba el aplauso celestial que le tributaba el mundo de las artes y agradecía por un viejo micrófono Toa, en inglés, por supuesto, a la imaginaria concurrencia”.

Este es el inicio del cuento Fallen Angels del escritor cubano Joel Cano. Con esta historia él ganó en 1997 el Premio Juan Rulfo que otorga Radio Francia Internacional. Es una delicia. Si quieres leerlo, consigue la compilación “Nuevos narradores cubanos” realizada por la investigadora Michi Strausfeld y publicada por la Editorial Siruela en 2002. No tiene desperdicio.

jueves, 22 de agosto de 2013

El protagonista

Aquel muchacho había nacido con dedos en forma de llave. Todos excepto uno, el meñique de la mano derecha, tenían relieves afilados en el lado interno, a todo lo largo, y un círculo plano en el extremo. Estaban hechos de carne, con nervios y poros, pero con una textura más firme, más dura y contundente. De niño lo pasó mal aprendiendo a sostener la pluma y a usar las tijeras, pero era perseverante y se inventó en seguida un método propio. La tarea que le importaba era encontrar las nueve puertas”.

Este es el inicio del cuento “El Protagonista” del escritor estadounidense Aimee Bender. La idea está fumadísima y el final es genial. El cuento se encuentra en “Generación quemada, una antología de autores norteamericanos” de la Editorial Siruela. Si lo ves en la librería, cómpralo. No te vas a arrepentir.

jueves, 15 de agosto de 2013

Greenpeace

Rigoberto Molina, alias Gravilla, Prisciliano Jiménez, alias Sangre’e mono y Bárbaro Casas, alias Negroemierda, estaban acurrucados y mustios es un rincón de la celda cuando un agente que parecía una mezcla de los tres abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarme pasar.

- Si hay algún problema, grite – me advirtió –, yo estaré aquí cerca, viendo la telenovela- Anoche se acabó buenísima”.
.......

Este es el inicio del cuento Greenpeace del escritor cubano Eduardo del Llano. La historia te hará doblarte de la risa, literalmente. Forma parte de la compilación de Nuevos narradores cubanos hecho por la investigadora Michi Strausfeld y publicado por la Editorial Siruela en el año 2002. Una joya este libro. Te lo recomiendo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Una verdadera muñeca

Salgo con Barbie. Tres tardes por semana, mientras mi hermana está en su clase de baile, la separo de Ken. Hago prácticas para el futuro”.

Este es el inicio del cuento “Una verdadera muñeca” del escritor estadounidense A. M. Holmes. Me encantó la idea. Puedes leer el cuento completo en “Generación quemada, una antología de autores norteamericanos. Editorial Siruela, 2005.

jueves, 1 de agosto de 2013

Clemencia bajo el sol

Evangelina de las Mercedes Concepción de los Montes y Carvajal, razón por la cual me dicen Cuqui. No me atormente, señor, déjeme decirlo todo a mi manera. Sí, yo maté, aunque mi intención no era tanta, a Mireya, la querida de Reyes. El día usted lo sabe y la hora también. A Reyes lo conozco desde hace quince años; lo sé con exactitud porque ésa es la edad de Volodia, el hijo que tuvo con Ekaterina, la rusa. ¿Qué eso no importa? Usted verá que sí. Ya estoy condenada, déjeme hablar, hablar hasta por los codos y las rodillas, que buena falta me hace”.

Este es el inicio del cuento “Clemencia bajo el sol” de la escritora cubana Adelaida Fernández de Juan. La historia te atrapa. Escribe con un ritmo asombroso. Escuchas a la Cuqui presentar su alegato, lloras y ríes con su historia. Adelaida es una excelente compañía para un viaje, una cola o un fin de semana en casa. Puedes leer este cuento completo en “Nuevos narradores cubanos” de la Editorial Siruela. Hasta la fecha ha sido la mejor compilación de escritores de la isla que he leído. Detrás de este libro está Michi Strausfeld. Ella logró reunir a los narradores dentro de la isla, en el exilio y la diáspora. Aplausos de pie.

jueves, 25 de julio de 2013

Odontofilia

Una vez me enamoré de una mujer a la que le crecían dientes por todo el cuerpo”.

Este es el inicio del cuento Odontofilia de la escritora estadounidense Julia Slavin. Me encantó la historia. Puedes leer el cuento completo en la obra “Generación quemada, una antología de autores norteamericanos”. Editorial Siruela, 2005.