sábado, 19 de mayo de 2012

Cuando sea grande quiero ser actor porno

1
La idea me vino la primera vez que fui a un hotel. Tenía 23 años. Apenas comencé a entrar dentro de ese culo, lo único que pensaba era “¿por qué no me enseñaron esto en bachillerato? Me hubiera divertido muchísimo desde esa época”.

Con el tiempo, con otras parejas y en otras posiciones y roles, la idea volvía. Cada vez que tiraba, pensaba: Si yo viviera de esto, sería un hombre muy feliz.

A veces pienso que si me pagaran por cada polvo, sería millonario, pero es sólo un comentario fanfarrón. Mi vida sexual nunca ha sido tan agitada.

2
En la cama suelo ser desinhibido y hasta ahora me he divertido un montón. Soy un tipo guerrero, al menos en la cama.

Una vez me invitaron a una sex party. Al final del encuentro, uno de los muchachos se me acercó y me dijo que si la próxima vez entregaban premios, seguramente yo me los ganaría todos.

Sonrojado y a carcajadas, acepté la distinción y hasta me imaginé los renglones en los que podría resultar victorioso. Actor revelación, mejor interpretación individual, mejor dúo o tex mex, mejor edición de sonido, mejor guión original, mejor actor principal y el más importante para mí, el premio del público al culo más rico. “Gracias a la academia y a todos los que votaron. Este premio es para ustedes”.

3
Con los años la idea fue tomando fuerza y comencé a afinar eso de querer vivir del sexo. ¿Específicamente qué me gustaría hacer? ¿Quería ser chapero, actor porno, stripper, masajista?

Un chapero debe tener sexo con clientes, la mayoría de los cuales son realmente desagradables. En cambio a un actor porno le pagan por tirar con tipos relativamente sabrosos. Y si es una buena productora de cine, los compañeros de reparto deben ser unos mangazos podri’os de bueno.

Las otras carreras no me entusiasmaban. No sé dar masajes y dudo que alguien me quiera ver en un batitubo.

4
Sí, ahora estaba más claro. Más que vivir del sexo, me gustaba la idea de ser actor porno. Claro, en Europa o Estados Unidos hay productoras de cine gay para adultos mucho más consolidadas, pero en Venezuela no conocía a ninguna.

Tampoco me esforcé buscando una, pero hace unos meses un compañero de trabajo me pidió un favor. Estaba buscando dos tipas para una película porno lésbica que él estaba haciendo.

Me mordí los labios pero al final no me aguanté y le pregunté si estaban buscando a actores. Él con una sonrisa pícara me dijo que sí y, si estaba interesado, me podía anotar.

Quizás hubiese aceptado, si no fuese alguien del trabajo. Quizás no. El hecho es que arrugué. Aunque me encantaría poder ir a un set de filmación de una carne con papa y tripearme el ambiente. Está en mi lista de cosas por hacer.

5
En estas semanas compré la biografía del actor porno Martín Mazza. Este español es muy famoso en el cine erótico. El libro trae un dvd que recoge el día a día de este personaje.

Nada mejor que un baño de realidad para poner todo en perspectiva. Martín es muy franco y va contando las cosas que hace un actor porno gay.

Largas sesiones de fotos, ir a discotecas y bares casi todas las noches, firmar autógrafos. Todo eso me parece cansón.

Lo que más me impresionó es que cada vez que va a tener sexo… para una película o para una sesión de sexo en vivo en una discoteca… cada vez que va a tener sexo, se inyecta en el pene algo como viagra en polvo.

Tal cual. Es una droga comercial, que viene con inyectadora y se coloca de cada lado del pene.

Ahí se murió la magia. Pensé que si cada vez que yo tendría sexo, tendría que inyectarme la paloma… ya no sería divertido. Hasta allí llegaron mis ganas de ser actor porno.