Este es mi blog. Me llamo Jorge, soy periodista, aprendiz de historiador y requetechavista. Por acá comento noticias sobre diversidad sexual, feminismo, lucha contra el VIH/SIDA, organizaciones LGBTI de la Patria Grande y otras mariqueras. También puedes seguirme por tuiter @BitacoraDSx
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martes, 12 de abril de 2016
La Comunión
En la penumbra, una precaria luz me guía hasta las regaderas. Abro el grifo en medio del sauna y el agua fresca se siente helada sobre mi piel.
Una larga gota se abre camino por mi nuca. Baja por la espalda y lame entre mis nalgas, justo donde minutos antes un negro de la costa exorcizaba sus demonios.
Lo acabo de conocer en medio del vapor. Treinta minutos atrás, se me acerca al oído y me dice: "Voltéate".
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sábado, 19 de mayo de 2012
Cuando sea grande quiero ser actor porno
1
La
idea me vino la primera vez que fui a un hotel. Tenía 23 años.
Apenas comencé a entrar dentro de ese culo, lo único que pensaba
era “¿por qué no me enseñaron esto en bachillerato? Me hubiera
divertido muchísimo desde esa época”.
Con
el tiempo, con otras parejas y en otras posiciones y roles, la idea
volvía. Cada vez que tiraba, pensaba: Si yo viviera de esto, sería
un hombre muy feliz.
A
veces pienso que si me pagaran por cada polvo, sería millonario,
pero es sólo un comentario fanfarrón. Mi vida sexual nunca ha sido
tan agitada.
2
En
la cama suelo ser desinhibido y hasta ahora me he divertido un
montón. Soy un tipo guerrero, al menos en la cama.
Una
vez me invitaron a una sex party. Al final del encuentro, uno de los
muchachos se me acercó y me dijo que si la próxima vez entregaban
premios, seguramente yo me los ganaría todos.
Sonrojado
y a carcajadas, acepté la distinción y hasta me imaginé los
renglones en los que podría resultar victorioso. Actor revelación,
mejor interpretación individual, mejor dúo o tex mex, mejor edición
de sonido, mejor guión original, mejor actor principal y el más
importante para mí, el premio del público al culo más rico.
“Gracias a la academia y a todos los que votaron. Este premio es
para ustedes”.
3
Con
los años la idea fue tomando fuerza y comencé a afinar eso de
querer vivir del sexo. ¿Específicamente qué me gustaría hacer?
¿Quería ser chapero, actor porno, stripper, masajista?
Un
chapero debe tener sexo con clientes, la mayoría de los cuales son
realmente desagradables. En cambio a un actor porno le pagan por
tirar con tipos relativamente sabrosos. Y si es una buena productora
de cine, los compañeros de reparto deben ser unos mangazos podri’os
de bueno.
Las
otras carreras no me entusiasmaban. No sé dar masajes y dudo que
alguien me quiera ver en un batitubo.
4
Sí,
ahora estaba más claro. Más que vivir del sexo, me gustaba la idea
de ser actor porno. Claro, en Europa o Estados Unidos hay productoras
de cine gay para adultos mucho más consolidadas, pero en Venezuela
no conocía a ninguna.
Tampoco
me esforcé buscando una, pero hace unos meses un compañero de
trabajo me pidió un favor. Estaba buscando dos tipas para una
película porno lésbica que él estaba haciendo.
Me
mordí los labios pero al final no me aguanté y le pregunté si
estaban buscando a actores. Él con una sonrisa pícara me dijo que
sí y, si estaba interesado, me podía anotar.
Quizás
hubiese aceptado, si no fuese alguien del trabajo. Quizás no. El
hecho es que arrugué. Aunque me encantaría poder ir a un set de
filmación de una carne con papa y tripearme el ambiente. Está en mi
lista de cosas por hacer.
5
En
estas semanas compré la biografía del actor porno Martín Mazza.
Este español es muy famoso en el cine erótico. El libro trae un dvd
que recoge el día a día de este personaje.
Nada
mejor que un baño de realidad para poner todo en perspectiva. Martín
es muy franco y va contando las cosas que hace un actor porno gay.
Largas
sesiones de fotos, ir a discotecas y bares casi todas las noches,
firmar autógrafos. Todo eso me parece cansón.
Lo
que más me impresionó es que cada vez que va a tener sexo… para
una película o para una sesión de sexo en vivo en una discoteca…
cada vez que va a tener sexo, se inyecta en el pene algo como viagra
en polvo.
Tal
cual. Es una droga comercial, que viene con inyectadora y se coloca
de cada lado del pene.
Ahí
se murió la magia. Pensé que si cada vez que yo tendría sexo,
tendría que inyectarme la paloma… ya no sería divertido. Hasta
allí llegaron mis ganas de ser actor porno.
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lunes, 24 de septiembre de 2007
LETRAS DIVERSAS / Relatos cortos
En esta nueva edición tenemos dos historias. La primera de Javier Pino, joven venezolano ganador del tercer lugar en el concurso de Cuento “José Santos Urriola” de la Universidad Simón Bolívar con su cuento “El Vals”. En esta oportunidad presentamos el relato breve “El tenía que…” cargado de suspenso y giros inesperados. La segunda historia es “La Cacería” de Carlos Gutiérrez, integrante de Contranatura, un excelente texto que ofrece una visión atractiva de un tipo de cacería urbana subterránea.
El tenía que…
Javier Pino
El cielo estaba nublado, hacía frío y las nubes no dejaban ver ni un rayo de sol. Aún era temprano cuando Alexander despertó; se levantó de su cama y caminó lentamente por el largo pasillo, mientras observaba el apartamento: estaba oscuro, vacío; las miradas de Irina y Evgeni en los pósteres le seguían en el trayecto. Ya en el baño, enjuagó su cara y cepilló sus dientes con la poca pasta que quedaba; al levantar la mirada, vio su rostro reflejado en el espejo e inesperadamente, lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas…
Léelo completo "El tenía que..."
---------------------
La Cacería
Carlos Gutiérrez
Ya se veía adentro, haciendo, viendo. Viendo, haciendo.
Pisar desde abajo, en horizontal, desde arriba, lo importante era el tránsito rumbo a la puerta. Lo importante era hacer un registro de vigilantes, personal de limpieza, apostados en defensa.
Subir, bajar o planear rumbo a la puerta.
Oler. Lo más importante era el olor. El indicador era el olor. A veces matizado por la maldición de la higiene. Algunas veces muerto en atentados de cloro, amoníaco artificial o paralizer. Contra la biodiversidad, lamentablemente, mucho podía hacerse. Contra la diversidad, en general, valía todo.
Léelo completo "La Cacería"
El tenía que…
Javier Pino
El cielo estaba nublado, hacía frío y las nubes no dejaban ver ni un rayo de sol. Aún era temprano cuando Alexander despertó; se levantó de su cama y caminó lentamente por el largo pasillo, mientras observaba el apartamento: estaba oscuro, vacío; las miradas de Irina y Evgeni en los pósteres le seguían en el trayecto. Ya en el baño, enjuagó su cara y cepilló sus dientes con la poca pasta que quedaba; al levantar la mirada, vio su rostro reflejado en el espejo e inesperadamente, lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas…
Léelo completo "El tenía que..."
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La Cacería
Carlos Gutiérrez
Ya se veía adentro, haciendo, viendo. Viendo, haciendo.
Pisar desde abajo, en horizontal, desde arriba, lo importante era el tránsito rumbo a la puerta. Lo importante era hacer un registro de vigilantes, personal de limpieza, apostados en defensa.
Subir, bajar o planear rumbo a la puerta.
Oler. Lo más importante era el olor. El indicador era el olor. A veces matizado por la maldición de la higiene. Algunas veces muerto en atentados de cloro, amoníaco artificial o paralizer. Contra la biodiversidad, lamentablemente, mucho podía hacerse. Contra la diversidad, en general, valía todo.
Léelo completo "La Cacería"
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jueves, 19 de julio de 2007
Letras diversas
Agradecemos los comentarios que nos han hecho llegar sobre los cuentos cortos de José Francisco Michelli, periodista y escritor venezolano. En esta oportunidad repetimos con tres de relatos breves de este autor.
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Saliva
José Francisco Michelli
Su aliento en el espejo del ascensor fue el único rastro de lo ocurrido diecisiete pisos hacia arriba.
- Esto no va a funcionar así -me dijo Manuel. Vamos a dejarlo en vernos, cogernos y ya. Para qué darle largas. Sin pretensiones, de verdad.
Manuel prendió un cigarrillo cuando terminó su discurso. Buscó las llaves. Abrió la puerta y actuó con la mecánica manía de las telefonistas digitales: "para operaciones de tarjeta de débito y crédito, presione 1. Para conformación de cheques, presione 2”.
- ¿Qué te pasa? -me preguntó con una mueca de indignación y fastidio.
- Me voy. Te llamo después -le dije, guardándome el güebo lleno de saliva caliente en el boxer, oprimiendo la erección.
- ¿Qué te pasa? -insistió. Tómalo como un juego. Diviértete.
Le pedí agua y salí. Ya no quedaba rastro de su aliento en el espejo del ascensor.
------------------------------
Casos de familia
José Francisco Michelli
Lunes por la noche. Hilda, Carlos, Federico, José. El deseo tenía forma de rayo. José miraba a Federico para buscar complicidad. Federico rebotaba las ganas a Carlos. Carlos pensaba a Hilda con la boca tapada por una almohada y sexo tántrico y feroz, con sus ojos en los gestos atolondrados de ella. Hilda sólo hablaba del queso que tenía y soñaba con el martes y Luis Domingo: "necesito tirar con urgencia y con él todo se da rico".
Cuando la geometría llegaba en forma de y como un rayo a Hilda, tomaba otro aspecto porque la ausencia de Luis Domingo trasformaba la figura en cualquier cosa, por todo el asunto de la lejanía y la abstracción que implica imaginar líneas, curvas, rombos, polígonos, círculos, para llegar hasta el ausente. Si a todos nos unía la invisible línea visual, Hilda estaba unida por un deseo más invisible aún, que se bastaba con recuerdos.
Ron puro para Carlos. Con coca-cola para José y Federico. Hilda sorbía sangría. La mesa separaba, las sillas permitían ocupar un lugar como para mantenerse firme y coherente. Los ojos delataban intenciones y sin embargo ninguna mirada se correspondía con otra. La reciprocidad sirvió para frases como "en una relación de pareja el respeto debe ser mutuo", una bocanada de Hilda en medio de la humareda. Alguien pensó: "esta noche me monto en algo". Todos, menos Hilda.
Se habló y los finales o transiciones de cada tema terminaban en cosas como: "coño, no, me encanta", aire articulado que soltó Federico cuando Carlos dijo algo sobre las películas porno de Rocco Sigfredi y la porno estrella Silvia. El silencio siempre se llenó con motivos de ese estilo. Al fondo siempre sonó música electrónica o algo de son cubano, quizá el único acuerdo real y animal de la lluvia que nunca cayó afuera. Un rayo, una amenaza, una espera espera.
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Tela y piel
José Francisco Michelli
– Disculpa pana, no pueden seguir haciendo eso o tendrán que salir del local. –Esteban intentó calma, pero sudaba rabia.
– Hacer qué. Sólo estamos bailando. –Francisco se hacía el desentendido.
– Es que están atentando contra la moral. –Cara de cura de Esteban.
– Oquei, tranqui. Bailaremos separados. –Francisco habló y no esperó respuesta. Miró a otro lugar.
La franela negra de Esteban era una segunda piel con una inscripción en el pecho en letras blancas: SEGURIDAD. La E y la A despuntaban por el relieve de las tetillas tantas veces lamidas por Estela, su novia. Alguna vez su excompañero de trabajo Elián pasó su lengua debajo de la E y la A. Fue una mañana de marigüana en el baño, episodio azul o tornasol de mucha carne iluminada, entre telarañas y calabazas de la fiesta jalogüin.
Esteban miraba desde su atalaya improvisada, donde minutos antes tocó la banda “Kivi” alguna versión de los “Doors”, quizás “Light my fire”, con alaridos andróginos del vocalista y un movimiento de caderas que rompía el aire y terminaba en la mirada excitada de tipas y algunos tipos.
La semipenumbra del lugar permitía distinguir de lejos un juego amoroso entre dos hombres. Un boca a boca trancao’, una caricia en la cara para disipar dudas.
–Te felicito pana, qué depinga que tripeen aquí–. Una de tantas frases que escuchó Félix durante la noche-madrugada. Era la gente del lugar: universitarios que celebraban, rockeros y rockeras de siempre, chicos y chicas alternativos (as), primerizos y primerizas del lugar, sumemos niños y niñas bien.
Había gente que iba del ambiente tecno al pop-rockero esperando quedar atrapada por la masa de cantantes y bailarines improvisados. Como Néstor, que a veces quedaba tímidamente entre dos cuerpos que lo oprimían. Alguno detrás que le asomaba furia a través de la ropa y le hincaba centimetraje, proporción. Néstor se aquietaba, deseaba un empujón que le permitiera sentir un poco más.
Iván, en la espalda de Néstor, esperaba que su encuentro se agachara a recoger algo, que distendiera pliegues y expandiera sus redondas y bien formadas nalgas para cavar más hondo. Tela y piel tragado por piel y tela.
Esteban bajó de su escenario-atalaya. Rozó sus hombros con los de Iván. Puso su mano en el pecho de Néstor para poder pasar. En realidad, abalanzó el cuerpo de Néstor, sus nalgas, contra la pelvis de Iván, su güebo. Luego de juntarlos, avanzó a paso firme entre la multitud.
Félix volvió del baño, donde vio líneas de coca en el largo lavamanos. Dos o tres tipos desdibujados después de cada pase. Figuras de la noche –pensó Félix.
Frente a la barra, donde siempre estuvieron, Francisco pellizcó la quijada de Félix. Lo acercó con los dedos y le dio otro beso de poster. Esteban apareció de entre la multitud y les pidió que se fueran del lugar.
Un por qué, dos por qués.
Varios puños cruzaron el denso aire del “Moulin”. Puro humo que acompañaba lentamente el confuso ir y venir de coñazos.
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Saliva José Francisco Michelli
Su aliento en el espejo del ascensor fue el único rastro de lo ocurrido diecisiete pisos hacia arriba.
- Esto no va a funcionar así -me dijo Manuel. Vamos a dejarlo en vernos, cogernos y ya. Para qué darle largas. Sin pretensiones, de verdad.
Manuel prendió un cigarrillo cuando terminó su discurso. Buscó las llaves. Abrió la puerta y actuó con la mecánica manía de las telefonistas digitales: "para operaciones de tarjeta de débito y crédito, presione 1. Para conformación de cheques, presione 2”.
- ¿Qué te pasa? -me preguntó con una mueca de indignación y fastidio.
- Me voy. Te llamo después -le dije, guardándome el güebo lleno de saliva caliente en el boxer, oprimiendo la erección.
- ¿Qué te pasa? -insistió. Tómalo como un juego. Diviértete.
Le pedí agua y salí. Ya no quedaba rastro de su aliento en el espejo del ascensor.
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Casos de familia
José Francisco Michelli
Lunes por la noche. Hilda, Carlos, Federico, José. El deseo tenía forma de rayo. José miraba a Federico para buscar complicidad. Federico rebotaba las ganas a Carlos. Carlos pensaba a Hilda con la boca tapada por una almohada y sexo tántrico y feroz, con sus ojos en los gestos atolondrados de ella. Hilda sólo hablaba del queso que tenía y soñaba con el martes y Luis Domingo: "necesito tirar con urgencia y con él todo se da rico".
Cuando la geometría llegaba en forma de y como un rayo a Hilda, tomaba otro aspecto porque la ausencia de Luis Domingo trasformaba la figura en cualquier cosa, por todo el asunto de la lejanía y la abstracción que implica imaginar líneas, curvas, rombos, polígonos, círculos, para llegar hasta el ausente. Si a todos nos unía la invisible línea visual, Hilda estaba unida por un deseo más invisible aún, que se bastaba con recuerdos.
Ron puro para Carlos. Con coca-cola para José y Federico. Hilda sorbía sangría. La mesa separaba, las sillas permitían ocupar un lugar como para mantenerse firme y coherente. Los ojos delataban intenciones y sin embargo ninguna mirada se correspondía con otra. La reciprocidad sirvió para frases como "en una relación de pareja el respeto debe ser mutuo", una bocanada de Hilda en medio de la humareda. Alguien pensó: "esta noche me monto en algo". Todos, menos Hilda.
Se habló y los finales o transiciones de cada tema terminaban en cosas como: "coño, no, me encanta", aire articulado que soltó Federico cuando Carlos dijo algo sobre las películas porno de Rocco Sigfredi y la porno estrella Silvia. El silencio siempre se llenó con motivos de ese estilo. Al fondo siempre sonó música electrónica o algo de son cubano, quizá el único acuerdo real y animal de la lluvia que nunca cayó afuera. Un rayo, una amenaza, una espera espera.
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Tela y pielJosé Francisco Michelli
– Disculpa pana, no pueden seguir haciendo eso o tendrán que salir del local. –Esteban intentó calma, pero sudaba rabia.
– Hacer qué. Sólo estamos bailando. –Francisco se hacía el desentendido.
– Es que están atentando contra la moral. –Cara de cura de Esteban.
– Oquei, tranqui. Bailaremos separados. –Francisco habló y no esperó respuesta. Miró a otro lugar.
La franela negra de Esteban era una segunda piel con una inscripción en el pecho en letras blancas: SEGURIDAD. La E y la A despuntaban por el relieve de las tetillas tantas veces lamidas por Estela, su novia. Alguna vez su excompañero de trabajo Elián pasó su lengua debajo de la E y la A. Fue una mañana de marigüana en el baño, episodio azul o tornasol de mucha carne iluminada, entre telarañas y calabazas de la fiesta jalogüin.
Esteban miraba desde su atalaya improvisada, donde minutos antes tocó la banda “Kivi” alguna versión de los “Doors”, quizás “Light my fire”, con alaridos andróginos del vocalista y un movimiento de caderas que rompía el aire y terminaba en la mirada excitada de tipas y algunos tipos.
La semipenumbra del lugar permitía distinguir de lejos un juego amoroso entre dos hombres. Un boca a boca trancao’, una caricia en la cara para disipar dudas.
–Te felicito pana, qué depinga que tripeen aquí–. Una de tantas frases que escuchó Félix durante la noche-madrugada. Era la gente del lugar: universitarios que celebraban, rockeros y rockeras de siempre, chicos y chicas alternativos (as), primerizos y primerizas del lugar, sumemos niños y niñas bien.
Había gente que iba del ambiente tecno al pop-rockero esperando quedar atrapada por la masa de cantantes y bailarines improvisados. Como Néstor, que a veces quedaba tímidamente entre dos cuerpos que lo oprimían. Alguno detrás que le asomaba furia a través de la ropa y le hincaba centimetraje, proporción. Néstor se aquietaba, deseaba un empujón que le permitiera sentir un poco más.
Iván, en la espalda de Néstor, esperaba que su encuentro se agachara a recoger algo, que distendiera pliegues y expandiera sus redondas y bien formadas nalgas para cavar más hondo. Tela y piel tragado por piel y tela.
Esteban bajó de su escenario-atalaya. Rozó sus hombros con los de Iván. Puso su mano en el pecho de Néstor para poder pasar. En realidad, abalanzó el cuerpo de Néstor, sus nalgas, contra la pelvis de Iván, su güebo. Luego de juntarlos, avanzó a paso firme entre la multitud.
Félix volvió del baño, donde vio líneas de coca en el largo lavamanos. Dos o tres tipos desdibujados después de cada pase. Figuras de la noche –pensó Félix.
Frente a la barra, donde siempre estuvieron, Francisco pellizcó la quijada de Félix. Lo acercó con los dedos y le dio otro beso de poster. Esteban apareció de entre la multitud y les pidió que se fueran del lugar.
Un por qué, dos por qués.
Varios puños cruzaron el denso aire del “Moulin”. Puro humo que acompañaba lentamente el confuso ir y venir de coñazos.
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jueves, 28 de junio de 2007
Cuentos sexo diversos
En esta oportunidad inauguramos un espacio para literatura sexo diversa. En esta primera oportunidad publicamos unos cuentos breves de José Francisco Michelli, periodista y escritor.
Espero les guste tanto como a mí.
Especie
José Francisco Michelli
¿Qué sonaba al fondo? Fito, Charly, Calamaro. La música me hacía gritar y exageraba mi expresión.
Maite se acercó sonriendo.
- ¿Cómo estás? -me preguntó. Respondí que bien.
- ¿Qué te pasa? Tú no eres así.
Daniel, al otro lado de la mesa, nos miraba. Estaba a la espera de algún efecto especial, una salida jolibudense con fondo de papel tapiz rojo y mesas de caoba. Un estereotipado humo de cigarrillo que sube desde distintas manos, conectadas a cuerpos que se desbocan en conceptualizaciones y aspiran a un edén de bohemios. Ideas, ideas. La divina pose de cambiar al mundo. Yo fumaba.
- Dime ¿quién es ella? –Maite se asumió psicóloga y yo su paciente en la sexta cita.
- No es ella, es él -respondí con sorna.
- ¿Qué? ¡Ay!, pero yo no sabía que tú. Se fue hacia mí con actitud compasiva.
- Qué pasó vale, será que yo tengo cara de lapa, de jabalí. Te montaste en una de ambientalista. Jejejeje, tranquila, siéntate ahí y conversamos un rato. No actúes como si fueras de grinpis.
Maite volvió a sonreír y fue dos mesas adelante, donde alguien conversaba sobre cualquier apocalipsis.
- ¿En qué quedamos? -pregunté a Daniel.
- En la parte en que él no creyó nada de lo que te pasó.
- Exacto -le dije-, no me creyó.
Al fondo coreamos algo de Charly o Fito o Calamaro.

Espero les guste tanto como a mí.
EspecieJosé Francisco Michelli
¿Qué sonaba al fondo? Fito, Charly, Calamaro. La música me hacía gritar y exageraba mi expresión.
Maite se acercó sonriendo.
- ¿Cómo estás? -me preguntó. Respondí que bien.
- ¿Qué te pasa? Tú no eres así.
Daniel, al otro lado de la mesa, nos miraba. Estaba a la espera de algún efecto especial, una salida jolibudense con fondo de papel tapiz rojo y mesas de caoba. Un estereotipado humo de cigarrillo que sube desde distintas manos, conectadas a cuerpos que se desbocan en conceptualizaciones y aspiran a un edén de bohemios. Ideas, ideas. La divina pose de cambiar al mundo. Yo fumaba.
- Dime ¿quién es ella? –Maite se asumió psicóloga y yo su paciente en la sexta cita.
- No es ella, es él -respondí con sorna.
- ¿Qué? ¡Ay!, pero yo no sabía que tú. Se fue hacia mí con actitud compasiva.
- Qué pasó vale, será que yo tengo cara de lapa, de jabalí. Te montaste en una de ambientalista. Jejejeje, tranquila, siéntate ahí y conversamos un rato. No actúes como si fueras de grinpis.
Maite volvió a sonreír y fue dos mesas adelante, donde alguien conversaba sobre cualquier apocalipsis.
- ¿En qué quedamos? -pregunté a Daniel.
- En la parte en que él no creyó nada de lo que te pasó.
- Exacto -le dije-, no me creyó.
Al fondo coreamos algo de Charly o Fito o Calamaro.
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Invítame a un café
José Francisco Michelli
José Francisco Michelli
I
Hola Señor J. Por fin me atrevo a escribirte, aunque aún no muy convencido. Siempre te veo y me costó mucho conseguir tu dirección de correo, ¡pero por fin lo logré! En realidad no sé ni siquiera si me respondas, pero yo quiero decirte que me siento muy atraído por ti. Me imagino estando ambos en la intimidad de mi casa pidiéndote que me cojas, comprobándome que lo que me imagino de ti es cierto, que eres muy bueno en una cama. Mira bien a tu lado, a ver si me descubres. Te deseo en secreto.
Señor N.
Podría parecer muy osado escribir un texto como el tuyo. No me lo parece en la medida en que incluyes el elemento "secreto" tan castrador, católico y común en una sociedad como la venezolana. No dar la cara frente a semejante propuesta, me parece poco atractivo. Peor aún exigir sexo y quien sabe cuántas cosas en una situación similar a algún guión de telenovela.
Me produce curiosidad saber quien eres y estoy interesado en enterarme.
Salud
Señor J.
II
Tu forma de escribir no hace más que excitarme.
"Me imagino envuelto en tu brazos y rodeado por tu piernas que me impiden escapar, y yo tendido sobre una gran cama reflejando tu calor y sudor. Mi boca que roza cada parte de tu cuerpo hasta llegar a aquello que guardas con tanto recelo diariamente, y justo ahí una escena de uno de los “fallos” mas intensos que se puedan imaginar. Acto seguido nos compenetramos mediante una gran penetración, donde mi dolor se une a nuestro placer, el cual sale victorioso y permite tus fuertes movimientos como un ser lleno de deseo. A lo cual se le une pronto la exhalación de nuestros fluidos, que nos recuerdan que somos hombres y que estamos disfrutando de nuestras libertades. Para luego dejar estas escenas dentro de las cuatro paredes donde ocurrió".
Aún no vas a saber quien soy, por lo menos no me presentaré todavía, pero quizá me descubras antes. Yo seguiré escribiendo mientras tú lo permitas, porque no he querido ser atrevido ni mucho menos abusador e invasor.
Señor N.
Hasta ahora has sido atrevido, abusador e invasor. No veo para qué tanto recato al final de un texto que seguro viste en algún capítulo de "Queer as Folk", o que bien podría ser una pretensión de monólogo de "Taboo" o alguna de esas películas porno que presumen de contar con trama. Hay un exceso de puerilidad y vocación adolescente, para alguien que, estoy seguro, tiene más de 25 años. Debo aclarar que detrás de toda esta telenovela de mensajes no existe ningún factor que me resulte atractivo, lo que sí me resulta interesante es la imagen que se escuda en ese falso aparataje. Empezaré a preguntar entonces: "¿Trabajas donde trabajo?". Responde con la verdad, por favor.
Salud
Señor J.
III
El mensaje que recibí esta vez no resultó tan atractivo como el anterior, espero que tus palabras no sean el reflejo de un momento de enojo sino una reacción ante algo inesperado. El diálogo no lo copié de ninguna serie de cable o programa porno, fue de mi inspiración, y solo pretendía descargar por escrito algo de esta ganas que me consumen al verte. En realidad esta forma me permite conocerte, ya que de tu vida es muy poco (por no decir nada) lo que se sabe en los pasillos. Y no digo que sea malo mantener tu vida fuera del quehacer diario de la noticia, más bien es algo que junto a tu forma de expresarte y tus ideas me muestran lo claro e inteligente que eres.
Respecto a mi no fallaste en lo de mi edad, te puedo decir que somos contemporáneos, y que compartimos la planta como lugar de trabajo.
Creo que seguiré deseándolo en secreto.
Señor N.
Hola Señor J. Por fin me atrevo a escribirte, aunque aún no muy convencido. Siempre te veo y me costó mucho conseguir tu dirección de correo, ¡pero por fin lo logré! En realidad no sé ni siquiera si me respondas, pero yo quiero decirte que me siento muy atraído por ti. Me imagino estando ambos en la intimidad de mi casa pidiéndote que me cojas, comprobándome que lo que me imagino de ti es cierto, que eres muy bueno en una cama. Mira bien a tu lado, a ver si me descubres. Te deseo en secreto.
Señor N.
Podría parecer muy osado escribir un texto como el tuyo. No me lo parece en la medida en que incluyes el elemento "secreto" tan castrador, católico y común en una sociedad como la venezolana. No dar la cara frente a semejante propuesta, me parece poco atractivo. Peor aún exigir sexo y quien sabe cuántas cosas en una situación similar a algún guión de telenovela.
Me produce curiosidad saber quien eres y estoy interesado en enterarme.
Salud
Señor J.
II
Tu forma de escribir no hace más que excitarme.
"Me imagino envuelto en tu brazos y rodeado por tu piernas que me impiden escapar, y yo tendido sobre una gran cama reflejando tu calor y sudor. Mi boca que roza cada parte de tu cuerpo hasta llegar a aquello que guardas con tanto recelo diariamente, y justo ahí una escena de uno de los “fallos” mas intensos que se puedan imaginar. Acto seguido nos compenetramos mediante una gran penetración, donde mi dolor se une a nuestro placer, el cual sale victorioso y permite tus fuertes movimientos como un ser lleno de deseo. A lo cual se le une pronto la exhalación de nuestros fluidos, que nos recuerdan que somos hombres y que estamos disfrutando de nuestras libertades. Para luego dejar estas escenas dentro de las cuatro paredes donde ocurrió".
Aún no vas a saber quien soy, por lo menos no me presentaré todavía, pero quizá me descubras antes. Yo seguiré escribiendo mientras tú lo permitas, porque no he querido ser atrevido ni mucho menos abusador e invasor.
Señor N.
Hasta ahora has sido atrevido, abusador e invasor. No veo para qué tanto recato al final de un texto que seguro viste en algún capítulo de "Queer as Folk", o que bien podría ser una pretensión de monólogo de "Taboo" o alguna de esas películas porno que presumen de contar con trama. Hay un exceso de puerilidad y vocación adolescente, para alguien que, estoy seguro, tiene más de 25 años. Debo aclarar que detrás de toda esta telenovela de mensajes no existe ningún factor que me resulte atractivo, lo que sí me resulta interesante es la imagen que se escuda en ese falso aparataje. Empezaré a preguntar entonces: "¿Trabajas donde trabajo?". Responde con la verdad, por favor.
Salud
Señor J.
III
El mensaje que recibí esta vez no resultó tan atractivo como el anterior, espero que tus palabras no sean el reflejo de un momento de enojo sino una reacción ante algo inesperado. El diálogo no lo copié de ninguna serie de cable o programa porno, fue de mi inspiración, y solo pretendía descargar por escrito algo de esta ganas que me consumen al verte. En realidad esta forma me permite conocerte, ya que de tu vida es muy poco (por no decir nada) lo que se sabe en los pasillos. Y no digo que sea malo mantener tu vida fuera del quehacer diario de la noticia, más bien es algo que junto a tu forma de expresarte y tus ideas me muestran lo claro e inteligente que eres.
Respecto a mi no fallaste en lo de mi edad, te puedo decir que somos contemporáneos, y que compartimos la planta como lugar de trabajo.
Creo que seguiré deseándolo en secreto.
Señor N.
Al fin un texto serio que dibuja tu adultez. No puedo entender o compartir unas ganas que tienen una piel específica como destino (la mía), porque desconozco a cuál cuerpo debe corresponder mi deseo. Te animo a que te descubras y te decidas a hacerme saber quien eres. No hay nada que temer. Vamos a cerrar este círculo de riesgos porque ninguno de los dos tiene nada que perder. Te animo a que me invites a tomarnos un café (late vainilla es mi preferido) y en ese momento sabré quién eres.
Salud
Señor J.
Salud
Señor J.
IV
Entonces permíteme darte una disculpa de una vez, la intención de los textos anteriores no fue, de ninguna manera, hacerte sentir incómodo e invadido. Ni mucho menos reflejar una actitud vulgar hacía alguien que considero tan sencillo y socialmente involucrado como tú. Simplemente intenté reflejar por medio de unas de mis pasiones, soñar y escribir, algo que siento y deseo. A la vez me dejas pensativo con lo de conocernos, yo tengo la libertad límitada con una relación de pareja establecida. Y mis intenciones contigo sólo han sido de "sexo y ya", aunque pudiese existir confraternidad, pero nada más. Aún no entiendo por qué tu figura despierta esa pasión en mi, si de ninguna manera la has alimentado. Quisiera preguntarte ¿tienes pareja o estás involucrado con alguien?
Señor N.
Entonces permíteme darte una disculpa de una vez, la intención de los textos anteriores no fue, de ninguna manera, hacerte sentir incómodo e invadido. Ni mucho menos reflejar una actitud vulgar hacía alguien que considero tan sencillo y socialmente involucrado como tú. Simplemente intenté reflejar por medio de unas de mis pasiones, soñar y escribir, algo que siento y deseo. A la vez me dejas pensativo con lo de conocernos, yo tengo la libertad límitada con una relación de pareja establecida. Y mis intenciones contigo sólo han sido de "sexo y ya", aunque pudiese existir confraternidad, pero nada más. Aún no entiendo por qué tu figura despierta esa pasión en mi, si de ninguna manera la has alimentado. Quisiera preguntarte ¿tienes pareja o estás involucrado con alguien?
Señor N.
Lo que quieras saber lo sabrás cuando me invites a tomar café. No he exigido ningún tipo de compromiso y te repito que nada perderás. No importa qué carajo haga uno, lo importante es comportarse como un hombrecito encarando las situaciones. Si estás en el canal, acércate y preséntate.
Salud
Señor J.
Salud
Señor J.
V
Por lo visto va a ser difícil poder saber de ti, sin que sea cara a cara. Yo espero a que sea el momento adecuado para acercarme a ti. Sabrás quién soy, pero sin desespero.
Como prefieras.
Salud
Señor N.
VI
Tiempo sin saber de usted. Me voy de vacaciones, pero vuelvo el lunes a hacer algunas cosas. Le recomiendo dar la cara.
Salud
Señor J.
En estos días me ha sido imposible escribirte, he estado realmente ocupado, pero aún así no he podido sacarte de mi mente. Primera vez que me pasa en todos mis años de vida, pero quisiera enrollarme contigo en una relación de pasión y deseo, traducido sólo en SEXO. No me he presentado porque tengo miedo a que tu puedas decir que si, y, como yo no podría decir que no, se desarrolle una aventura sexual. Yo en medio de todo veo que tu vida es full agitada y quiero no molestar.
Señor N.
Por lo visto va a ser difícil poder saber de ti, sin que sea cara a cara. Yo espero a que sea el momento adecuado para acercarme a ti. Sabrás quién soy, pero sin desespero.
Como prefieras.
Salud
Señor N.
VI
Tiempo sin saber de usted. Me voy de vacaciones, pero vuelvo el lunes a hacer algunas cosas. Le recomiendo dar la cara.
Salud
Señor J.
En estos días me ha sido imposible escribirte, he estado realmente ocupado, pero aún así no he podido sacarte de mi mente. Primera vez que me pasa en todos mis años de vida, pero quisiera enrollarme contigo en una relación de pasión y deseo, traducido sólo en SEXO. No me he presentado porque tengo miedo a que tu puedas decir que si, y, como yo no podría decir que no, se desarrolle una aventura sexual. Yo en medio de todo veo que tu vida es full agitada y quiero no molestar.
Señor N.
VII
Épale, regresé de vacaciones y no he recibido ningún mensaje tuyo. Estoy extrañado. ¿Se te acabaron las ganas de conocerme?
Salud.
Señor J.
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Épale, regresé de vacaciones y no he recibido ningún mensaje tuyo. Estoy extrañado. ¿Se te acabaron las ganas de conocerme?
Salud.
Señor J.
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Mali le dio un codazo a Mario para que viera la escena. El chofer detuvo el autobús para recoger a una flaca con las piernas desnudas. La carne era interrumpida por un trozo de tela uniforme que cubría parte de la cintura, arropaba las caderas y terminaba cuatro dedos debajo de su sexo.
La flaca besó al colector del bus con ternura adolescente y se irguió levemente de puntillas para hacer visible su sexo guardado por otra tela aún más diminuta, atravesada la entrepierna por la luz que se colaba por el parabrisas. Se sentó al lado del chofer. La escena revivió a Mario, que venía dormido para olvidar sus ganas de orinar.
Mali se rió de su novio. Lo llamó payaso, gafo, baboso. Cada palabra fue seguida de un jejejeje o jijijijiji o jajajajaja. Él la miró y le dijo: “Para eso me levantas, para burlarte de mi”. Intentó de nuevo el sueño pero no pudo. Sentía en la próstata los 14 grados del aire acondicionado, la pinga fría y temblorosa sin posibilidad de goce, sentenciada a suprimir el placer de hacer micción, de mojarle la vida a alguna hormiga, de convertirse en tsunami.
- Mali. –La humillación dibujaba la cara de Mario.
- ¿Qué? –Mali se desperezó.
- Tengo ganas de orinar.
- Dile al chofer que pare el bus. Todavía quedan dos horas y media de camino.
- Sabes que no puedo hacer eso. –Mario deshizo su actitud de jefe de taller de cabillas.
- Deja tu gafedad chico. Le voy a decir al señor. –Mali tomó el control desde el rictus en su rostro.
- No le digas, no voy a poder orinar si me ve alguien.
Mario sólo podía mear en baños que tuvieran individuales. Odiaba los urinarios. Sentía temor de ser visto antes de comenzar a hacerlo.
Aparte de la soledad y la privacidad, también podía orinar si escuchaba palabras bonitas de sus amigas o su novia. En sus años de estudiante universitario visitaba “La Parroquia”, una calle bordeada por muros a ambos lados. Visitarla algún viernes o para celebrar el fin del curso era materia social obligatoria.
El lugar con baño más cercano quedaba a tres cuadras. Mario necesitó a una amiga para atreverse a orinar en un recodo de “La Parroquia”. Llamó a Esther.
- Háblame bonito, por favor.
- ¿Qué quieres qué te diga? –Esther se comía las uñas, las devoraba y miraba a todos lados.
- Palabras cariñosas, que me quieres.
Pablo, el novio de Esther, vio a Mario con el güebo entre las manos de espaldas a ella. Estaba a cinco pasos del meador y su terapeuta. La miró mientras ella le decía a Mario: “esto me pone nerviosa”.
- ¿Esther qué pasó? No te quedes callada. –Mario siempre miraba hacia abajo y cerraba los ojos.
- Soy yo, Jessica.
- ¿Y Esther?
- Su novio se arrechó.
- ¿Por qué? Somos amigos, es normal que una amiga me hable mientras intento orinar.
- No, no es normal. Dile a tu novia que se vaya a decirle cosas bonitas a un amigo para que pueda orinar. –Jessica movía las manos como si Mario la estuviera mirando.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Jessica reía y le preguntaba qué quería escuchar. Mario le dijo: “háblame bonito, por favor”, “frótame el brazo”.
- jejejejeje, chico, tu si eres loco. Te quiero mucho.
- Más, por favor, un poco más. –Mario se sacudía el miembro.
- Bueno, nada, que eres muy lindo y muy anormal, pero tienes buena vibra. –Jessica estaba tranquila, relajada.
- Sigue que aquí viene, dale, dale. –Mario hacía rápidos chasquidos con los dedos de la mano izquierda.
- Chico que me da risa, qué vaina tan loca. Bueno, está bien. Marito, papacito, que rico estar contigo.
- Ahhhhhhh, uffffff, que rico mi Jessica, qué rica tu. Viste que pudimos. Pudimos. Lo logramos.
- Estás loco de verdad.
En el autobús era imposible una situación similar. Había que pensar en una buena estrategia.
Una señora pasó al lado de Mario y se acercó al chofer. Le dijo algo al oído. El chofer detuvo el bus. Un niño atravesó el pasillo y bajó a un terreno lleno de maleza y sin un árbol. Caminó alejándose del bus diez pasos. Orinó y regresó. El chofer esperó a que el niño subiera y se sentara. Mali pellizco quince veces a Mario. Por cada agresión le repetía que bajara que no fuera cobarde. “Por qué eres tan cobarde, hasta un niño lo hace. Es tan sencillo”.
Mario se arrepintió de no haberse bajado. Luego pensó en lo complicado que habría sido “porque no tendría salida. Los carros pasan, la gente del bus se asomaría por las ventanas para ver qué pasa. Todo el mundo estaría mirando”.
Mali dormía cuando Mario sintió que el autobús disminuyó la marcha. Se puso alerta y avanzó hasta la puerta. Llegaron a la única parada de la ruta Barquisimeto-Caracas. Las puertas se abrieron y Mario salió de primero para asegurarse un reservado. Pensó en constituir el “Club de los meones solitarios”, no para conversar sobre su particular forma de orinar y darse apoyo, sino para exigir vindicaciones sociales y culturales. Volvió a su puesto. El bus partió y Mali lo abrazó.
La flaca besó al colector del bus con ternura adolescente y se irguió levemente de puntillas para hacer visible su sexo guardado por otra tela aún más diminuta, atravesada la entrepierna por la luz que se colaba por el parabrisas. Se sentó al lado del chofer. La escena revivió a Mario, que venía dormido para olvidar sus ganas de orinar.
Mali se rió de su novio. Lo llamó payaso, gafo, baboso. Cada palabra fue seguida de un jejejeje o jijijijiji o jajajajaja. Él la miró y le dijo: “Para eso me levantas, para burlarte de mi”. Intentó de nuevo el sueño pero no pudo. Sentía en la próstata los 14 grados del aire acondicionado, la pinga fría y temblorosa sin posibilidad de goce, sentenciada a suprimir el placer de hacer micción, de mojarle la vida a alguna hormiga, de convertirse en tsunami.
- Mali. –La humillación dibujaba la cara de Mario.
- ¿Qué? –Mali se desperezó.
- Tengo ganas de orinar.
- Dile al chofer que pare el bus. Todavía quedan dos horas y media de camino.
- Sabes que no puedo hacer eso. –Mario deshizo su actitud de jefe de taller de cabillas.
- Deja tu gafedad chico. Le voy a decir al señor. –Mali tomó el control desde el rictus en su rostro.
- No le digas, no voy a poder orinar si me ve alguien.
Mario sólo podía mear en baños que tuvieran individuales. Odiaba los urinarios. Sentía temor de ser visto antes de comenzar a hacerlo.
Aparte de la soledad y la privacidad, también podía orinar si escuchaba palabras bonitas de sus amigas o su novia. En sus años de estudiante universitario visitaba “La Parroquia”, una calle bordeada por muros a ambos lados. Visitarla algún viernes o para celebrar el fin del curso era materia social obligatoria.
El lugar con baño más cercano quedaba a tres cuadras. Mario necesitó a una amiga para atreverse a orinar en un recodo de “La Parroquia”. Llamó a Esther.
- Háblame bonito, por favor.
- ¿Qué quieres qué te diga? –Esther se comía las uñas, las devoraba y miraba a todos lados.
- Palabras cariñosas, que me quieres.
Pablo, el novio de Esther, vio a Mario con el güebo entre las manos de espaldas a ella. Estaba a cinco pasos del meador y su terapeuta. La miró mientras ella le decía a Mario: “esto me pone nerviosa”.
- ¿Esther qué pasó? No te quedes callada. –Mario siempre miraba hacia abajo y cerraba los ojos.
- Soy yo, Jessica.
- ¿Y Esther?
- Su novio se arrechó.
- ¿Por qué? Somos amigos, es normal que una amiga me hable mientras intento orinar.
- No, no es normal. Dile a tu novia que se vaya a decirle cosas bonitas a un amigo para que pueda orinar. –Jessica movía las manos como si Mario la estuviera mirando.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Jessica reía y le preguntaba qué quería escuchar. Mario le dijo: “háblame bonito, por favor”, “frótame el brazo”.
- jejejejeje, chico, tu si eres loco. Te quiero mucho.
- Más, por favor, un poco más. –Mario se sacudía el miembro.
- Bueno, nada, que eres muy lindo y muy anormal, pero tienes buena vibra. –Jessica estaba tranquila, relajada.
- Sigue que aquí viene, dale, dale. –Mario hacía rápidos chasquidos con los dedos de la mano izquierda.
- Chico que me da risa, qué vaina tan loca. Bueno, está bien. Marito, papacito, que rico estar contigo.
- Ahhhhhhh, uffffff, que rico mi Jessica, qué rica tu. Viste que pudimos. Pudimos. Lo logramos.
- Estás loco de verdad.
En el autobús era imposible una situación similar. Había que pensar en una buena estrategia.
Una señora pasó al lado de Mario y se acercó al chofer. Le dijo algo al oído. El chofer detuvo el bus. Un niño atravesó el pasillo y bajó a un terreno lleno de maleza y sin un árbol. Caminó alejándose del bus diez pasos. Orinó y regresó. El chofer esperó a que el niño subiera y se sentara. Mali pellizco quince veces a Mario. Por cada agresión le repetía que bajara que no fuera cobarde. “Por qué eres tan cobarde, hasta un niño lo hace. Es tan sencillo”.
Mario se arrepintió de no haberse bajado. Luego pensó en lo complicado que habría sido “porque no tendría salida. Los carros pasan, la gente del bus se asomaría por las ventanas para ver qué pasa. Todo el mundo estaría mirando”.
Mali dormía cuando Mario sintió que el autobús disminuyó la marcha. Se puso alerta y avanzó hasta la puerta. Llegaron a la única parada de la ruta Barquisimeto-Caracas. Las puertas se abrieron y Mario salió de primero para asegurarse un reservado. Pensó en constituir el “Club de los meones solitarios”, no para conversar sobre su particular forma de orinar y darse apoyo, sino para exigir vindicaciones sociales y culturales. Volvió a su puesto. El bus partió y Mali lo abrazó.
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