jueves, 30 de mayo de 2013

La eterna pelea de la marcha de Caracas


Hace casi un año la marcha por el orgullo lgbti de Caracas terminó en una golpiza. Dos grupos decidieron llevar a las manos sus diferencias sobre la ruta final de la movilización. Lo absurdo es que la pelea se dio entre chavistas. Triste espectáculo.

En ese momento escribí De divorcios yreconciliaciones. Ahí me preguntaba qué íbamos a esperar para superar este nuevo altercado.

¿Qué ha pasado?
Bueno, en octubre quemaron vivo a un joven gay en Aragua. Sobrevivió. Luego nos enteramos que tirotearon a una pareja de lesbianas. Una murió, creo que la otra sobrevivió. Han asesinado a varias compañeras transgéneros en el país. El último caso fue en Valencia. También asesinaron a un hombre gay en Carayaca.

En la primera página Mi Diario del Zulia propuso darle planazos a una pareja gay que se besaba en un estacionamiento. Por su parte, El Propio de Caracas titulaba en su portada “Tan machito que se veía” para referirse a un jugador de basquetbol profesional de EEUU que salió del closet.

¿Otra vez?
Al parecer no ha sido suficiente. ¿Cuántas transexuales deben ser asesinadas para cerrar filas de nuevo? Ni idea. La pelea sigue.

Los preparativos de la marcha de este año comenzaron con el anuncio de dos rutas. ¿Otra vez la misma historia del año pasado? ¿Dos marchas el mismo día? ¿En la misma ciudad? Decisión salomónica. Las organizaciones se reunieron y escogieron por mayoría la ruta de la marcha. Acá el video de la reunión.

 

¿En qué quedamos?
Pregunto. Deciden participar, establecen unas reglas, la gente vota y mi propuesta pierde. ¿Entonces yo ataco al otro? ¿decido patear la mesa? Disculpen pero eso me suena a Capriles Radonsky. Acepto los resultados si gano, pero ¿si pierdo, me arrecho y descalifico a los organizadores?

A los compañeros y compañeras que están en esa nota, les digo que están cometiendo un nuevo error. Las rutas no se imponen. Al menos, no ahora.

En la época de Heisler Vaamonde, sí se imponía todo: marcha, slogan, tarima, presentaciones, música, todo. Nadie más que Heisler tenía la última palabra. Él decidía incluso qué organizaciones estaban vetadas. Cada año vetó a una diferente. Heisler pudo imponerse porque era el que conseguía los cobres con el Alcalde Juan Barreto.

A las y los activistas sexodiversas/os de Caracas les ha costado casi una década lograr un espacio más horizontal y democrático en el comité organizador de la marcha. Gabriel Silva es uno de los responsables de esto. Creo que difícilmente ahora, después de haber sacado a Heisler, las organizaciones van a aceptar a un nuevo cacique.

A los panas que propusieron la ruta de las instituciones, una humilde recomendación. Deben aprender a vender mejor la idea. Deben aprender a convencer a los demás, ganarse el apoyo. Así hizo Chávez cuando salió de la cárcel. Recorrió todo el país y fue convenciendo a la gente. Al final la mayoría lo apoyó y llegó a la presidencia. Si lo hizo Chávez ¿por qué no lo van a hacer ustedes?

En un momento de cordura, los promotores de la ruta de las instituciones mantienen su marcha pero cambian de dirección. Saldrán de Plaza Caracas y llegarán a Zona Rental. Allí coincidirán con los que saldrán de Parque Miranda. Con un acuerdo entre grupos, esto pudiera realizarse sin saboteos ni zancadillas, pero por lo poco que he visto en las redes, ese no es el espíritu que reina entre los dos bloques.

Sectarismo
Todo esto vuelve a ocurrir entre grupos de izquierda. Si fuese entre chavistas y opositores, pudiera entenderlo por la polarización, pero ¿entre la misma gente?

Ahora resulta que hay un chavistómetro. Alguien se autoproclamó con el don para medir la calidad revolucionaria de cada uno. Ahora hay “marchas más politizadas y menos politizadas” (Léase “mi ruta y la de los demás”). ¿Condorito, dónde estás?

Yo no soy psicólogo, pero creo que en el fondo una persona sectaria lo que revela es un profundo temor. Temor al otro, al que piensa diferente, al que cree en otro dios, al que milita en otro grupo, o apoya a otro equipo deportivo. Temor a que el otro me cambie, a que el otro me convenza.

Eso puede pasar. Somos seres humanos. Si fuésemos inmunes al cambio, seríamos fósiles, piedras. No hay nada seguro en la vida, nada, pero si uno está medianamente seguro de lo que cree, no debería tener miedo al encuentro con el otro, con el que piensa diferente.

Mi amiga Tamara
Pongo un ejemplo. Yo soy de izquierda, chavista y bolivariano. Yo me puedo sentar en la misma mesa que mi amiga TamaraAdrian, a pesar de que ella es opositora. Yo puedo hablar con Tamara. Hay puntos donde coincidimos, hay otros donde no. Yo puedo trabajar con ella, de hecho lo hemos hecho, y han sido jornadas productivas. Siento un gran respeto y admiración por Tamara, pero eso no me hará cambiar lo que pienso de Chávez o de la Revolución.

Aquellas y aquellos que no son capaces de sentarse en la misma mesa con Tamara, deberían preguntarse ¿a qué le temen? ¿Acaso no están seguras o seguros de sus creencias político-partidistas?

¿Tú eres chavista porque te gustaba la verruga de Chávez o porque compartes los valores que él impulsó? Si es por la verruga, ahí sí te digo que no te sientes con nadie de la oposición, porque seguro te convence.

La CIA y los péndulos
Sectarios hay en todas partes. Mi experiencia con los sectarios es que terminan siendo unos potes de humo. A veces resultan ser péndulos. Pasan de la extrema izquierda a la extrema derecha con mucha facilidad y viceversa. Ahí está Alfredo Peña, Kiko Bautista, Ismael García, William Ojeda. Lo que no cambian los sectarios es la intensidad con que rechazan al contrincante.

Dicen que la CIA financia a Tamara Adrián. ¡Pendejos que son! Tamara nació en una familia acomodada. Vive en una zona de clase alta. Aunque nunca hemos hablado de esto, yo creo que ella da clases por pura pasión, no porque necesite el sueldo de profesora.

Cuando la CIA desclasificó los documentos del golpe de estado contra Salvador Allende en Chile, se descubrió que había infiltrado no sólo a la derecha sino a la extrema izquierda. Quizás más de uno que rechaza a Tamara, ya se reunió sin saberlo con un verdadero infiltrado de la CIA en las filas de la izquierda, como hicieron en Chile.

Pura paja
Y mientras entre las organizaciones y activistas hablamos toda esta paja, seguimos sin tratar lo verdaderamente importante. Garantizar el derecho a la vida de las compañeras trans. Una legislación contra la discriminación que proteja a la gente que ahorita, en este momento, está sufriendo acoso por su orientación sexual o identidad de género. Acoso en su trabajo, en su escuela, acoso en el hospital, en las plazas públicas, en los centros comerciales, en las playas. Una ley que reconozca el derecho a la identidad de las compañeras transgéneros. Una reforma al pensum educativo que visibilice la sexodiversidad como opción válida y le brinde orientación a millones de jóvenes y adolescentes venezolanos que tienen dudas y no saben a quién acudir. Luchar contra los centros médicos en el país que ofrecen curar la homosexualidad. Reducir el número de suicidios entre jóvenes sexodiversos. Una reforma que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo. Tener una política de tolerancia cero contra las expresiones homófobas en los medios de comunicación. Bajar los índices de infección de VIH entre los hombres y jóvenes gays y bisexuales. Dar atención a los adultos mayores sexodiversos que son separados de sus parejas cuando los mandan a ancianatos. Aceptar en las filas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a personas abiertamente gays, lesbianas, bisexuales y trans. Permitir a las personas privadas de libertad la visita conyugal de sus parejas del mismo sexo. Hay tantas cosas que falta hacer, tantas… y mientras tanto estamos perdiendo el tiempo en estas pendejadas.