jueves, 30 de mayo de 2013

Eva recién salida del horno de Emily Caro

Comparto este texto de nuestra querida compañera Emily Caro. Se trata de un relato cargado de erotismo y con un toque de humor. Mucha picardía. Talento de Maracaibo para el mundo.


Eva recién salida del horno

Acostada con la camisa a medio abrochar, y asomando los pezones, se reía de cuanta cosa escuchaba, no por exceso de felicidad, sino por novata en eso de la alegría. Todo lo cuestionaba, mientras le lamían los pies y le hurgaban la vagina, ella trataba de mantener la atención en su crítica anárquica recién salida del horno. Era un juego, no se sabía si trataba de mantener la compostura por retener aquella idea que estrenaba o intentaba alargar el momento del placer.

Su cuerpo seguía siendo objeto de quien lo exploraba y ella perdiendo el control de las palabras empezaba a jadear y hacer sonidos que disimulaban el placer o lo aletargaban, decía entre los dientes que esa forma de caricia contemporánea empezaba a distraerle, volvía en sí y hacía otra crítica al Estado, se le contraían los músculos y entonces recordaba a los campesinos, cada estímulo le hacía vociferar una idea como si de una nueva manera de aprender se tratara o de un despertar que tuviera puntos claves en el placer.

Una música de fondo hacía de melodía, esta vez la lengua había cambiado de lugar y ahora estaba rodando hasta el cuello, allí marcaba cada rincón como si de un documento de propiedad se tratara, la mano ahora se mudaba de sitio y fue a meterse justo en el centro de las nalgas, que se oponían a recibir aquellos dedos, pero que, por no tener nada que hacer, terminaban presionando los pulgares e índices.

La idea de una nueva reforma en las leyes la atormentaba, se escurría entre una duda por la nueva economía y la certeza de futuro progreso, ahora la boca se aprovechaba de sus senos y los mordía con poca misericordia, si la iglesia se enterara, decía con cierto agrado en el secreto que guardaba, pero quien la examinaba no precisaba palabra ni cuestionaba sus argumentos, parecía más bien castigarla o premiarla por cada cosa que decía con esfuerzo entre jadeos y respiración brusca.

Ahora la sábana que se arruga en su puño, es la muestra de que algo había perturbado la concentración, un clítoris apresado en la boca difícilmente pueda argumentar o cuestionar, las piernas cual puertas de ciudad se abrieron para facilitar el trabajo de quien entraba con la lengua y mordía con los labios aquella fruta del edén, y Eva cuál serpiente enrollaba sus manos en el largo cabello de quien mordía su vagina de manera tan suave que era una caricia aquel mordisco, y decía hazlo con anarquía y sin orden sigue María que Adán no está por todo esto y a mí no me gustan las manzanas.

Emily Caro, Caracas – Venezuela.
Mayo de 2013.