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jueves, 19 de diciembre de 2013

"Magia negra", ¿de qué lado de la isla viven los diabólicos?


Arrechísimo este artículo de la escritora y cantante dominicana Rita Indiana. Ella también es autora de Papi (Periférica, 2011) y Nombres y animales (Periférica, 2013). Ella analiza el racismo manifiesto en algunos sectores de la sociedad dominicana y en su máximo tribunal que le robó la nacionalidad a más de 300 mil dominicanxs sólo por tener padres o abuelos haitianos.

"Magia negra", ¿de qué lado de la isla viven los diabólicos?
Rita Indiana

Tras el terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010 el famoso tele-evangelista estadounidense Pat Robertson se apresuró a decir que la tragedia era causa directa del pacto con el Diablo a través del cual los fundadores de la nación caribeña habían obtenido la independencia de la Francia napoleónica, y que para probar su teoría solo había que comparar Haití con su vecino, República Dominicana: según Pat, un ejemplo de “prosperidad”, gracias a que la nuestra no es una república de satánicos.

Para ti, Pat, por supuesto que una república creada por esclavos africanos es obra del demonio, de los muertos en vida, de la magia negra. No pretendo aquí que te disculpes por tus “teorías”, sino que comprendas que ese pacto, no con el Diablo, sino con Oggún, deidad del trabajo, la fragua y la guerra, adorado en sus distintos avatares en ambos lados de la isla, no generó más maldición que la del bloqueo al que las potencias imperiales sometieron al pequeño país y la indemnización de 150 millones que exigió Francia en 1814 para reconocerles su independencia.

La maldición que ahora se cierne sobre los haitianos es producto de artilugios más potentes, siniestros y escurridizos que los que se hacen acompañar del tambor. Esta magia, como otros colegas han señalado, es la que se ampara en la ley para justificar un racismo despiadado. Ya la temían las víctimas del holocausto esclavista, quienes durante generaciones le vieron la cara a esa maldad que la avaricia habilita en los hombres. Entre las muchas tradiciones heredadas por la sincrética sociedad dominicana, esta magia sobrevive de manera especial. Tras casi un siglo de trabajos forzados y maltratos de todo tipo, queremos arrebatarle el derecho a la nacionalidad a los hijos que los haitianos tienen en la República Dominicana.

El pasado 23 de septiembre el Tribunal Constitucional dominicano ordenó a las autoridades del registro civil que realizaran un inventario de todas las personas nacidas en el país desde 1929 con el plan de desnacionalizar a todos aquellos nacidos de “extranjeros en tránsito”, categoría en la que caen los trabajadores haitianos legales e ilegales de la caña y de la construcción, y que en su mayoría llega, envejece y muere en la República Dominicana. La orden fue dictada mediante sentencia inapelable en el caso de la dominicana de ascendencia haitiana Juliana Deguis Pierre, de 29 años, quien junto a otras 48 personas había acudido a este tribunal porque desde 2007 la Junta Central Electoral, que administra el registro civil, le negaba duplicados de sus actas de nacimiento o sus cédulas de identidad asumiendo que eran hijos de inmigrantes ilegales. Limpieza étnica legal, pues, y en el caso de los que ya están muertos, como el líder del PRD (Partido Revolucionario Dominicano) Peña Gómez, un necrocidio, cosa que hasta en el territorio de la magia negra corre la milla extra.

Estos nigromantes harán desaparecer los derechos de unas personas que han hecho más por el país que los miles de fantasmas que cobran cheques sin acudir a sus puestos de empleo en la gran casa embrujada de la burocracia dominicana, sacrificarán al ídolo del racismo niños y jóvenes que no forman parte de la mayoría protagonista en la criminalidad local, pero sobre todo cerrarán el ciclo letal (como son cíclicas las maldiciones) en el que orbita el espíritu de la violencia y la muerte, portal de sangre abierto en octubre de 1937, cuando fueron asesinados en territorio dominicano más de 30.000 haitianos.

Queremos que construyan nuestras casas, iglesias y puentes, queremos que corten nuestra caña y que limpien nuestra mierda, pero sin formar parte de la sociedad civil, víctimas de una ilegalidad irreparable, para cuya superación nos abren cada vez más caminos los países del Primer Mundo, adonde los dominicanos acudimos de la misma forma, en cientos de miles. Pat, dime ahora, ¿de qué lado de la isla viven los diabólicos?

(Artículo tomado del periódico español "El País" y reproducido con autorización de la autora

martes, 17 de diciembre de 2013

El cuco de la invasión haitiana


 
Comparto este artículo de la intelectual dominicana Olaya Dotel sobre el fallo judicial que roba la nacionalidad de 300 mil dominicanxs sólo por tener padres o abuelos haitianos.

Olaya Dotel

Tras la perversa sentencia emitida recientemente por el Tribunal Constitucional, se ha agitado frente al imaginario de sectores de la sociedad dominicana el cuco de una invasión haitiana que pondría en peligro la soberanía del Estado.

Entre los argumentos que esgrimen ciertos sectores está el que los/as hijos/as de haitianos/as nacidos/as en República Dominicana se constituyen en un grupo étnico diferente que en algún momento tendrán un peso importante en las votaciones y por tanto contarán con el poder de inclinar la balanza del poder político a su favor; como también podrían declararse en rebelión provocando una guerra civil de carácter étnico.

Lo cierto es que la mayoría de los/as dominicanos/as tenemos alguna relación de consanguineidad con los haitianos, lo que puede rastrearse a través de nuestros apellidos, muchos de ellos dominicanizados, pero de un origen inequívoco como lo demostrara el historiador Frank Moya Pons, en dos trabajos –“Las raíces haitianas en Santo Domingo” y “Apellidos haitianos (y franceses) en Santo Domingo”, ambos publicados en la desaparecida revista Rumbo y de los que 7dias.com.do se hizo eco en artículo reciente—. Sin embargo ninguno de los que poseemos apellidos de origen haitiano nos sentimos menos dominicanos/as y mucho menos estamos fraguando una invasión, ya sea pacífica o violenta.

Solo hace falta una mirada hacia  atrás, que en muchos casos no tiene que recorrer grandes distancias para encontrar nuestro vínculo sanguíneo con haitianos/as, sin que esto disminuya nuestra identidad dominicana o nos impulse a confabular para instalar la dominación de Haití sobre la República Dominicana.

Nosotros/as, descendientes de haitianos/as, de segunda, tercera, cuarta y quinta generación estamos distribuidos/as en todos los estamentos de la vida nacional, incluyendo los cuerpos de seguridad, como son las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Estas dos últimas instituciones convertidas en el refugio de las poblaciones más pobres del país,  como resultado de sus precarios salarios y condiciones de trabajo que desincentivan a quienes tienen otras opciones que les garantizan carreras en las que podrán obtener una mayor calidad en sus vidas. No obstante, no se conoce de ninguna situación en la que militares o policías hayan intentado, expresado o se propongan apoyar una invasión de Haití a la República Dominicana.

Y es que la idea de la invasión haitiana es solo un cuco que ha servido de instrumento político,  como ocurriera en las últimas dos elecciones presidenciales en que participó José Francisco Peña Gómez. Elecciones en las que se satanizó su origen haitiano y se dijo que su presidencia pondría en peligro la soberanía dominicana.

El cuco de la invasión haitiana es eso, un cuco, que solo sirve para intimidar, atemorizar, pero no para construir una mejor sociedad con más oportunidades para todos/as los/as dominicanos/as, sino todo lo contrario.

lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Prohaitianos o prodominicanos?


 
Comparto este artículo del sociólogo cubano-dominicano Haroldo Dilla Alfonso sobre el fallo judicial que roba la nacionalidad de 300 mil dominicanxs sólo por tener padres o abuelos haitianos.

Haroldo Dilla Alfonso

Una de las más lamentables manipulaciones ideológicas que produce la gran prensa dominicana es llamar prohaitianos a las personas e instituciones que defienden los derechos de las personas de ese origen, sean estas realmente dominicanas (como son los casos de los afectados por la disposición del Tribunal Constitucional) o realmente haitianas, como son los casos de quienes ingresan a nuestro territorio para trabajar o estudiar.

Tengo ante mí, por ejemplo, un ejemplar de un periódico gratis de alta circulación en que denomina como “prohaitianas” a organizaciones como la Colectiva Mujer y Salud y la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos, dos organizaciones prestigiosas que se han preocupado por la “violación al Estado de derecho, a la Constitución y a los tratados internacionales” y contra la población “de ascendencia haitiana, especialmente a las mujeres, adolescentes y niñas”. Es decir, que por defender personas dominicanas y a la propia legalidad nacional, estas organizaciones son remitidas a la condición de prohaitianas, es decir defensoras de un orden externo a nuestro cuerpo nacional.

    Realmente si hay algo de antidominicano en todo esto ha sido la resolución discriminatoria del Tribunal y los vítores irresponsables de los fans de la oscuridad política.

Permítanme narrarles una breve anécdota. Luis Minier, alcalde de Comendador, no es solo uno de los mejores alcaldes que hay en el país, sino alguien para quien la relación binacional es cotidiana. Y al efecto en la provincia de Elías Piña se han formado varias alianzas de mutuo beneficio con las contrapartes haitianas. En una ocasión en que Minier exponía sobre los caminos rehabilitados en la parte haitiana con fondos negociados con la cooperación internacional, un funcionario le reprochó gastar energías en los vecinos. La respuesta de Minier fue tan empírica como contundente: si no hay caminos en la parte haitiana no habrá acceso de compradores y vendedores de esta nacionalidad en los mercados de Elías Piña, y sin eso, la provincia muere económicamente. No lo hacía simplemente por los haitianos: lo hacía por todos.

La aplastante lógica de Minier se puede aplicar a todo lo que se hace en relación con el tema. Afrontar la ilegalidad subyacente en las andanzas de la Junta Central Electoral, en las deportaciones masivas y sin garantías de la Dirección General de Migración, en el reciente fallo reñido con la ley y con la lógica del Tribunal Constitucional, no es prohaitianismo, sino prodominicanismo y patriotismo. Si por este último entendemos una sociedad mejor para todos y todas y no las liturgias histéricas a que nos acostumbran los auto-titulados guardianes de la fe nacional.

Todo lo concerniente con Haití nos interesa particularmente. De manera más prosaica porque vendemos cerca de dos mil millones de dólares en bienes y servicios y porque recibimos medio millón de trabajadores que dejan aquí su plusvalía. Es necesario optimizar esta relación y no creo necesario explicar los motivos.

Pero también porque si somos incapaces de respetar adecuadamente los derechos de los migrantes, y de paso expropiamos los derechos de quienes son dominicanos y dominicanas y los convertimos en extranjeros, estamos  generando un clima de irrespeto de derechos básicos y de deterioro del régimen democrático, en beneficio de las fuerzas oscurantistas que se mueven sigilosas en nuestro sistema político.

La dolorosa decisión del Tribunal Constitucional ha tenido un efecto colateral positivo. Creo que ha ayudado a muchas personas a entender que en este tema estamos tocando fondo, y que hacia ese fondo vamos todos juntos. Pues la libertad y los derechos no funcionan solo para un tipo de personas en contra de otro tipo. Tiene que funcionar para todos. Y por eso las organizaciones que han respaldado a los dominicanos de origen haitiano no son prohaitianas, sino tremendamente dominicanas.

Realmente si hay algo de antidominicano en todo esto ha sido la resolución discriminatoria del Tribunal y los vítores irresponsables de los fans de la oscuridad política. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Entérate del fallo judicial racista y xenófobo del máximo tribunal de República Dominicana


1

Este caso ha ocupado mi mente en los últimos meses. La Corte Constitucional de República Dominicana le borró de un plumazo la nacionalidad a más de 300 mil dominicanas y dominicanos. ¿Saben cuál fue su delito? Tener padres o abuelos de descendencia hatiana sin documentos de identidad.

Ya el fallo es gravísimo, pero la Corte fue mucho más allá y quiere aplicar la medida con carácter retroactivo, escucha esto, DESDE 1929 EN ADELANTE.

Son unos hijos de la gran puta los que tomaron esa decisión, y unos racistas, xenófobos los que se atreven a defenderla. Han manchado el nombre de República Dominicana en el resto de América Latina y el mundo.

2
Durante varias semanas, en latinoamérica sólo se escucharon voces de condena a la sentencia, pero luego del silencio inicial, los sectores de la extrema derecha dominicana han salido a defender lo indefendible. No dudo en calificarlos de filofascistas.

3
¿Y cómo suelen actuar los seguidores de la extrema derecha? Con violencia y amenazas. En Santo Domingo hicieron una marcha donde llamaban traidores de la patria y pedían la muerte a los que condenaban la sentencia racista y xenófoba.

Después sacaron un folleto con los nombres y fotos de los voceros de organizaciones de DDHH que rechazan la sentencia. Lo mismo hacían en la Alemania nazi.

Estos fascistas han lanzado varios ataques contra los haitianos que viven en suelo dominicano. Van en hordas, les destrozan las casas, les queman sus enseres. Igualito a Hitler con los judíos en la Alemania nazi. Hasta la fecha no se ha conocido de muertos, pero es sólo cuestión de tiempo.

4
¿Lo último que hicieron? Reunieron libros del Premio Nobel Mario Vargas Llosa y los quemaron públicamente en la capital. ¿Saben por qué? Porque Vargas Llosa criticó el fallo judicial xenófobo.

Imagínalo. Si el facho de Vargas Llosa sale a condenarte es porque realmente te pasaste de la raya. De nada le valió al Premio Nobel ser un vocero de la derecha neoliberal internacional, igual quemaron sus libros, públicamente, como hacían los nazis.

5
¿Quiénes promueven esta campaña de odio contra los descendientes de haitianos en República Dominicana? Sectores filofascistas del actual partido de gobierno de Danilo Medina, unos pocos empresarios y lo más importante, la alta jerarquía de la iglesia católica dominicana.

El Papa Francisco debería conocer el caso del arzobispo de Santo Domingo y su contribución a esta campaña racista y xenófoba contra los descendientes de haitianos.

Sobre la joyilla del arzobispo escribí esto.

6
¿De dónde viene este sentimiento antihaitiano?
Ese es uno de los legados de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana. Él era un mulato con el pelo ensortijado, pero se mandaba alisar el pelo y se aclaraba el color de la piel. Sentía vergüenza de su herencia negra. Endoracismo del puro.

Durante los 31 años de dictadura, más los 12 años siguientes de Balaguer, su sucesor, ellos promovieron que la identidad dominicana se basaba en NO SER HAITIANO. Para ellos, ser dominicano iba acompañado de un sentimiento antihaitiano.

7
Esta idea cuajó en los sectores poderosos de la clase política, empresarial y la alta jerarquía católica, pero en el resto de la sociedad, incluso en los creyentes católicos de base, lo que existe es un sentimiento de solidaridad y hermandad con el pueblo haitiano.

Viven en la misma isla, comparten el mismo espacio, tienen familiares en común. Trujillo intentó separar a dos pueblos que en el fondo son el mismo.

8
Los que hoy defienden el fallo racista son los que siguen beneficiándose del estado y los negocios que dejó el tirano Rafael Leonidas Trujillo. Toda mi condena para ellos y ellas.

Vergüenza debería darles. Un pueblo mestizo del Caribe queriendo diferenciarse de sus hermanos porque "ellos son más oscuros que nosotrxs". Vergüenza. Vergüenza. Vergüenza.