lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Prohaitianos o prodominicanos?


 
Comparto este artículo del sociólogo cubano-dominicano Haroldo Dilla Alfonso sobre el fallo judicial que roba la nacionalidad de 300 mil dominicanxs sólo por tener padres o abuelos haitianos.

Haroldo Dilla Alfonso

Una de las más lamentables manipulaciones ideológicas que produce la gran prensa dominicana es llamar prohaitianos a las personas e instituciones que defienden los derechos de las personas de ese origen, sean estas realmente dominicanas (como son los casos de los afectados por la disposición del Tribunal Constitucional) o realmente haitianas, como son los casos de quienes ingresan a nuestro territorio para trabajar o estudiar.

Tengo ante mí, por ejemplo, un ejemplar de un periódico gratis de alta circulación en que denomina como “prohaitianas” a organizaciones como la Colectiva Mujer y Salud y la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos, dos organizaciones prestigiosas que se han preocupado por la “violación al Estado de derecho, a la Constitución y a los tratados internacionales” y contra la población “de ascendencia haitiana, especialmente a las mujeres, adolescentes y niñas”. Es decir, que por defender personas dominicanas y a la propia legalidad nacional, estas organizaciones son remitidas a la condición de prohaitianas, es decir defensoras de un orden externo a nuestro cuerpo nacional.

    Realmente si hay algo de antidominicano en todo esto ha sido la resolución discriminatoria del Tribunal y los vítores irresponsables de los fans de la oscuridad política.

Permítanme narrarles una breve anécdota. Luis Minier, alcalde de Comendador, no es solo uno de los mejores alcaldes que hay en el país, sino alguien para quien la relación binacional es cotidiana. Y al efecto en la provincia de Elías Piña se han formado varias alianzas de mutuo beneficio con las contrapartes haitianas. En una ocasión en que Minier exponía sobre los caminos rehabilitados en la parte haitiana con fondos negociados con la cooperación internacional, un funcionario le reprochó gastar energías en los vecinos. La respuesta de Minier fue tan empírica como contundente: si no hay caminos en la parte haitiana no habrá acceso de compradores y vendedores de esta nacionalidad en los mercados de Elías Piña, y sin eso, la provincia muere económicamente. No lo hacía simplemente por los haitianos: lo hacía por todos.

La aplastante lógica de Minier se puede aplicar a todo lo que se hace en relación con el tema. Afrontar la ilegalidad subyacente en las andanzas de la Junta Central Electoral, en las deportaciones masivas y sin garantías de la Dirección General de Migración, en el reciente fallo reñido con la ley y con la lógica del Tribunal Constitucional, no es prohaitianismo, sino prodominicanismo y patriotismo. Si por este último entendemos una sociedad mejor para todos y todas y no las liturgias histéricas a que nos acostumbran los auto-titulados guardianes de la fe nacional.

Todo lo concerniente con Haití nos interesa particularmente. De manera más prosaica porque vendemos cerca de dos mil millones de dólares en bienes y servicios y porque recibimos medio millón de trabajadores que dejan aquí su plusvalía. Es necesario optimizar esta relación y no creo necesario explicar los motivos.

Pero también porque si somos incapaces de respetar adecuadamente los derechos de los migrantes, y de paso expropiamos los derechos de quienes son dominicanos y dominicanas y los convertimos en extranjeros, estamos  generando un clima de irrespeto de derechos básicos y de deterioro del régimen democrático, en beneficio de las fuerzas oscurantistas que se mueven sigilosas en nuestro sistema político.

La dolorosa decisión del Tribunal Constitucional ha tenido un efecto colateral positivo. Creo que ha ayudado a muchas personas a entender que en este tema estamos tocando fondo, y que hacia ese fondo vamos todos juntos. Pues la libertad y los derechos no funcionan solo para un tipo de personas en contra de otro tipo. Tiene que funcionar para todos. Y por eso las organizaciones que han respaldado a los dominicanos de origen haitiano no son prohaitianas, sino tremendamente dominicanas.

Realmente si hay algo de antidominicano en todo esto ha sido la resolución discriminatoria del Tribunal y los vítores irresponsables de los fans de la oscuridad política.