martes, 21 de junio de 2016

En defensa del aborto en Venezuela de Giovanna Mérola (V parte)


Sigo publicando el libro "En defensa del aborto en Venezuela" de Giovanna Mérola. Acá está la tercera parte del primer capítulo.

Si quieres saber porqué transcribí este texto, lee estas dos notas
Las pobres no tienen acceso al aborto seguro
Por qué transcribí el libro En defensa del aborto en Venezuela

Si quieres leer los capítulos previos, acá los enlaces
En defensa del aborto en Venezuela de Giovanna Mérola
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4


Capítulo 1 - El aborto en el mundo

II. EL PROBLEMA DEL FETO

Existen varias aserciones sobre el término feto. Hay quienes consideran al feto como una vida humana actualizada, desde que el óvulo es fecundado, con todos los valores que implica dicha concepción; otros lo consideran como “pars viscerum matris”, es decir, como un apéndice del cuerpo de la madre, y por tanto, su eliminación no precisa de ninguna justificación. Ahora bien, entre estas dos posiciones extremas, existen diversas variantes, lo que nos da idea de la necesidad que hay de esclarecer el término vida humana, aunque el definir el feto como vida humana o no a secas, tampoco nos soluciona el problema, y esto porque las definiciones sin criterios de valor, no nos satisfacen ni nos ayudan a aclarar situaciones.

Por estas razones, en el presente trabajo definimos el feto como un ser humano en potencia, y su eliminación no puede constituir la destrucción de un ser humano actualizado (1). De esta manera, no podemos aceptar al feto como una parte más del cuerpo de la mujer, ya que en sí constituye una potencialidad humana, de por sí también representa otro nivel de evolución de la misma vida humana.

Para Jacques Monod (2), Premio Nóbel de Fisiología y Medicina (1965), considerar al feto como una persona humana es un error tanto antropológico como biológico, aún más, para él esto es tema de la metafísica pura, el aborto jamás puede considerarse como un infanticidio, debido a que la persona humana está ligada a las actividades del sistema nervioso central que no se desarrolla sino después del tercer mes de embarazo. El mismo autor expresa que es sumamente difícil conocer cuándo se comienza una persona humana, tomando en cuenta que la vida no se inicia en ningún momento sino que continúa desde hace tres millones de años. De igual manera, en el desarrollo de un feto no hay ningún momento especial donde éste adquiera categoría de dignidad humana. En otras palabras, la persona humana no aparece en un momento preciso, lo que sí puede afirmarse es que la personalidad humana no surge sino en el momento en que se forma el sistema nervioso central: la conciencia.

Por otra parte, el valor humano del feto le es conferido por las personas que establezcan una relación con él, en especial por la madre, es decir, que lo humano no es un valor intrínseco del feto (3). La vida fetal depende en definitiva del cuerpo de la madre y es ella la que elige el valor que le desea dar al embrión. Desde el momento en que el feto nace, es decir, es alumbrado, ya su vida dependerá del valor que le confieren otras personas. En definitiva, a la par de la noción de conciencia (que el hombre tiene de sí mismo), se debe tomar en cuenta a noción de reconocimiento por sus semejantes, es decir, que el hombre es hombre en cuanto a las relaciones que establece con sus semejantes, y el feto o embrión no es un ser humano mientras no esté presente de esta manera en la vida de sus progenitores, mientras no sea reconocido como tal.
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Notas al pie
(1) Hierro, Graciela: “La moral y el aborto”. Revista FEM, vol. 1, n° 2, enero – mayo 1977, México.
(2) Citado por Leret, María Gabriela en Aborto: prejuicios y ley. México. B. Costa-Amic Editor, 1977. p 279.
(3)  Wertheiner, Robert: “Understanding The Abortion Argument”, citado por Graciela Hierro en La moral y el aborto. Revista FEM, vol. 1, n° 2, enero – mayo 1977. México.