viernes, 7 de junio de 2013

En defensa de Osmel


En estos días han quemado vivo a Osmel Sousa en la hoguera de las redes sociales. Lo hacen por sus declaraciones contra el matrimonio gay y la adopción de niños. He leído un vainero en contra de Osmel.

En esta oportunidad seré abogado del diablo. Yo creo firmemente que él tiene derecho a expresar su opinión. Acá digo porqué.

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Osmel es gay. Nunca lo ha ocultado. No ha salido a hablar de supuestas novias, ni ha montado un parapeto de matrimonio. Su historia fue dura. No es la primera vez que lo cuenta. Hace años, leí una entrevista en la revista Feriado y ahí Osmel contaba lo mismo sobre su infancia.

Su familia lo rechazó porque era muy amanerado. A los 9 años lo mandaron de Cuba a Venezuela porque se avergonzaban de él. ¡Imagínate lo que eso debe ser para un niño!. Luego de muchos años, Osmel regresó de visita a su pueblito natal. Me imagino que habrá sido un viaje doloroso.

El cuento es que si esto lo hubiera dicho un hetero homofóbico o un maricón de closet famoso, ahí sí hubiera armado el peo. Si lo hubiera dicho Elvis Crespo, me lo como vivo. Pero ¿Osmel? Por muchos años Osmel ha sido uno de los pocos referentes homosexuales en Venezuela.

En los ochenta y los noventa, cuando Ellen De Generes no había salido del closet, ni teníamos este boom de visibilidad que nos llega del norte, Osmel era uno de los pocos homosexuales destacados en Venezuela. Podíamos decir: “Ah mira, él es maricón y es bueno en lo que hace por la chorrera de coronas que ha ganado”.

Mis compas feministas quizás me quemen vivo por esto, pero el tipo se ha destacado en su área. No es de gratis que lo llamen el zar de la belleza, más allá de si estamos de acuerdo o no con su concepto de belleza.

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La segunda razón es que Osmel tiene derecho a pensar y decir lo que le nazca del forro del culo. ¡Que peo con la gente que quiere que seamos políticamente correctos las 24 horas del día los 7 días de la semana!

En su generación, ser homosexual era algo condenado. Los homosexuales no se casaban y mucho menos criaban niños. Él creció con esos prejuicios. Muchos de nosotros también. Es lógico que él no esté de acuerdo en que dos hombres adopten a un niño.

¿Saben qué fue lo primero que me dijo mi mamá después que le conté que yo era homosexual? Ella temía que yo iba a tener una vida triste y solitaria. Es lógico que ella y mucha gente pensara eso porque en esa época no había parejas públicas de gays o lesbianas con relaciones largas y duraderas.

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¿Tienen o no tienen derecho los hermanos a casarse entre sí? ¿Deben o no deben legalizarse las relaciones de tres personas? ¿Cómo el estado puede garantizar la seguridad social de las relaciones poliamorosas? ¿A quién debe registrar en el seguro privado una mujer que practique swingers? ¿A partir de qué edad un niño o adolescente puede tener relaciones sexuales con una mujer adulta?

En este momento cualquiera podría horrorizarse de estas preguntas porque fuimos criados en una cultura donde los trios, el poliamor, los swinger, la sexualidad infantil y el incesto son temas tabú. Quizás dentro de unos años, sea lo más normal del mundo y los chamos del futuro se reirán de nuestras opiniones.

Lo mismo ocurre con Osmel. ¿Lo vamos a quemar vivo porque piense diferente?

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Termino con esto. Yo soy gay pero me da igual el matrimonio igualitario. A mí no me interesa casarme. Yo creo en la vida en pareja, creo en el amor, creo que uno puede compartir toda la vida con una persona, pero si me tocara escoger, yo no firmaría el acta de matrimonio. Elegiría vivir en concubinato.

Mis viejos llevan más de 3 décadas viviendo juntos y nunca se casaron formalmente. Viven juntos, en concubinato, arrejunta’os pues. Una vez se pelearon, decidieron separarse y a los 6 meses ya estaban juntos otra vez. Su relación ha sido una escuela de vida.

La mayoría de mis amigos heterosexuales que se casaron, terminaron divorciándose. Son poquísimos los que siguen casados. Y los que siguen juntos, no son felices.

Yo estaría más que satisfecho si logramos en Venezuela lo que consiguieron en Uruguay hace varios años: una ley de concubinatos que incluía a las parejas straight, gays y lesbianas, y que además garantizaba todos los derechos, incluida la adopción.

Yo no me quiero casar. Osmel no está de acuerdo en que dos hombres adopten. Déjenlo en paz. Tenemos derecho a pensar diferente.