domingo, 4 de diciembre de 2016

Mis cinco salidas


Mediados del 2009

1
“Hola ¿Quieres pasar la noche conmigo?”
“Ok. Voy para allá”.

Él y yo habíamos salido hace tiempo y no funcionó. A pesar de eso, la química en la cama era genial, y hace unos meses decidimos retomar el sexo.



Para mí esta invitación a pasar la noche era lo más lejano a una salida. Compartí un rato con sus amigos, luego bebimos, hablamos y dormimos juntos.


2
Al día siguiente cuadramos para ver películas en su casa por la tarde. No pude llegar a tiempo, para variar, pero estuvo rica la noche. Hablamos, nos hicimos arrumacos y caímos rendidos.

En la mañana le di un aventón a su trabajo y cuando me despedí, él me dijo “Van dos de cinco”. ¿Dos de cinco? No entendí. ¡Dos de cinco! Jajajajaja No te arreches, Andrés, pero pensé ¡Qué igualado! ¿Más o menos cuándo acordamos que íbamos a salir? La negra fue la encargada de explicarme: “Amigo, te marditeó”.



3
Al mediodía, me invitó a salir después del trabajo. El día estaba bonito, pero yo trabajaba hasta tarde. Insistió, así que cuadramos para ver en su casa las pelis que no vimos el día anterior.

Confieso que yo me estaba irritando. El acuerdo inicial era sólo tirar. No entendía porqué tanta amabilidad, tanta atención. Un polvo es sólo un polvo. Sentí que él estaba buscando otra cosa.

Vimos una peli gay francesa muy linda, “Es solo una cuestión de amor”. Uno de los personajes, Cedric, era como el novio que todos queremos. Hermoso, dulce, franco. De regreso a mi casa ese día, él me escribe “Duerme bien, mi Cedric” y hasta ahí llegó mi paciencia. Fue una pendejada, pero me molesté.

Le escribí: “Yo no soy tu Cedric. Deseo de todo corazón que lo encuentres, pero yo no soy. Esto es sólo un polvo. Y si me vuelves a decir que soy tu Cedric me voy a molestar contigo, de verdad”. Él entendió y no lo volvió a hacer.



4
Unas semanas después, yo tenía dos días libres en el trabajo y estaba pálido-amarillo-apio así que cuadré con tres panas y él para ir a la playa. Ida por vuelta. Una no pudo, el otro trabajaba y la última se trasnochó la noche anterior y me dejó embarcadísimo. ¿El resultado? Sólo seríamos él y yo… en la playa.

Cambiamos de rumbo. Escogimos otra costa y en la vía le propuse que nos quedáramos en una posada. Aceptó.

Llegamos al hotel, besos, sexo, playa, arena, conversa, olas, abrazos, iguanas, sal, más conversa, perros calientes, sexo, miradas, compañía, cd de reguetón, ducha juntos, sexo, más conversa, sexo, piscina, más compañía, cena, más conversa, besos, afecto.

No sé en qué momento, ni si fue progresivo o repentino, pero al final de ese día en la playa vi a una persona de carne y hueso, vulnerable, con sueños, tristezas, alegrías y heridas. Una persona que buscaba lo que yo buscaba: amor, afecto, un compañero de viaje, soñar a dos voces, construir entre dos.


5
La última salida estuvo rica. Terminamos hablando en su cama. Le conté vainas que no le he dicho a nadie en mi puta vida. Me abrí con él como él se abrió conmigo. Me permití ser yo, el de verdad, el que se asusta, llora, ríe, sueña y se ilusiona. Me sentí desnudo, tenía años que no me sentía así frente a otra persona. Hablamos, él me contó de su vida y yo de la mía. Cuando vimos el reloj eran las 5 de la mañana. Cinco de la mañana. Pasamos toda la noche hablando en su cama y no nos dimos cuenta.





*****


No sé cómo termina esta historia. Puede acabar hoy o durar un tiempo. Puede seguir siendo casual o enseriarse. No sé y hoy no me interesa.

Solo sé que salí con alguien y en el proceso dejé de ver sólo a un tipo buena cama y comencé a ver a una persona de verdad, de carne y hueso. Además me di permiso para desnudarme metafóricamente frente a otra persona. Sólo por eso, por confiar en mí y yo en él, valió la pena.

¿Quién se anima a contar sus cinco salidas?