viernes, 29 de noviembre de 2013

El SIDA en mi vida

Cuando tenía 16 años, vi un documental sobre los primeros años del Sida en el mundo. Creo que fue por HBO, no recuerdo muy bien. Allí se echaba el cuento de cómo se reportaron los primeros casos, los intentos iniciales de la comunidad científica de conseguir el agente que causaba la enfermedad.

Además el documental retrataba las movilizaciones de los grupos de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros para lograr que se encontrara una cura para la enfermedad o al menos un tratamiento.

En el documental reseñaban la posición de los bancos de sangre y las farmacéuticas que, a pesar de que sabían que el virus se podía transmitir por la sangre, no hicieron nada porque consideraban un gasto enorme tener que hacer pruebas de VIH a todas las donaciones. Eso ocasionó que muchos pacientes hemofílicos resultaran infectados, niños, ancianos, jóvenes.

Fue toda una calamidad, pero una calamidad evitable. Y no se hizo nada porque no había voluntad política, por intereses económicos.

Mientras esto pasaba, seguía aumentando la cantidad de infectados y los encargados de la toma de decisiones, los políticos, los dueños de empresas, farmacéuticas, no hicieron nada.

Sentí tanta impotencia, tanta. No se imaginan cuánto, pero no lloré. Cuando estaba terminando el documental comenzó a sonar una pieza de Queen, y empezaron a pasar imágenes de la gente afectada, las movilizaciones, las protestas, las colchas, las vigilias, y en eso ponen la imagen de un joven que está en una vigilia, con una vela frente a él, era de noche, y el muchacho veía la vela de una forma, como preguntándole, por qué, por qué yo, por qué a mí, por qué a mi pareja, por qué a nosotros, por qué nos pasó esto. Era una mirada cargada de preguntas, de rabia, de duda, de frustración, de impotencia, y en ese momento no pude evitarlo y empecé a llorar.

Lloré, lloré, lloré. Fue como si hubiesen abierto una represa, y el llanto salió, y no lo pude contener. Lloré mucho, lloré por las víctimas, por todos los que habían resultados infectados, por todos los que murieron, muchos de ellos eran homosexuales, bisexuales, muchos de ellos murieron solos, sin el apoyo de su familia, ni amigos, por el rechazo que generó la enfermedad.

No se sabía muy bien cómo se transmitía la enfermedad y las víctimas del virus tenían que lidiar con la enfermedad y el rechazo social.

Ese día lloré y después de llorar tenía la determinación que iba a ser un trabajo voluntario con los pacientes seropositivos. Estaba determinado a hacer visitas hospitalarias, en esa época no sabía que se llamaba así, visitas hospitalarias.

El primero de diciembre de 1996 llamé a varias organizaciones que trabajaban en VIH/Sida, les dije que quería hacer trabajo voluntario, no recibí respuestas positivas. Algunas me decían que en ese momento no necesitan, o que no sabían cómo incorporar a voluntarios a sus redes de trabajo. También visité otras ONG y les conté que quería ayudar, que quería hacer visitas hospitalarias. En algunos sitios le tenían pavor a las visitas, porque era un trabajo voluntario que golpeaba emocionalmente, y no todas ni todos tenían la fortaleza para hacerlo.

Yo quería hacerlo, pero no conseguí un espacio para canalizar mis ganas de ayudar.

Luego de unos meses de búsqueda y de tocar puertas, me di por vencido. No encontré una ONG donde pudiera prestar mi trabajo voluntario.

Con los años, y por la vía más inverosímil, una ONG que trabajaba en VIH/Sida me contactó. Un compañero de trabajo de mi madre era voluntario en una ONG que necesitaba un diseñador, y él sabía que yo diseñaba, como hobbie, así que este muchacho le preguntó a mi mamá si yo no quería hacer un trabajo voluntario con ellos.

Mi mamá me dijo y me puse en contacto con ellos. Eso fue en el 2000. Por varios años los ayudé en el área de prensa y con el diseño de sus publicaciones.

Todavía no he podido hacer visitas hospitalarias. Ellos no las hacen. Todavía quiero hacerlas. Ojala algún día pueda hacerlas.

Lo curioso es que en mi caso, yo me vi primero como un activista en el área del VIH/Sida que como un activista gay. Incluso en ese momento de mi vida, a los 16 años, todavía no había aceptado mi homosexualidad, pero sabía que esta enfermedad había golpeado principalmente a la comunidad gay mundial.

Quizás, inconscientemente, esa fue la forma que encontré para acercarme a un mundo donde había más posibilidades de encontrar a otros homosexuales.

Así me hice activista contra el VIH/Sida. 

PD: Con los años descubrí que la peli que vi se llama "Y la banda siguió tocando"