Sería nuevo
que no olvidaran los humanos del XXI
que después de los tres días angustiosos de septiembre
que sufrió Manhattan,
ha vivido Bagdad víctima del miedo
tres mil trescientos treinta y tres días
con sus horas, sus minutos y segundos,
con medio millón de ataúdes
esperando su turno justiciero, y con la muerte
genocida sembrada para siempre
en las entrañas de la vida, la cual
se les quedó sin acabar irremediablemente.
¿A quién le tocará,
¡a quién
le tocará
regar mil y una vez
las cenizas de todos esos sueños!?
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