jueves, 8 de diciembre de 2016

Poema de amor en la Ciudad de México de Homero Aridjis


En este valle rodeado de montañas había un lago,
y en medio del lago una ciudad,
donde un águila desgarraba una serpiente
sobre una planta espinosa de la tierra.

Una mañana llegaron hombres barbados a caballo
y arrasaron los templos de los dioses,
los palacios, los muros, los panteones,
y cegaron las acequias y las fuentes.

Sobre sus ruinas, con sus mismas piedras
los vencidos construyeron las casas de los vencedores,
erigieron las iglesias de su Dios, y las calles
por las que corrieron los días hacia su olvido.

Siglos después, las multitudes la conquistaron de nuevo,
subieron a los cerros, bajaron a las barrancas,
entubaron los ríos, talaron árboles,
y la ciudad comenzó a morir de sed.

Una tarde, por una avenida multitudinaria, una mujer
                                                                         vino hacia a mí,
y toda la noche y todo el día
anduvimos las calles sin nombre, los barrios desfigurados
de México-Tenochtitlán-Distrito Federal.

Entre paquetes humanos y embotellamientos de coches,
por plazas, mercados y hoteles,
conocimos nuestros cuerpos,
hicimos de los dos un cuerpo.

Cuando ella se fue, la ciudad se quedó sola,
con sus muchedumbres,
su lago desecado, su cielo de nebluno
y sus montañas invisibles.

********

Hermoso este poema del mexicano Homero Aridjis. La primera vez que leí algo de él fue en la clase del periodismo cultural con Rubén Witzosky.

Homero Aridjis nació en Michoacán, México, en 1940. Estudió periodismo y se formó en el taller literario de Juan José Arreola. Lo que me encanta de su poesía es la sencillez.

Fue embajador en Suiza y agregado cultural en los Países Bajos. Además ha dado clases de literatura en varias universidades de Estados Unidos y colaborado en numerosas publicaciones.

Es uno de los escritores más prolíficos de México.

Acá algunos de sus libros: Antes del reino (1963), Mirándola dormir (1964, Premio Xavier Villaurrutia), Perséfone (1967), Los espacios azules (1969), Quemar las naves (1975), Imágenes para el fin del milenio (1990), Tiempo de ángeles (1997), El ojo de la ballena (2001) y la antología Ojos de otro mirar (2002). Ha escrito también obras de teatro, como Moctezuma II (1982) y El gran teatro del fin del mundo (1989). 

En el año 2000 publicó sus memorias bajo el título "La montaña de las mariposas".