domingo, 20 de diciembre de 2015

La declaración


Esto lo escribí cuando trabajaba en la televisora. Había un rasta que me quitaba la respiración. Nunca le di esta carta.

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Querido mulato:

Yo ronco. Mucho. Al menos eso me han dicho algunos. Duermo profundo. Invado el otro lado de la cama y a veces me muevo durante la noche. Cuando tengo semanas movidas en el trabajo, puedo hablar o gritar dormido.

Soy pésimo para levantarme temprano. Para mí, las 8 de la mañana es madrugar. No atiendo a esa hora. Mi celular estará apagado.

Soy impuntual. Jodidamente impuntual. Hago honor a mi legado caribeño. Si tengo que llegar a un sitio a las 5, salgo de mi casa a las 4:50. Mis amigos saben que nadie llegará a la hora, sino treinta minutos o incluso una hora después.

No voy a entierros, bodas ni quince años. No uso corbatas, ni zapatos de salir. Sólo tengo zapatos deportivos. Y muchas sandalias. Mis panas las llaman cholitas, pero no son cholas, son sandalias artesanales, y me gusta usarlas.

No regalo. Mis amigas y amigos lo saben. No regalo en diciembre, ni en cumpleaños, bautizos, babyshower, navidad, reyes, día de los enamorados, ni en ninguna fecha socialmente establecida. Cuando hay que ir a un sitio donde se supone que hay que llevar un presente, yo voy y no llevo nada. No me siento incómodo por eso.

Regalo cuando encuentro algo que siento que pudiera gustarle a esa persona, más allá de si está cercana alguna fecha. Por lo general son libros.

Soy controlador, invasivo, impuntual, imprudente y a veces grosero.

Si a pesar de este dechado de virtudes, insistes en salir conmigo, me harás el hombre más feliz de la redacción.  ; )