sábado, 26 de diciembre de 2015

Invasión pollito


Mi papá nos dio la noticia por teléfono. A la gallina roja le habían nacido 14 de los 15 huevos que estaba empollando. Mi viejo no creyó que nacerían tantos porque la gallina era primeriza y no giraba mientras estaba echada en el nido. Al parecer, una gallina experimentada sabe que debe cambiar de posición cada media hora para que se distribuya mejor el calor entre los huevitos.

Cuando llegamos, era un coro de pollitos frente al rancho. La blanca tuvo seis, más los catorce de la roja, llegaban a 20. Cada una arreaba su parranda de muchachos. Chiquiticos.

Para que el frío no los mate, a cada rato, cada mamá gallina se esponja y se echa en el piso. Los coñitos se le meten debajo, entre las plumas y las alas, para agarrar el calor de la madre. Una belleza. La gallina roja parece una gandola con los catorce retoños.

La blanca, mucho más experimentada, los acuesta temprano. A las 5 de la tarde ya los está llamando a dormir. La roja los deja realengos hasta que oscurece.



A las 4 y media de la madrugada, la blanca ya los tiene despiertos. Se ponen frente a la puerta del rancho a esperar que mi papá se despierte para que les eche arroz. Si el gocho decide dormir un poco más esa mañana, la gallina arrea a los muchachos a la ventana del gocho y lo llama.

Varios de los pollitos de la roja tienen plumas oscuras alrededor de los ojos. Les da un efecto Smokey eyes, como si estuvieran maquillados. A uno de ellos le puse Adam Lambert porque es igualito y sus hermanos son “The Glam Chicken Pussy”... la pandilla de los pollitos góticos.

Ojalá todos sobrevivan y les salgan sus plumas. Las primeras semanas son vitales.