domingo, 6 de abril de 2014

Mestizo


El gocho y la negra son mis padres. Mi papá es de San Cristóbal, mi mamá es de la Guaira, y aunque ella no es negra, a mí me gusta hablar de ellos en esos términos por todo el cuento del mestizaje.

De esa mezcla salió un moreno alto de ojos claros. Yo quisiera ser más moreno, pero ni modo. Esto es lo que hay.

La imagen del mestizaje me gusta por varias razones, pero grosso modo me agrada porque en otros países hay tantas tensiones entre razas, entre matrimonios interraciales, y los hijos “mulatos” o “mestizos” son discriminados por los dos grupos, por los negros y los blancos.


En cambio en Venezuela, eso no es un problema. Uno ve en las calles, en el metro, el negro con la blanca, y su bebé. La chama morena con el pavito catire, tomados de la mano, sabiéndose novios, sexys, y bellos, pero jamás irreverentes por salir con una persona de un color de piel diferente.

Las calles son un abanico de tonalidades, y más allá de ese racismo importado del norte, las diferencias raciales acá se viven de forma distinta a EEUU y Europa.

Por eso me gusta hablar de mis padres como el gocho y la negra, porque me hace parte a mí, como mulato, mestizo, de una tierra que decidió de manera consciente o no, ligarse, mezclarse. ¿Qué soy yo? ¿blanco, negro, asiático, indio? No sé. Creo que somos, como le dijo una cubana al presidente, “la mezcla perfecta”.