martes, 22 de julio de 2014

La deuda sandinista con las trabajadoras sexuales


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A principios de siglo XX EEUU invadió varias veces a Nicaragua. Un mal chiste de la época decía que la costa nicaragüense era el puerto preferido de los marines.

En esa época los gringos querían construir un canal interoceánico en Centroamérica. Había dos opciones: una por Panamá, otra por Nicaragua.

La Casa Blanca de esos años ponía y colocaba gobiernos títeres en Managua. Poco importaba si eran del partido conservador o del liberal.



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En 1925 gana las elecciones una fórmula presidencial de coalición en Nicaragua. El conservador Carlos Solórzano y el liberal Juan Bautista Sacasa conquistan la presidencia y vicepresidencia del país.

Los marines se retiran y nueve meses más tarde, un grupo de conservadores derroca al gobierno de coalición. Se levanta una resistencia constitucionalista a la que se incorpora Augusto César Sandino.

En 1926 los golpistas conservadores piden una nueva invasión de EEUU para intentar controlar a los constitucionalistas. Los gringos regresan pero no tienen éxito.

Ante el avance del ejército de Sandino, los estadounidenses negocian con los generales constitucionalistas Sacasa y Moncada. Ellos traicionan a sus tropas y acuerdan poner fin a la guerra. Lo hacen en la ciudad de Tipitapa en 1927.


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Sandino rechaza este acuerdo y mantiene la guerra con una sola petición: lograr el retiro inmediato de las tropas norteamericanas de suelo nicaragüense. En ese momento, Sandino cuenta con un ejército de 30 hombres.

Uno de los compromisos de Sacasa y Moncada con los gringos era destruir todo el armamento del ejército constitucionalista ubicado en Puerto Cabezas. Estamos hablando de más de 700 toneladas en armas que debían ser lanzadas al mar.

Comparto estos dos párrafos del libro “Augusto Sandino: un jinete contra el imperio” de Cristina Noble.

“Enterado del hecho, Augusto Sandino  consigue, gracias a su ingenio, que no todo el material bélico se hunda y se pierda en el Atlántico. Y para hacerlo, recurre a una ayuda impensable: son las prostitutas del lugar las que logran salvar 40 rifles y 7.000 cartuchos, mientras distraen con sus servicios a los marines encargados de la tarea. Esas armas, imprescindibles para los combates por venir, irán a parar a manos de alguien que ya había generalizado su consigna: Patria libre o morir”.

“El acto de recuperación del armamento por parte de las prostitutas fue considerado por Sandino como un momento clave de su guerra de liberación: ‘Fue en ese momento –luego diría– cuando comprendí que los hijos del pueblo estábamos sin directrices y que hacían falta hombres nuevos” (p. 66).

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Gracias a las putas de Puerto Cabezas, el “ejército” de liberación nacional de Sandino consiguió armas. Estos treinta hombres tenían 40 rifles y 7.000 cartuchos para luchar contra los gringos. Treinta hombres con cuarenta rifles. Más nada.

Poco a poco, Sandino fue incorporando a más hombres y mujeres a su lucha por la soberanía nacional. Se sumaron los campesinos, los indígenas, los jóvenes. Fue una lucha del pueblo nica contra un ejército invasor.

Cuatro años más tarde, Sandino lograba lo inimaginable: los marines se retiraron derrotados de Nicaragua. El Pentágono solo reconoce dos derrotas militares en el siglo XX, una fue con Sandino en Nicaragua, la otra fue en Vietnam.

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Sirva esta nota como mi pequeño homenaje a las trabajadoras sexuales nicaragüenses y de la Patria Grande. Nuestras sociedades suelen estigmatizarlas por su profesión, no les brindan protección legal y, en estas circunstancias, los hombres son los únicos beneficiados ante tanta hipocresía: el cliente, el chulo, el policía, el delincuente.

Más temprano que tarde avanzaremos en legislaciones que las protejan y reconozcan su derecho a una vida digna, sin estigma ni discriminación por el trabajo que ejercen.

Pd: Si quieres leer más sobre Sandino, acá los datos del libro. “Augusto Sandino: un jinete contra el imperio” de Cristina Noble, editado por Capital Intelectual como parte de su colección Fundadores de la Izquierda Latinoamericana.