miércoles, 16 de julio de 2014

"Gay Away": las pastillas que prometen "curar" la homosexualidad


No te rías que es cierto. Se llaman "Gay Away", ofrecen curar la mariconería y son producidas por el laboratorio Laughrat, una compañía con sede en Toronto. Vienen en una caja rosadita (quizás para atraer al público meta) y cada caja tiene un blister de 10 pastillas.



¿Cómo funcionan? De acuerdo a las instrucciones, funcionan como un parche de nicotina, es decir, como un inhibidor del deseo de "portarse mal", entiéndase, de tener relaciones homosexuales.

Las instrucciones además dicen que la dosis inicial es de dos pastillas diarias, pero “si transcurrido un tiempo la carne flaquea y todavía te gusta llamar a la puerta de atrás, aumenta la dosis a cuatro pastillas al día".

¿Qué pasa si no me gusta tomar pastillas? Tranquilo. "Gay Away" te la pone fácil. Las píldoras vienen con un suave "sabor a pene". Ujum. Ya no tienes excusa.

El cuento es que los residentes de un pueblo en Canadá, llamado Gimli, vieron las pastillas en una tienda local y armaron un zafarrancho. Ellos consideran que se está enviando un mensaje ofensivo contra la comunidad LGBT. La dueña de la tienda tuvo que retirar las pastillitas de los estantes después de recibir la queja de muchos padres y madres de la comunidad.

A mi juicio, la farmacéutica canadiense Laughrat se equivocó de ciudad. La empresa debió traerlas a Caracas. Ya me imagino las colas, más largas que las de la tienda Zara en el Sambil, para comprar la droga milagrosa. Estoy viendo a esa parranda de "escaparates" poniendo toda su fe en que la pepita les va a quitar lo raro.

El peligro sería cómo evitar la falsificación de este remedio. Ya estoy escuchando en la camionetica el cuento. "Yo las compré y no me hicieron nada. Le sigo dando la vuelta al peón". Y otro le dice: "Quizás sí funcionan pero a ti te vendieron una pastilla pirata". ¿Será?

Afortunadamente el suave sabor a pene de la pastilla complica su falsificación, pero seamos francos. Ese olor no es un enorme obstáculo. Nada que un buhonero experto no pueda solucionar luego de una larga y sudorosa jornada de trabajo.