domingo, 29 de diciembre de 2013

La marisca

El personaje fue creciendo poco a poco. Comenzó siendo un niño muy afeminado que creció en Cartanal. En algún punto le agregué una cotica fucsia. Me lo imaginaba negrito, flaquito, descalzo, con unas cholas petroleras y pa rematar... la cotica.


Sobrevivir a Cartanal con estas características habría sido un acto de heroísmo. Mi personaje lo había logrado. Si pudo sobrevivir a Cartanal, los demás problemas eran pan comido.

A la cotica fucsia le siguió Maíta, la abuela que lo había criado. Como en muchos hogares de los barrios pobres, quien termina criando a los muchachos son las abuelas. Algún día habrá que hacerles un homenaje. La madre y el padre no estaban.

Acá viene una prueba concreta de heroísmo. La abuela mandaba a este niño a hacer mandados a la bodega del barrio y este pequeño salía con su cotica fucsia y sus cholas petroleras. En el camino siempre había un malandrito que se burlaba de él. El pequeño ponía el mandado a un lado del camino, se acercaba y se caía a coñazos. Marica sí, pero no mocha. Si el muchacho era más grande o había varios, el pequeño agarraba una piedra y asunto resuelto. Nivelación palestina.

Con el tiempo, el personaje fue tomando cuerpo, le fui agregando más anécdotas, detalles. La última adquisición fue una pantaletica con faralao, cortesía de Ana, la maracucha. Este cangrejo ya tenía vestuario y cambio de escenografía.