lunes, 30 de diciembre de 2013

“E True Hollywood Story” de La Mariiisca


El origen de la marisca no es tan divertido. Durante muchos años, aprendí a no responder a los ataques. Evado el conflicto, como los cangrejos. Todavía lo sigo haciendo. “Si hay un peo, no me llamen, no me interesa”. Si me atacaban verbalmente, yo optaba por sonreír, ignorar la situación o dejarla pasar. Eso sí, si me arrinconaban y tenía que defenderme, le sacaba los ojos al que se me atravesara por delante. Con estas tenazas he dejado a varios renqueando de una pata.


Llegué al diario con la intención de hacer carrera allí. Después de varias experiencias laborales tenía la certeza que lo mío era el periodismo impreso. No hay nada más peligroso que un cangrejo con determinación. Cuando agarramos algo, difícilmente lo soltamos.

Algo pasó en el diario, no sé qué fue, pero cuando comencé a sentir ataques, en lugar de responderle a las personas: “Epa, me estás agrediendo, respeta”, opté por lanzar esta frase: “Mira, mamita, yo me crié en Cartanal y bastante duro que tengo el cuero, así que si te vas a meter conmigo, hazlo mejor”.

Varios años después, creo que hubiera sido mejor para mí decir lo que realmente sentía, en lugar de salir con esa frase.

Después Cartanal se convirtió en un distractor. Yo intento mantener mi vida personal separada de mi trabajo. No me gusta hablar de mí con gente que no conozco. Entonces cuándo me preguntaban cosas personales, no respondía yo sino la marisca.

Cuando me preguntaban si mis padres sabían y cómo lo habían tomado, les hablaba de Maíta y sus consejos. Cuando me preguntaban por los novios, les hablaba del hijo del portugués que atendía la bodega del barrio, o del malandrito con el que tuve amores, o el mototaxista que me llevó a conocer Caracas. Yo contaba estas historias con tanta convicción, que la gente se estortillaba de la risa y olvidaba su pregunta inicial.

Si volvían a preguntarme sobre mi vida privada, inventaba las respuestas. Con frecuencia les recordaba que no me creyeran nada de lo que dijera sobre mi vida privada. “La mitad de lo que decía era mentira; y la otra mitad, exageración”, les decía.

Al final, en los diferentes trabajos donde he estado no saben a ciencia cierta si soy el menor de 7 hermanos o soy hijo único, si tengo novio o creo en el amor libre, si consumo drogas o soy del opus dei, si soy promiscuo o mojigato. Lo mejor es que me sabe a culo lo que piensen de mí (con el perdón de los culitos, algunos de los cuales saben muy rico).

Para mí, fue una salida mucho más divertida que responderle a la gente: “Disculpa, no me gusta hablar sobre mi vida privada en el trabajo. Por favor, no insistas”.

Colorín colorado, así fue como el cangrejito se pintó de arcoiris fabuloso.