martes, 3 de diciembre de 2013

¿Eres LGBT y te da igual si se aprueba el matrimonio igualitario en tu país? Lee este caso

Si pasas con frecuencia por esta Bitácora, sabes que no soy un gran defensor de la institución del matrimonio (ni straight ni gay), pero hechos como éste hacen que repensemos nuestras ideas sobre el tema.

Juana y Valeria son pareja desde hace 13 años. Viven en Coahuila, México. Hace cinco años tomaron la decisión de tener un hijo y concibieron a Ian Emanuel. La madre biológica es Valeria, por eso, sólo ella aparece como madre del pequeño.

Hace tres años Juana se jubila de su trabajo. A los pocos meses, le diagnostican un cáncer de seno. Juana, preocupada ante su futuro, decide formalizar su relación con Valeria para garantizarles la pensión por viudez en caso de que falleciera.

En Coahuila todavía no está reconocido el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero existe el Pacto Civil de Solidaridad, una figura jurídica que intenta reemplazarlo.

Según el artículo 385-1 del Código Civil de Coahuila, “el Pacto Civil de Solidaridad es un contrato celebrado por dos personas físicas, mayores de edad, de igual o distinto sexo, para organizar su vida en común. Quienes lo celebran se consideraran compañeros civiles. Los compañeros civiles, se deben ayuda y asistencia mutua, consideración y respeto, así como deber de gratitud recíprocos y tendrán obligación de actuar en interés común; de igual manera tendrán derecho a alimentos entre sí”.

Juana y Valeria firman el Pacto Civil de Solidaridad y comienzan los trámites para que el Instituto Mexicano del Seguro Social los reconozca como una familia y le dé cobertura a Valeria y a Ian Emanuel.

Sin embargo, el IMSS se niega a hacerlo porque ellas no están "casadas", es decir, no son un "matrimonio". El Pacto Civil de Solidaridad no es una institución jurídica en todo el territorio mexicano.

A pesar de la enfermedad, Juana y Valeria dan la pelea legal. Su caso llega a los medios de comunicación. Hay un proyecto de ley de matrimonio igualitario en Coahuila. Leyes similares se aprueban en otros estados de México.

Cerca de la medianoche del miércoles 16 de octubre Juana María Rosales perdió su batalla contra el cáncer. Murió acompañada de Valeria, su hijo y sus amigos más cercanos.

Ella no logró que el IMSS le diera cobertura a su esposa y su hijo. El sepelio y el entierro lo cubrieron con el dinero recogido entre amigos y familiares.

Si el matrimonio entre personas del mismo sexo fuese reconocido en Coahuila, Juana hubiese podido irse tranquila, sabiendo que su pareja y su hijo contaría con la pensión por viudez de 2 mil pesos mexicanos.

Por eso, más allá de lo que yo piense de la institución del matrimonio, creo que todxs tenemos derecho a tener las cosas positivas y negativas de este tipo de uniones.

En el fondo mi problema no es con la institución del matrimonio sino con la forma cómo nos vinculamos en una relación afectiva. No importa cómo lo llamemos: matrimonio, concubinato, pacto de sociedad civil, unicones civiles, parejas de hecho.

Creo que la comunidad sexodiversa pudiera hacer valiosos aportes al debate sobre la forma como nos relacionamos afectiva y sexualmente con los demás.

La posesión, la violencia de todo tipo, el control, la libertad individual, los celos, la distribución de las tareas (dentro y fuera de la casa), la posibilidad de establecer reglas propias, más allá de lo que diga el resto de la sociedad. Todo eso y muchas cosas más deberían revisarse y cuestionarse, no sólo desde la academia, sino desde muchos espacios de la vida pública.

Si quieres conocer más sobre el caso de Juana, Valeria e Ian, te recomiendo esta nota de Leticia Espinoza publicada en El Zócalo