martes, 15 de octubre de 2013

¿Hay o no hay jóvenes guerrerxs como David Cámara en América Latina y el Caribe?



Necesitamos más personas como David Cámara. Él es un joven andaluz y abiertamente gay. Él terminó con su novio, llevaban juntos más de 9 años. Como era de esperar, David está enguayabao.

El despecho le pegó duro. Sufre de insomnio, vómitos y ataques de ansiedad. Ante estos síntomas, David decidió ir al médico de su localidad, Jaén. Lo acompañó su mamá y el novio de la mamá. Fueron al Centro de Salud Belén donde fue atendido por un "médico de cabecera", un cargo del sistema de salud público español.

No debes confudir este cargo con la expresión latinoamericana "médico de cabecera" para referirse al médico de confianza que ha atendido a toda tu familia por años.



El cuento es que David tenía la esperanza de que esta servidora pública lo refiriera a un psicólogo. ¿Cuál es su sorpresa? Cuando la doctora se entera que David es gay y que su expareja es un hombre. Ella cambió de actitud.

La doctora le dijo "que me hiciera pruebas y análisis porque los gays tendemos a pillar muchas enfermedades y a propagarlas. Me decía que yo tenía que comprender que eso es antinatural, y que mi problema y todo el trastorno lo tenía en la cabeza".

Me imagino la cara de sorpresa del chamo. Pensando que era un chiste, él le preguntó si ella creía que sus problemas de salud eran culpa de su orientación sexual.

La cerda homofóbica le dijo que "sí, en su mayoría". En ese momento David se levantó y salió del consultorio. Antes de que se fuera, esta matasano le dijo que no tenía que ofenderse porque su enfermedad (entiéndase, su homosexualidad) tenía cura.

Hasta aquí puede sonar como una historia previsible. Un trato discriminatorio en el sistema de salud público.

Lo bueno de esta historia es que David no se quedó callado. Él puso una queja en ese centro de salud y además denunció formalmente ante la justicia a esta profesional que es una vergüenza para el gremio médico.

David no está solo. La asociación andaluza Arco Iris se sumó a la causa y está brindándole apoyo legal y psicológico a este joven. Recordemos que David sigue despechado. La rabia y la indignación por el maltrato homofóbico, no quitan el guayabo.

Arcoiris pide una investigación a la fiscalía antihomofobia de Andalucía y la apertura de un expediente disciplinario a la doctora y al centro de salud. Al parecer no es la primera vez que ocurre. Otro joven gay denunció hace un año el mismo trato discriminatorio de esta doctora.

Integrantes de esta asociación piden una reunión cara a cara con la matasano para que ella explique si sus recomendaciones médicas están basadas en algún estudio científico o si por el contrario se basan en prejuicios religiosos del siglo pasado.

¡Alguien por favor que le explique a esta cavernícola que la Organización Mundial de la Salud sacó a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales en 1990!

Casos como el de David deben ocurrir a cada rato en suelo latinoamericano. Algunxs LGBTI pueden manejar mejor estas situaciones, pararse y pintarle una paloma a los médicos homofóbicos. Otrxs, sobre todo, lxs más jóvenes, saldrán más confundidos de cómo entraron.

Pregunto ¿hay o no hay en América Latina hombres y mujeres como David, dispuestos a armar un peo público, acudir a la justicia y llevar su denuncia hasta las últimas consecuencias?

Ojalá que sí.

Si quieres leer más del caso de David, visita In Out Post o Cáscara Amarga