jueves, 18 de febrero de 2010

ROSTROS / Hasta siempre Dora (1928 - 2009)


El 17 de agosto de 2009 en Argentina murió una luchadora como pocas, Dora Coledesky. Fue promotora de la Campaña Nacional por el Derecho a un Aborto Seguro, Legal y Gratuito en Argentina. Militante de izquierda, Dora se reivindicaba trostkista, delegada y obrera textil.

Gracias a nuestras compañeras de Insurrectas, pudimos conocer esta lamentable noticia. Desde este lado del continente, le rendimos homenaje a Dora, la eterna luchadora, y hacemos votos para que en un futuro cercano todas las mujeres latinoamericanas y caribeñas tengan derecho al aborto seguro, legal y gratuito.

Reproducimos tres notas que Insurrectas publicó con motivo de la siembra de Dora.

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Dora Coledesky 1928-2009. Una incansable luchadora


María Chaves
Dirigente de la Agrupación de mujeres Pan y Rosas
(PTS e independientes)

En la madrugada del lunes 17 de agosto murió Dora Coledesky, en su casa de Ituzaingó, donde pasó los últimos años de su vida con su compañero de militancia y de vida Ángel Fanjul, fallecido el pasado 29 de marzo. Si tuviésemos que resumir en pocas palabras quién fue Dora, deberíamos decir que fue una luchadora incansable. Como pocas.

Esta característica hacía que, a sus más de 80 años de edad, no dejara de transmitir esa rebeldía juvenil que sólo la fortaleza de las convicciones puede dar.

Antes de convertirse en una de las feministas de izquierda más reconocidas del país, Dora fue una militante que se reivindicaba trostkista, obrera textil y delegada. También fue abogada, y previo a exiliarse en Francia en los ‘70, se dedicó, junto a su compañero Ángel (con quien compartió su militancia en el Partido Obrero Revolucionario-POR, posadista), a atender a los obreros combativos y antiburocráticos.

En Francia, donde militó en la corriente mandelista LCR, Dora fue fuertemente influenciada por el movimiento feminista de enorme envergadura por aquellos años, y participó del Grupo de Mujeres Latinoamericanas, conformado por mujeres exiliadas de Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile y Brasil. Desde que volvió a Argentina, en el ‘84, se convirtió en una activista permanente en la lucha por los derechos de las mujeres, y en particular en la lucha por el derecho al aborto, a lo que dedicó las últimas décadas de su vida.

Tuve la oportunidad de conocer personalmente a Dora y de militar con ella. Juntas impulsamos en enero de 2003 la Asamblea por el Derecho al Aborto en Buenos Aires, que fue la que organizó la embestida contra la ofensiva de la Iglesia en el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) de Rosario, en agosto de ese año e, influenciadas todavía por los aires de las jornadas revolucionarias de 2001, promovimos la realización, por primera vez en 18 años, de una asamblea durante el ENM. En ese momento yo, como joven feminista que era (previo a mi militancia en el PTS), y ella como infatigable luchadora por el derecho al aborto, junto a otras decenas de compañeras, nos propusimos la tarea de ligar las demandas de las mujeres con los diferentes sectores en lucha de ese momento: el movimiento de fábricas recuperadas con las obreras de Brukman como uno de sus emblemas, las asambleas populares y los movimientos piqueteros.

En los últimos años tuvimos diferencias sobre cómo encarar la lucha por el derecho al aborto, lo que nos llevó a discusiones políticas y personales, por momentos duras, sin por ello dejar de confluir en la necesidad de continuar la pelea por el derecho al aborto.

Hace pocas semanas, hablamos por teléfono ya que me inquietaba su estado de salud y de ánimo. Me comentó que estaba dedicándose a archivar todos los escritos de su compañero, y me invitó a visitarla en su casa, a la que pude conocer años atrás durante una cena que organizaron ella y Ángel. Lamentablemente, no hice a tiempo para despedirme.

Hoy, como impulsora de la agrupación Pan y Rosas y militante del PTS, y compañera de Dora en la lucha por el derecho al aborto, quiero destacar que Dora luchó por la liberación de la mujer, o sea por una sociedad igualitaria. Nunca voy a olvidar aquellas palabras que pronunció en la Asamblea por el Derecho al Aborto en el ENM de Rosario seis años atrás:

“Pienso que no estamos luchando una cosa sectorial, el aborto no es simplemente algo sectorial que nos toca muy de cerca, estamos luchando por un cambio en el mundo, por un cambio en la humanidad, eso tenemos que tenerlo claro, por la dignidad humana estamos luchando… es la lucha por un mundo diferente, un mundo que no solamente es posible, sino que también es necesario e imprescindible si queremos luchar por la dignidad humana”.

Cientos, miles, millones de “Doras” salimos y saldremos a la lucha por nuestra libertad, contra toda opresión, por una sociedad sin explotadores ni explotados ni explotadas.

Ese es y será mi homenaje para Dora Coledesky.



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Dora
Marta Dillon
Página 12/ RimaWeb

Hay despedidas que parecen imposibles, asumirlas es como advertir de pronto un agujero negro en la trama de esa red de contención que la mayoría de las personas necesitamos para vivir. Dora Coledesky era un nudo en esa red.

Saber de su ausencia es parecido al miedo a saltar sin protección, sin esa seguridad que da caminar con otras y con otros convirtiendo a veces el riesgo en acrobacia, la poca o mucha audacia en baile para ser gozado. ¿Cómo imaginarse un nuevo Encuentro Nacional de Mujeres sin su presencia activa, militante, apasionada, guerrera? Dora era una activista en el más cabal sentido de ese término. Porque su figura pequeñita, su rodete de abuela de cuento, su energía inagotable, su capacidad para relacionarse con todas las generaciones sabía encender la llama feminista en el corazón de las mujeres. Sabía cómo activar el espíritu de lucha -sí, lucha, con lo devaluada que puede estar esa palabra por tanta repetición-, cómo convencer para que imagináramos siempre algo más, algo que escribir, algo que decir, algo que hacer. Con acuerdos o con desacuerdos, su presencia convocaba al compromiso.

Será por eso que cuesta tanto despedirse. Será por eso que eternas cadenas de mails se cruzan recordando un evento, una chispa de su ingenio, una postal de su testarudez. Será por eso que como un acto reflejo ahora reviso mi propia casilla para recuperar su voz en los escritos que enviaba, incansable, defendiendo sobre todo el acceso al aborto legal como una meta indispensable para garantizar(nos) la plena autonomía sobre nuestros cuerpos de mujeres.

El año pasado, cuando le dedicamos una tapa de este suplemento, ella contaba en entrevista con Moira Soto que su propia llama feminista se había encendido cuando a los 13 años supo de la historia de Mariquita Sánchez de Thompson. "Ella se animó a enfrentarse a sus padres, no aceptó el marido que le querían imponer, se casó con el hombre que amaba... Yo tenía 13 años, estaba en el Liceo y creo que ahí se me despertó el corazón feminista, tanto me impresionó la rebeldía de Mariquita, esa voluntad firme de decidir su destino", decía entonces, antes de relatar su militancia en el Partido Obrero Trotskista, su paso por una fábrica como obrera ella misma, siguiendo el impulso de la proletarización que le hizo fantasear con escribir las historias de esas mujeres en fábricas tan grandes que ya no existen, mujeres que gracias al trabajo formal se encontraban con sus pares y podían poner en palabras desde sus miedos hasta sus placeres, y por supuesto, la clandestinidad del aborto, esa experiencia tan femenina y tan contradictoria.

En el recorrido por esos mails que llevan su remitente, su ausencia repentina suena más increíble todavía: ahí está la señora de 81, la que enterró a su único hijo, la que sabía plantar pensamientos y jazmines en su jardín del conurbano, la que cocinaba locro para recibir a nietos, nieta, bisnieto y bisnieta, poniendo las cosas en su lugar, poniendo palabras donde había dudas, develando del otro lado de una computadora cómo el lenguaje que se impone, impone también sus trampas y sus encierros. Como cada vez que se habla de mortalidad materna en relación con las muertes de mujeres gestantes a causa del aborto. Es decir, mujeres que no querían quedar cristalizadas en la condición de madres y decidieron a pesar de todo.

A ella, que no le gustaba usar la palabra "religión" ni siquiera como metáfora de su compromiso feminista, le habían crecido alas, dijo, cuando entendió de qué se trataba esta opción política e ideológica. Alas como las que supo coser con paciencia de abuela en las manos, las espaldas o los corazones de todas las que ahora empezamos a sentir su ausencia y a la vez nos enredamos en su voz guardada gracias al oficio de otras mujeres comprometidas con su lucha, como Liliana Daunes, que supo hacer un homenaje en su programa de radio que ya está guardado en la memoria.

La partida de Dora Coledesky de este mundo deja un agujero en la trama que ahora tenemos la responsabilidad de cubrir extendiendo ese compromiso que ella supo alentar con todas las mujeres. Deja también la huella de un camino transitado con energía. Y por supuesto, sus palabras, las muchas palabras que el viento y la memoria se encargarán de agrupar cuando sea necesario para que podamos seguir inventando estrategias que permitan convertir el motivo de su lucha en una realidad concreta para todas.

"Queremos que absolutamente todas, en todos los rincones del país, dispongan de este derecho, de la posibilidad de poder hacerse un aborto en cualquier hospital por libre decisión. No importa las excusas que esgriman: quienes se oponen no quieren la liberación de la mujer, quieren mantener ese control sobre su cuerpo, ése es su objetivo". Cerrar el hueco de su ausencia será, entonces, inventar nuevos caminos para que ese objetivo deje de cumplirse sobre nuestros cuerpos.


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Querida Dora

Liliana Daunes/ Rima Web

Comparto lo que esta noche, -martes 18-, dije en la 'Juana Pimienta', por Radio Nacional.

Quiero en este momento de la Juana recordar a una amiga, compañera de camino, alguien que nunca aflojó el paso, alguien que, puede ser que 'haya elegido sentarse de tanto en tanto', como decía Moira Soto en una nota que publicó el año pasado, 'pero solo para recuperar la energía y seguir empujando esos pasos' que fueron dejando huella.

A los 81 años, Dora Coledesky, fallecida en la madrugada del lunes 17 de agosto, seguirá caminando en cada una de las personas que la conocimos.

Ella ha dejado su marca en la historia de las luchas de liberación de todas las opresiones como una de las incansables que aportaron sus ideas, su corazón y su cuerpo todo, a la pelea por el derecho a decidir de las mujeres, pionera en nuestro país en la batalla por el derecho al aborto. De cuando 'hablar de aborto era decir una mala palabra en Argentina, ella la decía fuerte y sin tapujos', como la recuerdan las Católicas por el derecho a decidir.

Últimamente se la veía, pañuelo verde al cuello, el rodete blanco que le daba un aire de abuelita de libro de cuentos y esa manera graciosa y tierna de confundir los antejos de mirar de lejos y de cerca que llevaba colgados al cuello, que sin embargo no le impedía ver siempre un poquito más allá. Y más acá, también.

Militante por el socialismo y feminista de convicciones revolucionarias, la querida Dorita, era abogada y referente ineludible del movimiento de mujeres.

Quiero compartir con ustedes para que escuchen su voz, desde las orillas del aire en las que se encuentren, algunos fragmentos de las tantas notas que hemos realizado a lo largo de Juanas y Rosas con Dora, tiempos en que comenzaba la Campaña Nacional y era ministro de salud Ginés González García

http://www.archive.org/download/DoraColedesky/DoraColedesky.mp3

Dora seguirá estando en nuestros foros, encuentros, seminarios. Fuertemente presente en su ausencia este Encuentro Nacional de Mujeres que en Octubre realizaremos contra viento y marea patriarcal en Tucumán. Y estará cada vez que cantemos "educación sexual para decidir, Anticonceptivos para no abortar/aborto legal para no morir", 'ese slogan que ella pensó y cantó la primera', comentó Marta Vasallo.

Hasta todos los momentos, Dora, hasta luego, hasta la victoria, siempre!