miércoles, 5 de julio de 2017

De la no maternidad a la familia numerosa de Sandra Álvarez


Comparto este artículo de Sandra Álvarez publicado en su blog "Negra cubana tenía que ser". ¿Tener una familia numerosa puede ser un acto subversivo? Sandra nos explica por qué. Si quieres leer más de ella, no dejes de pasar por su blog "Negra cubana tenía que ser".
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De la no maternidad a la familia numerosa

Se dice que la inserción de las mujeres en la vida pública ha derivado en que disminuya la tasa de natalidad. Así se intenta explicar por qué las sociedades llamadas desarrolladas exhiben hoy cifras de hijos por mujer menores que cuando estas se dedicaban meramente a estar en casa, incluida Cuba que, más allá del PIB, en dichas cuestiones muestra comportamientos similares.

Sin embargo, quizás sea lo anterior no solo un resultado de la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, sino también una cuestión de elección propia. Si miro alrededor, mis amigas cubanas que no gozan de un empleo remunerado –poquísimas, por cierto- no han tenido tampoco un mayor número de hijos.

Lo cierto es que hay tantas razones, privadas, económicas, de salud, políticas, etc., para tener descendientes como para no tenerlos, y me quiero referir específicamente, a partir de una discusión que sostuve hace poco en las redes sociales, a la valoración de no-maternidad, conscientemente elegida, como un acto per se progresista, subversivo o al menos liberador.

De manera general existen dos tendencias: quienes creen que el ejercicio de la maternidad reproduce el patriarcado en todas sus dimensiones, pues crea mano de obra para reproducir el capital, y quienes opinan que puede ser muy subversivo.

Personalmente, como mujer afrodescendiente, me sitúo -de ser necesario- en la segunda de las perspectivas. En las sociedades altamente industrializadas, que no por gusto coinciden con el norte del planeta, un bebé afrodescendiente como el que yo podría tener es todo un acto transgresor. Y si son cinco, pues aún más.

En Cuba, país donde la medicina -en mi opinión- se entromete demasiado en la vida de las personas y tenemos una tendencia a sacar cuentas rápidamente, no faltarán médicos, vecinas y amigos que consideren una soberana locura tener más de dos hijas, aun cuando nuestra tasa de natalidad esté chillando desde hace muchos años. Pero tampoco considero correcto lo contrario, forzar a las mujeres a parir porque la tasa de natalidad y la de reemplazo (cantidad de hijas por mujer) decrezcan.

En opinión de muchas personas, la baja de natalidad en Cuba está muy vinculada con las cuestiones económicas, las que hacen palidecer la decisión de parir. Lo entiendo y apoyo, y siempre he defendido el derecho de cada mujer a decidir cuándo y en qué condiciones quiere tener descendientes, como también he criticado en reiteradas ocasiones que se les culpabilice a ellas de dicho fenómeno cuando hay muchos otros procesos económicos, demográficos y sociales que inciden en este asunto.

Pero, retornando al ejercicio de la no-maternidad como acto liberador, en mi caso de mujer negra, con antepasados que fueron esclavizados, podría considerarse muy transgresora la decisión de tener una familia, cuando se sabe que mis bisabuelas no tuvieron la oportunidad de amamantar a sus bebés, pues la leche de sus tetas estaba destinada a alimentar a los hijos e hijas de sus amas, y que en muchas ocasiones sus descendientes les fueron arrebatados y vendidos como puras mercancías.

Considero, entonces, que traer seis hijos negros al mundo puede ser más progresista que no tener ninguno cuando el imaginario social aprueba -si acaso- tener uno solo. El paradigma de éxito consiste en una familia nuclear -mamá-papá-nené-, y para muchas personas una familia numerosa es símbolo de atraso.

Importante además tomar como referencia cultural que en muchas familias de origen africano los niños y niñas son muy bien recibidos, no hay que planificarlos y, por tanto, todos son deseados. Por otra parte, esos bebés crecen en compañía no solo de la madre y el padre, sino también de abuelas, abuelos, tías, primos, etc. En ese sentido, me parece muy liberador el ejercicio de la maternidad. Todo esto lo tenemos en nuestras raíces cubanas y así se expresa en el establecimiento de redes sociales fuertes para el cuidado y educación colectiva de los niños y niñas.

Por otro lado están las lesbianas, para quienes, a pesar de que el derecho a la salud es universal en la isla, las técnicas de reproducción asistida no están disponibles, pues la homofobia estructural prescribe que este constituye un servicio para parejas heterosexuales. Esa maternidad lésbica es también disidente y progresista por el solo hecho de ser dos personas del mismo género criando un ser. Como también lo sería si existiera en Cuba la maternidad subrogada, que permitiría a parejas de hombres tener a sus bebés.

Sin embargo, en el contexto actual de la isla no hay sistema de apoyo alguno que le permita a una joven decidir con facilidad el acto de parir, a pesar de que varios estudios han revelado que las cubanas paren menos de lo que desean, así como las causas por las cuales deciden no tener descendientes o tener muy pocos.

Tampoco existe el apoyo material, ya que no se han desarrollado políticas públicas orientadas en ese sentido, más allá de lo progresista que es nuestra ley de maternidad.

Como cualquier otro tema social, la no-maternidad también tiene sus matices, todo depende desde dónde se mire el asunto y, sobre todo, por quién.

Foto de portada: Montecruz Foto