domingo, 15 de enero de 2017

Ensayo y error I


Cuando daba clase en la Católica, había un muchacho que me gustaba. Era el que cobraba el estacionamiento en uno de los puntos de la universidad. Él respondía mis miradas, me sonreía y en varias oportunidades, él estiró su brazo más de la cuenta sólo para rozarme.

Un día yo me armo de valor y anoto mi celular en un papelito. Era la primera vez en mi vida que hacía algo así. Le escribí “Me gustas” y mi número. Yo estaba aterrado. Para motivarme, puse la música de Sin Banderas de fondo.

Cuando llego a la taquilla en mi carro, el muchacho estaba acompañado por una compañera de trabajo. Sí lo noté algo nervioso, pero no le paré mucha bola. Entrego el ticket, me dice el monto y entre los billetes meto el papelito con mi número de celular.

Él lo abrió. Vio su contenido. La muchacha se dio cuenta. Sonrió. Él cobró, me dio el vuelto y me dijo: “Disculpa, se te vino este papel por error”, y me lo devolvió.

Ponchaaado, en el noveno inning con tres hombres en base. Así quedé.

Era obvio que él estaba en el closet, que su compañera de trabajo no sabía, que yo había escogido un mal momento, pero no me atreví a decirle que el papel era para él, que me gustaba y que me gustaría invitarlo a tomar un café.

A partir de ese día, cancelé mi ticket de estacionamiento en otra parte.