miércoles, 25 de febrero de 2015

Mezcla un actor de comedia + una sexualidad ambigua + España en el siglo XVI ¿Qué sale? La historia de Juan Rana


La vida de Cosme Pérez la encontré en el libro de Arturo Arnalte “Tránsfugas, travestis y traidores. Rebeldes ejemplares de la Historia de España”. Me encantó conocer sus andanzas en la España de Felipe IV en pleno siglo XVI.

Cosme era un famoso actor de comedias. Llenaba teatros haciendo obras cómicas. Su nombre artístico era Juan Rana. ¿Por qué Rana? Porque las ranas son indefinidas, no se les ve el sexo. A simple vista no se sabe si son machos o hembras.


 

El cuento es que en 1636 Cosme es detenido por hacerle el amor a Nicolás, el paje del Conde de Castrillo. En esa época la sodomía era castigada con la hoguera. Todo indicaba que Cosme iba a ser quemado vivo por sodomita. Sin embargo, Cosme no solo se salvó de la hoguera, sino que salió libre y desde ese momento nadie más lo molestó.

No hay evidencia de que este apoyo se debiera a la intervención directa del rey Felipe IV, pero se especula que alguien cercano al reino intervino para que liberaran a Cosme de una muerte segura.



En su libro Arturo Arnalte dice: “Lo peculiar de su caso es que, no solo se libró del tormento, el sambenito, el escarnio y probablemente la muerte, sino que supo sacar un sorprendente partido de la revelación pública de su inclinación. Porque, a partir de ese momento, a Cosme Pérez le llueven los papeles de Juan Rana, una variante del alcalde patoso, que se deja gobernar por su mujer, concibe y pare en su lugar y hasta acude al arroyo a pescar hombres con las damas. Eso explica también que en el retrato anónimo del actor, este lleve en su mano izquierda una rana como producto de su cacería, un animal ambiguo, que no es ni carne ni pescado y que explica el nombre artístico de Cosme. O bien para entonces la indefinición biológica de la rana la había convertido ya en sinónimo de homosexual, o el actor, al elegirla como emblema de su guiño al público, generó el nuevo significado de “salir rana” que aún mantiene el doble sentido”.

“La breve detención de Cosme fue, pues, determinante para que pudiera hacer su propia salida del armario, pues al hacerse de dominio público su orientación sexual y la venia de que gozaba, pudo entregarse libremente a hacer de sí mismo con impunidad, pues representaba al homosexual como un papel más del reparto, pero sabiendo el público que el simulacro era real, con lo que se demostraba que la verdad se podía vivir públicamente mientras se pretendiera que era ficticia. A partir de ese momento, su éxito fue extraordinario” (pp 80-81).



Cosme Pérez fue redescubierto por el investigador canadiense Peter E. Thompson. Los historiadores españoles suelen omitir a Juan Rana o lo tratan con pinzas y muy superficialmente

Pero para que podamos calibrar la fama de Juan Cosme en su época les doy dos detalles. Primero, todavía se mantiene un retrato de él en la Real Academia Española. Segundo, “su última actuación, una petición de la familia real, se llamó El triunfante Juan y su autor era Calderón de la Barca, que le rendía un homenaje a su larga trayectoria como el mejor cómico de su tiempo”.

¿Qué tal? Si se animan a conocer la vida de Cosme Pérez, y su famoso Juan Rana, tienen que buscar el libro de Arturo Arnalte.