sábado, 19 de abril de 2014

Drexler


Hace aaaaños cuando trabajaba en una radio pública lo escuché. Estaba estrenándome como productor y antes de mí, el operador quemaba un cd de Drexler. Apenas escuché un pedacito de la pieza, quedé flechado. La letra, la melodía, su voz.

Después supe que era el mismo que había ganado el Oscar con una canción para Diarios de Motocicleta.

Busqué en el Parque de Los Caobos algo de él y encontré la Edad de la Inocencia y la banda sonora de la película del Ché. Siguió gustándome su melodía.

Cuando supe que se presentaba en Caracas me propuse ir, pero no compré la entrada a tiempo. El día del concierto yo tenía cita con mi terapeuta a las 5 en Concresa. Salí de mi trabajo en Plaza Venezuela y tomé un mototaxi hasta allá.

A las 6 estaba listo. Tenía una cosquillita en la barriga que me decía que asistiera al concierto y la voz sensata me decía que no. “Seguro ya es muy tarde, aunque quiera ir, ya no llego. A lo mejor la entrada es muy cara. ¿Vas a ir tu solo? No has comprado los últimos cd del tipo”. Todos los argumentos en contra salieron, y a pesar de eso, no me bajé en Chacaito. Seguí hasta Plaza Venezuela. “Mira la hora, no llego, estoy perdiendo mi tiempo. Vete a tu casa. Mañana hay que trabajar. Vives lejos”.

Me bajé en Plaza Venezuela, crucé el puente y llegué a la UCV. El concierto no había empezado. Todavía quedaban entradas. Muchas, la verdad. Compré en la parte más cercana al escenario. Ese era mi regalo. No solía hacerme regalos, pero ese día lo hice.

Comenzó el concierto y fue un banquete. Roque Valero y luego Drexler. Él solo, en el escenario ayudándose con unas computadoras, tocó todos los instrumentos que necesitaba. No me sabía ninguna de las letras que cantó porque eran de su nuevo cd. A pesar de eso, fue una noche inolvidable. La mayoría de los asistentes que estaban cerca de mí, eran fanáticos de verdad, se sabían sus letras de memoria, las cantaban a todo gañote, gritaban. Me encantó esa sensación.

Drexler es un genio. Salí pasada las 11 de la noche. Ya no había metro, así que me fui caminando a Plaza Venezuela. Hice una parada por el Cordon Bleu a tomarme una cerveza y saludar a un ex que seguro estaba allí. Lo saludé, me tomé una cerveza con él y seguí a mi casa. Llegué tarde pero feliz. Drexler fue un buen regalo.