martes, 2 de julio de 2013

Iglesias holandesas se convierten en librerías y tascas por falta de creyentes católicos

 
Esta noticia me robó una sonrisa. En Holanda las personas que se consideran ateas alcanzan el 44% de la población. Por eso, las antiguas iglesias han comenzado a convertirse en librerías, tascas y cafeterías. Incluso algunas catedrales ahora son espacios para conciertos. No tienen fondos para mantener esos espacios. 

Lo que ocurre en Holanda puede ser el futuro de la iglesia católica latinoamericana si su jerarquía sigue de espaldas a sus creyentes. Ellos se niegan a dar respuestas a los problemas cotidianos de los millones de creyentes católicos del mundo.
La jerarquía sigue oponiéndose al uso de la pastilla anticonceptiva y los preservativos. Como lo oyes. No es un chiste. Si usted usa píldoras para el control de su fertilidad, no se lo diga a su párroco. Podría ser sancionada.

Estos curas de trajes pomposos siguen rechazando las relaciones sexuales antes del matrimonio. ¿Qué hacer entonces con las ganas? Sencillo. Abstinencia y si no aguanta, cásese primero.

¿Y si me casé con la persona equivocada? Sorry. Los católicos no apoyan el divorcio. "Lo que Dios une, no lo separará el hombre". ¿Recuerda sus votos? "Hasta que la muerte los separe".
Y no hablemos de ordenación de las mujeres, derecho al aborto, relaciones homosexuales, o permitir a sus sacerdotes casarse.

El tiempo es implacable. Cada año que ellos mantienen sus posiciones medievales, más creyentes dejan de ir a sus templos, o peor aún, deciden cambiar de confesión religiosa y se unen a grupos cristianos. Libre mercado espiritual.