viernes, 15 de julio de 2016

Eagles del cubano Nelson Simón


No, yo no salí esa noche a la ciudad buscando amor,
el amor es una sustancia venenosa, que pocas veces,
te ofrecen o te venden. No, mi pecho no buscaba
la virilidad de otro pecho para sentirme a salvo
—yo había jurado no volver a creer en la ternura,
ocultar la absurda necesidad de que alguien acariciara
mi cabeza, disimular mi vidriosa mirada
de cachorro apaleado—.
No, mis manos —aún cubiertas
por la escarcha del invierno— no tanteaban lo oscuro
en busca de otras manos que me recordaran
los dedos breves, dorados peces tropicales,
con que mi amante me recorría estremecer.

No, yo no creía en el amor aquella noche
mientras descendía a los sitios más sórdidos,
a los sótanos del alma.
Mi carne era mi enemiga. Mi carne ciega
me empujaba —vieja sibila— hacia el más ligero placer,
hacia los fétidos desguazaderos
en los que solo nos movía la fiebre y el deseo.
Atraído por esa viscosa mezcla de vida y muerte
que es la sangre, yo bajaba los escalones del infierno,
enrarecido laberinto en el que devorábamos
y éramos devorados.

Me provocaba náuseas aquella orgía,
aquel sonar de mandíbulas que, en círculos concéntricos,
se ensanchaban a mi alrededor: mis ojos panearon
en el mar de luz hasta aferrarse
a la roca que ofrecía tu sonrisa.



Una extraña sensación —que provenía de ti—
me arrastraba hacia el vertiginoso centro: ruedo
que en su intermitencia volvía más hermosa y lascivos
 a los cuerpos sacudidos por blandos orgasmos
y a las bruñidas cadenas, que sostenían,
a la altura de nuestros ojos, la perfección
de la satisfecha presa que se dejaba asaetar.
Júbilo, ahogado murmullo de júbilo coronado
de vinos y ungüentos olorosos la madrugada. Yo,
siguiendo tus pasos con cauteloso vuelo
—lanzarse tras las huellas del leopardo
creyendo que somos fuertes y que nuestras garras
pueden apartarlo de la podrida piel del mundo—.
Yo, lamiendo resignado los sitios de tu cuerpo
que los otros manchaban con su baba engañosa,
con su semen infértil, con los frascos
que olfateaban como hienas
para hacer más salvaje su apetito. Yo,
que busqué entre tantos labios los tuyos;
que encontré en la luz negra de aquel bar
la rosa dulce y enferma de tus besos,
y me detuve en ella
en el instante de entrelazar tu lengua
con la mía, sin saber, que también tus labios
escapaban en busca de los míos.
Y en alardosa acrobacia
me sorprendí colocando mi sexo a la altura de tu boca
sin dejar de repetirme: no, yo no salí esta noche
para buscar amor, el amor es una sustancia
venenosa...
pero en verdad deseando
salir contigo a la superficie, abrazarte allí
donde Madrid se hace más respirable y luminoso.


Otra vez mis carencias y el recuerdo
de un tiempo lejano al que seguía atado,
me tendieron sus trampas
y en un idioma que apenas entendías, te propuse
dejar los restos de aquella frívola noche
solo para los dos.

Atrás quedaron el humo,
las serpentinas del sudor, los insectos de la música
agitando sus alas entre hombres deseosos. Atrás
la caricia estéril, la pasajera aventura de los bares.
Mientras nos desnudábamos con sorpresa y temor,
nuestras ropas fueron exóticos pájaros
ardiendo hasta el amanecer
en tu mínima habitación. No importaron
las amaneradas voces ni las importunas camareras
que recorrían los pasillos del hostal.
Tú estabas tumbado entre mis piernas
o yo entre las tuyas —no lo recuerdo—
como naciendo los dos, como vaciándonos
uno dentro de otro:
Sí, éramos dos águilas
vaciándose incluso de muertes y soledades;
recuerdo que fue en mayo y Madrid,
cómplice y ambigua, extendía a nuestros pies
    su más lujoso disfraz de primavera.

*****
Nelson Simón nació en Pinar del Río, en Cuba, en 1965. Trabaja como editor en la revista local Cauce y es integrante de la Asociación de Jóvenes Escritores de Ámbito Hispanoamericano, con sede en Barcelona, España.

Publicó: Ciudad de nadie (1992), A la sombra de los muchachos en flor (2000) y Para no ser reconocido (2001). Con su segunda obra ganó el Premio de Poesía Julián del Casal. En su tercer poemario Nelson Simón aborda abiertamente el amor y el sexo entre hombres, esto le ha hecho ganar notoriedad en el mundo de la poesía en español.

Lo que me encantó del texto de arriba es la capacidad de Nelson de encontrar poesía y magia en los lugares más sórdidos donde nos podemos llegar a mover las personas sexodiversas.

El poema Eagles de Nelson Simón fue publicado en “Versos Di-versos, antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana” de José Rafael Zambrano y Mariajosé Escobar. Acá mi comentario sobre esta obra.