lunes, 30 de mayo de 2016

El pasivo como chingado de Cristián Valenzuela


La primera vez que curucuteé en el portal Academia.edu bajé un lote de artículos sobre diversidad sexual. El primero que leí es este del sociólogo chileno Cristián Valenzuela. Se titula "El pasivo como chingado: reflexiones sobre una posición sexual/social condenada en el marco de la masculinidad latinoamericana".

El texto me encantó. Acá te explico por qué.

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Cuando yo estaba saliendo del armario y era nuevo en el ambiente, me tenía sin cuidado esta clasificación activo/pasivo de los hombres. Si me gustaba un tipo y él me correspondía, salíamos. Luego en la cama, uno se adaptaba. Al final del día, éramos dos hombres que disfrutábamos el sexo juntos.

Con los años, mi punto de vista ha variado.

Es muy machacante esta clasificación activo/pasivo. Es un respuesta que debes dar en tu perfil de internet, son chistes que surgen en los shows de dragas, aparece en las conversas con tus amigos.

Desde hace varios años dejé de pelear contra esta clasificación binaria y aunque no la comparta, ya no pierdo tiempo expresando mis razones en contra.

El artículo de Cristián me gusta porque me ayuda a escudriñar de dónde viene esa clasificación y qué significa en la vida cotidiana de las personas LGBT.


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Como punto de partida, Cristián emplea un texto de Octavio Paz. Eso me gustó. Se trata de El Laberinto de la Soledad (1989), considerado como el primer libro clave para estudiar la homosexualidad y los roles sexuales entre hombres en Latinoamérica. Quedé con ganas de leerlo.

Comparto un párrafo de Cristián:
"Como una alegoría de la conquista española de México, Octavio Paz describe la figura del macho, quien se distingue, entre otras cosas, por situarse en un lugar mediante la violación y dominación de la chingada, la mujer. De este modo se constituye una dicotomía asimétrica: el macho es el chingón, quien controla a la chingada. Esta asimetría se reifica a través del acto sexual, en tanto el acto de penetrar (chingar) constituye al macho como tal, situándolo en una posición de poder y dominación activa. Por su parte, la mujer, en rol de la chingada, es despojada de manera violenta e involuntaria su independencia".


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¿Cuál es el objetivo de este artículo de Cristián? "Reflexionar en torno a la categoría de pasivo (entendiéndose como el sujeto pasivo-receptor en el marco de una interacción sexual entre dos hombres) en América Latina, y comprender la condena social que recibe no solo como posición sexual sino también como posición social en el marco de un sistema sexo/género patriarcal, homofóbico y machista".


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Lo primero es entender que no estamos hablando solo de posiciones sexuales entre hombres. No se trata de que te penetren o tú penetres a otro hombre.

En palabras de Cristián, el acto sexual (coger o que te cojan) tiene un efecto performativo en la construcción del pasivo como una identidad estable. En dos platos, si dejamos que otro hombre nos penetre por el culo, estamos perdiendo nuestra "identidad" de hombres. Perdemos nuestra masculinidad, ya no "somos" hombres.


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¿Entonces, qué "somos" si nos dejamos coger? Pasivos o buttom.
Un acto sexual que genera identidad. Una conducta que "cambia" nuestra identidad.

Esta etiqueta identitaria, "ser pasivo", viene acompañada de atributos, normas y estigmas.

En América Latina el pasivo es estigmatizado y discriminado por su entorno. ¿Por qué? "El pasivo es una identidad condenada en América Latina debido a que no cumple la expectativa penetradora de la masculinidad hegemónica latinoamericana y simbólicamente refiere a una feminización del cuerpo del hombre", explica Cristián

Un hombre que "sea" pasivo debe ser delicado, sensible, casero, sumiso, subordinado. Un hombre que se deja penetrar, debe feminizarse.

¿Qué está en el fondo del asunto? El desprecio a la mujer y a lo que socialmente se considera "femenino". La discriminación hacia las personas LGBT, y específicamente hacia los hombres pasivos, es misogina desplazada.


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El problema es el actual sistema sexo/género que se construye sobre la dicotomía masculinidad/feminidad. Este concepto del sistema sexo/género es de Gayle Rubin, una académica queer que generó mucha polémica en EEUU por su defensa de las prácticas sadomaso consensuadas entre parejas de lesbianas.

"El sistema sexo/género refiere a un conjunto de acuerdos por el cual una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos sociales de la actividad humana, y los sitúa en un ordenamiento jerárquico específico de subjetividades y prácticas", afirma Rubin en su artículo "Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality" de 1984.



Esa dicotomía masculino/femenino, entendido en términos sexuales como penetrador/penetrada, la hemos trasladado de manera simbólica al mundo sexodiverso. Entonces las personas LGBT terminamos viendo nuestras relaciones, con el cristal heterosexual.

“¿Quién es el hombre de la relación? ¿Y quién es la mujer?”

¿?


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En este enlace puedes leer el artículo completo de Cristián Valenzuela. A mí me encantó.

Él es sociólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile con experiencia en docencia y en investigación. En sus áreas de interés están la sociología urbana, estudios espaciales-territoriales, desigualdades, políticas de identidad, estudios de género y estudios culturales.

Si además quieres darle tus comentarios sobre su artículo, puedes escribirle al correo cvalenzu@uc.cl o al tuiter @cvalenzuel