sábado, 24 de octubre de 2015

Feliz gayniversario


Este post lo publiqué hace muchos años, en mayo de 2007. Había confundido la fecha en la que salí del closet. Solo sabía que había sido el mismo día que me había retirado de la universidad.

Inicialmente pensaba que había sido el 25 de mayo de 1997. Después echando cuentas, y viendo mi fecha de graduación, asumí que me había retirado en marzo de 1998.

Igual tengo que confirmar la fecha con la universidad. Más allá de la fecha exacta, acá la crónica de mi salida del closet.

Feliz gayniversario
Este mes estoy de aniversario. En marzo de 1998 estaba en primer año de la universidad. Estudiaba en las mañanas pero como vivía muy lejos no llegaba a tiempo, e iba muy mal. En febrero evalué mis posibilidades reales de recuperar las notas del año y me di cuenta que era cuesta arriba. Aún haciendo el mayor esfuerzo, iba a reprobar dos o tres materias. Así que lo pensé y tomé la decisión de retirarme.

El 25 de marzo del 98 fui a la universidad, después de haber conversado con mis padres y con una amiga de la casa que es terapeuta, e hice el retiro de todas las materias.

En teoría, comenzaba el año siguiente la misma carrera pero en el horario de la tarde y aunque ese era el plan, no podía dejar de sentir mucha incertidumbre, el susto en el estómago, la sensación de que era un salto al vacío y que quizás no regresaría a la universidad.

Ese día cuando salí de la universidad, la Ucab, no quería irme directo a mi  casa. Necesitaba caminar, despejar la mente, pensar en otras cosas. Así que no me fui por el metro de Antímano sino que tomé el metrobus para la estación La Paz.


Al llegar a la estación preferí caminar por esa zona. Caminando y caminando llegué al edificio del Bloque de Armas que en su planta baja tiene una librería La Novedades y como yo adoro las librerías, entré.

Siempre disfruto estar un rato entre libros, leyendo los comentarios, imaginándome todos los libros que me gustaría leer y que no sé si algún día pueda comprar.

Fue así como revisando entre los estantes, llegué a la parte de las revistas y lo veo. Él me ve. Bueno, nos vimos. Era una revista con un tipo podrido de bueno en la portada. Una revista para mujeres. Era el carajo de la imagen. Se veía que estaba desnudo, aunque no se le viesen los genitales, y tenía el traje de baño alrededor de su cuello.



¡Dios, demasiado rico!, ¡demasiado bello! Estuve parado allí un momento disimulando que estaba viendo una National Geographic pero en verdad estaba viendo de reojo a este tipo.

¡Tómala y ojéala! ¡Agárrala! No, me da miedo. ¡Tómala, coño! Nadie se va a enterar. Me da terror. Toma la puta revista, hasta cuando vas a seguir dejando de hacer cosas por los demás, por tus padres, tus profesores, tus amigos, tus compañeros de trabajo. ¡TOMA LA PUTA REVISTA Y OJÉALA!

¡AAAAAAAHHHHHH! ¡Cállense! ¡Está bien, la voy a tomar!

Me acerqué, extendí mis brazos -estaba frío del miedo-, la tomé, la acerqué y la ojeé. No recuerdo nada de lo que vi, lo importante era tomarla y ojearla.

Lo hice y la puse de nuevo en el estante.

Seguí caminando. El corazón se me iba a salir. Estaba super acelerado. Tomé otra revista de cualquier tema pa’ despejar la mente, pero ahora sólo pensaba que tenía que comprarla.

Cómprala. ¿Qué? ¿Estás loco? La gente se va a enterar que eres maricón. ¡Cómprala, cabrón! A nadie le interesa lo que tú hagas en tu vida privada. ¡No, me da burda de cague! ¡Cómprala! ¿Qué van a pensar los demás, la cajera, si algún conocido está en la librería mientras estoy pagando?, ¿y después qué voy a hacer con ella?, ¿dónde la voy a guardar?, ¿y si la encuentran mis padres?, ¿y si rumbo a mi casa me para la policía y me pide que abra el bolso?, ¿cómo voy a explicar que tengo esa revista, una revista pornográfica para mujeres? ¡CÓMPRALA, CABRÓN! ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo un cobarde de mierda? Tómala, págala y comienza a vivir tu vida, guevón, cómprala porque se te va a pasar la vida y vas a estar viviendo para complacer a los demás, tus padres, tus amigos, tus familiares, pero nunca vas a vivir como tú quieres vivir. Tómala y demuéstrame que no eres un cobarde de mierda. Tómala.

¡AAAAAAAAAAGGGGRRRRRRRRRRR!

¡VAYA TODO EL MUNDO A LAVARSE EL CULO! ¡A COMER MIERDA! YO SOY MARICÓN, Y ME GUSTA ESA REVISTA Y EL TIPO DE LA PORTADA. ASÍ QUE ME LA LLEVO.

La tomé, temblando con las manos frías y el corazón a punto de salirse del pecho del cague. Me acerqué a la caja junto con otras cosas que estaba comprando. Estaba requetecagadísimo.

Pensé que cuando la muchacha de la caja viera la revista iba a tocar un botón rojo enorme, como una alarma, pensé que iban a salir unas luces como las de las patrullas e iban a sonar las alarmas. ¡Un maricón, un maricón! Pero no…

Solo vio la revista. Me dijo que el chico de la portada estaba muy lindo. La pasó y listo. Salí de la librería con la certeza de que era gay, de que me gustaban los hombres.

Yo había estado teniendo encuentros sexuales con un vecinito contemporáneo desde los 13 años, pero a pesar de que estábamos juntos, nos masturbábamos y yo le hacía sexo oral, entre nosotros decíamos que no éramos maricos, que nos gustaban las mujeres, que eso era solo por diversión. Como dicen en American Beauty “nunca subestimes el poder de la negación”.

Con la revista era diferente. Era algo concreto, tangible. Si una hora después yo cambiaba de idea y me decía que no era gay, pues tenía una cosa tangible en mi bolso, en mi cuarto, en mi closet, que me desmentía. Además era algo que no iba a botar.

“Compro, luego existo” jajajajaja, “tengo, luego soy”… tengo algo gay, luego… soy gay. Es absurdo pero así me sentí.

Ese fue el día en que asumí que era gay. Era el 25 de marzo de 1998. Tenía 17 años, me estaba retirando de la universidad y no tenía ni puta idea de las cosas que me tocaría vivir más adelante. Sólo quería ser honesto conmigo mismo. No quería ser valiente, ni activista, ni quería cambiar al mundo, ni nada de esa paja. Solo quería ser honesto.