miércoles, 1 de abril de 2015

Me despertó desnudo


Allen Gingberg

Amantes de mejillas encendidas me besan con sus tiernos labios dulces
bajo cubrecamas Boulder es invierno y primavera
me abrazan desnudo riendo y contándole chismes a la novia
hasta el otoño.

Añoso amor escapa con su cuerpo infantil

Lunes de visita un hombre durmiendo con una pija enorme
es más viejo y de bigotes con una boca pícara no es aquel
adolescente al que se la chupé

El chico de los jueves con sus felices erecciones
noches inmensas hablando de corazón a corazón leyendo poesía
cogiendo horas enteras él acaba en mí feliz pero yo
no puedo metérsela.

Querubín del Sur de piernas flacas una vez pasó la noche conmigo
cantando blues y emborrachándose hasta que se llenó de calentura
Miércoles a la noche me dio su culo me lo cojí por suerte para él
seguía borracho

Rubio y ensortijado jardinero de ojos claros de paso por la ciudad
que enseña a cavar la tierra a la antigua método de la Palada Única
se acuesta de espaldas el vientre desnudo aquella noche me cojió
yo me lo cojí y acabé.

Naropa danza de invierno descalzo joven salvaje
de un salto me atrapa se ríe de mí me toma de la mano y
enseguida escapa diciendo Hoy a la medianoche en tu casa
Me despertó desnudo

Medianoche que se arrastró hasta la cama conmigo respirándome al oído
besa mis párpados la boca en su pija suave
“No hace nada por mí” se acostó sobre su vientre
entré detrás de él.

Futura juventud que quizás jamás vuelva a tocar
atiende a estas sáficas que mi espíritu hueco balbucea
ternura eterna contenida como aliento estas vocales
aún suspiran por amor.

Canción que tu cadencia formó mientras bajo la luna llena de la noche de Mayo
la cebolla amarilla el tulipán en la lluvia fresca la pálida hierba
el lirio la legumbre el rabanito crecen como este verso
benditos por la luz de la aurora

Contemplar para siempre sus facciones de diociocho años
ojos verdes pelo rubio músculos y piel suave y de oro con un dios
que como una voz de niño se burló de mí alguna vez hace treinta años
vení, cojeme.

un golpe en el pecho, no poder mirarlo a los ojos por miedo
la sangre me late en los oídos
la boca seca
la lengua, como si jamás se hubiera movido
las costillas tiemblan
de mi corazón se derrama un fuego conmovido
que empapan los muslos jóvenes
enfermo de amor hasta el día de hoy

Con el cuerpo pesado me siento en una silla a observarlo
dormir desnudo toda la noche con miedo de besarlo en la boca
dulce agonía de esperar el alba hace unos años
en Manhattan

***
Este poema lo leí en la Antología de poesía erótica de la Editorial Leviatán. La traducción es de Eduardo Stupía. La selección estuvo a cargo de Claudia Schvartz y se imprimió en 1988 en Argentina. Acá puedes leer mi comentario sobre esta obra.