martes, 17 de marzo de 2015

Rulos


Esto lo escribí hace unos años. Me robó varias sonrisas. Al final el experimento resultó. La foto es la prueba.
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Rulos
En mi adolescencia se hablaba de dos grupos: los guaperó y los yordan. Los primeros eran los sifrinos y los segundos los malandros. Los primeros escuchaban changa (música electrónica); los segundos, salsa. Los primeros se dejaban el pelo largo y la pollina; los segundos se rapaban la cabeza y se dejaban una platabanda arriba.



En esa época intenté dejarme crecer el pelo, como los guaperó. Si lo tuviera liso, hubiera sido más fácil, pero mi cabello es la mezcla de mi raza. De padre gocho y madre costeña, mi cabello es una mezcla.

Es grueso, con una onda fuerte, yo digo que es antigravitacional porque crece hacia arriba. En esa época, los pocos intentos que hice para dejármelo largo, perecían cuando me aburría de intentar domar mi tomuza.

Ahora, entrando en mis treinta he hecho las paces con mi cabello. La verdad, es hermoso. Muy lindo. A mí me encanta. En casa, cuando no tengo que echarme el pegoste de gelatina, mi cabello tiene una textura muy rica. Es ese tipo de cabello que puedes durar horas acariciando. Así de rico.

En estas semanas, decidí dejármelo crecer. Nuevamente. Pero esta vez con expectativas diferentes. No espero que crezca un cabello liso, de tipo guaperó.

Esta vez quiero ver mi cabello tal y como es, ondulado, divertido, a veces indomable, a veces sexy. Ya me compré champú y acondicionador para rulos hidratados. Demasiado gay, lo sé. Vamos a ver cuánto crece antes de visitar a la peluquera.