sábado, 10 de agosto de 2013

En la Argentina de Néstor y Cristina la estamos ganando

Mis viejos me regalaron el libro "Kirchnerismo para armar. Veintiséis miradas jóvenes sobre el movimiento político que cambió a la Argentina". Si lo ves en la librería, no lo dejes pasar. Es un excelente texto que ayuda entender a la Argentina actual. Haz click en el título y verás mi comentario sobre el libro.

Hoy quiero compartir con ustedes unos párrafos del capítulo "Igualdad" escrito por Pablo Ayala y Esteban Rodríguez, integrantes de los Putos Peronistas. Acá el video de la promulgación de la Ley de matrimonio Igualitario en Argentina por la presidenta Cristina Fernández.

Iara y Yenny: ¿te la van a creer?
El 15 de julio de 2010 será recordado en la historia argentina como el momento cúlmine de un Bicentenario no sólo popular y callejero sino también justo y diverso: en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de Casa Rosada, la presidenta promulga la ampliación del matrimonio civil sin distinción de sexo. El matrimonio igualitario. Para Iara y Yenny también fue un día especial. Entre calles de barro, Iara vive en una casilla a la altura del kilómetro 35 de ruta 3, en el partido de La Matanza, y su amiga venía de visita desde Chaco; justo les tocó el día: como militantes de Putos Peronistas asistir a aquella ceremonia.

Quizás a ellas les toque poco el matrimonio, ya que no tienen ni bienes ni obra social por compartir. Pero Iara sueña con una familia feliz, sabe que algún día lo conseguirá después de tantas noches frías con fríos hombres desconocidos. También sabe que algún día conseguirá otro laburo, en blanco y con mejores condiciones, dejando atrás las noches inseguras a la vera de la ruta. Pero ve el gran paso que implica el matrimonio igualitario por el que ella también batalló sin miserias ni sectarismos. Ella, puto y trava, se contiene el llanto cuando la Presidenta hace historia: "Yo no sé cómo se sentiría ella -y cuando digo 'ella' es Eva Perón- cuando presenció la sanción de los derechos políticos de la mujer; hace 58 años no podíamos votar y acá estamos, miren dónde estamos además".
Qué loco todo, esa Casa de Gobierno en la que tenía segundo domicilio el poder económico y donde se pavoneaban los hambreadores del pueblo, ya no es el lugar de los mismos: allí estaba esa mujer valiente que nos decía que "hoy somos una sociedad un poco más igualitaria que la semana pasada" y todas las maricas (putos, tortas, trans y travas) estábamos allí invitados a la cita. Una periodista con experiencia en estas ceremonias nos reconocía que nunca había visto allí un acto formal así, tan jovial y vital. La Casa Rosada de una vez por todas vestida de rosa, y Iara, llegada del 35 a la Casa Rosada, sintiendo la dignidad en acto. La dignidad que algunos teóricos de aire acondicionado no tienen idea de qué se trata; quizás porque son menos cristianos y humanistas que progresistas y materialistas.

Y al volver, ella, feliz, le pregunta a su amiga Yenny: "¿Te lo van a creer allá? ¿Te lo van a creer que estuviste con la Pre-si-DEN-TA?".

Allí también estuvo el resto de los Putos Peronistas, aquella gigante Marlene y también Teresa de Rito, la primera peronista y sindicalista públicamente reconocida lesbiana. Y fue el día en que logramos darle flor de sorpresa a Néstor, el que no nos dimos cuenta que se nos estaba yendo: lo cercamos, lo abrazamos y nos sacamos fotos al grito de "Néstor, Néstor, Néstor corazón, / acá tenés los putos para la liberación".

Mora: la estamos ganando
En esas mismas noches, Mora, travesti del altivo Paraguay del mariscal Solano López, volvía a salir a la ruta 3, allá, donde la zona urbana del fin de La Matanza va asumiendo rasgos rurales. Y otra vez le tocaban los avatares de la noche, aunque a modo de protección se quedaba cerca de las otras chicas trans con las que compartía suerte y desdichas. Fue esa noche en la que Mora tuvo que bancarse a una barrita de pibes machitos y super "piolas" que la deliraban impunemente. Machismo y heteronosmatividad puros, así le dicen. Forcejearon con su cartera y terminaron a los golpes. Iara saltó a hacerle el aguante y las dos lograron zafar de esos machotes pillados. Hace tiempo que la Mora intuye el clima de época igualitario, siente y sabe que algo ha cambiado en estos años. Y mientras el grupo de "valientes" emprende la retirada cerrando el rosario de insultos con el "¡PUTO!", la Mora los mira desde esa tierna inocencia campechana y les espeta una sentencia que supone que supone el as de espadas, la carta contra la que nada se puede hacer: "¡Sí, puto, pero les estamos ganado!"