miércoles, 13 de marzo de 2013

Homoerotismo de Eloísa Cartonera

Mi amigo Jean Carlos fue a Argentina hace varios años. Allá descubrió una iniciativa genial: Eloísa Cartonera, una editorial que hace sus libros con materiales de desecho. Las tapas son de las cajas de cartón de la basura y las páginas internas reproducidas en stencil (www.eloisacartonera.com.ar).

En las primeras páginas se puede leer: “Tapa hecha con cartón comprado a los cartoneros de la vía pública. Cortado y pintado a mano e impreso en la cartonería 'No hay cuchillos sin rosas'”. Esto quiere decir que cada portada es una obra única, irrepetible. Son hermosos.

Jean compró varios libros. A mí me trajo unos poemas homoeróticos de Ernesto Camilli. Se llama Equinoccio Homo.

1
Sobre este autor, acá un pedacito de la presentación:


Ernesto Camilli, lleno de amor, nos enseña con su poesía a disfrutar de la masculinidad del hombre simple, del trabajador callejero, del obrero, del futbolista anónimo, pero amado. Poesía desprejuiciada, en contra de la moral, puro deleite de la contemplación.

Revolución del dandinismo, disfrutadora de la porteñidad que nunca se agota. Todo lo demás es para el placer del ojo y la proliferación del chusmerío que siempre late en cada lector: escenas urbanas, cuerpos fornidos, tacheros sudados, vergas reales, semen a granel, glúteos carnosos ajustados a pantalones proletarios hacen los elementos distintivos de esta poesía del levante.

¡Imposible no enamorarse con Camilli! ¡Cómo no chusmear, imaginarse que más pasará con el tachero, el futbolista, el amante joven, el lapacho salvaje y el albañil sin andamio! ¡Una oda a la contemplación de la virilidad, una invitación a las pajas bravas!

2
Acá les transcribo algunos de los textos.

 
Te recuerdo como eras...
Te recuerdo como eras
en el último otoño,
tachero de mi vida,
por calles desalentadas
de la ciudad dormida.

La camisa entreabierta
y los pelos mojados
y el rictus de tus labios
al fingirte enojado,
y con duda en tus ojos
azules de alhucemas
de tu jardín silvestre
abierto a las sentencias.

Y el pantalón ceñido
esculpiendo tus glúteos
y tu sexo carnoso
como fruto maduro.

Así fuiste este otoño
mi macho pasajero,
quién guiaría tu taxi,
¿eres vos o el lucero?

..................

Se juntaron todas...
Se juntaron todas las palabras
para vender y comprar,
las palabras para lastimar,
las palabras para encrespar el dolor,
apara horrorizar,
para entristecer,
las palabras para punzar,
para desconsolar, para estrangular el alma,
para abatir los sueños.

¿Cómo se nutre ahora
nuevamente
nuestra ternura árida?

Y surge desde el pozo
del fondo del abismo,
se reteje el deseo
cuando se acerca el rito.

Y es que desde la furia
sangrante de la pena
tu semen que es nutriente
riega mi alma y la quema.

....................

Lapacho, aromo...
Lapacho, aromo, acacia,
fresno, retama, boj,
alameda, cardales,
robledal, lirio en flor,
si al nombrarlos
enciendo el arquetipo,
mi palabra es mendiga
               que agoniza de amor.

Saliva, semen, glúteos,
azila, corazón,
ingle oscura de arañas
como una confesión,
si al lamerlos
como una loba hambrienta
paladeo las sales de la Tierra
                es que descubro a dios.