Era una noche como otras, había ido varias veces a Tiffanys. En esa época tenía 18 años, e iba a las disco a buscar amigos. Aunque suene ingenuo, eso era lo que buscaba. No quería sexo, ni nada de eso. Solo quería un amigo, porque me sentía muy solo.
Siempre que iba se me pegaba un tipo, feo, viejo, desagradable. Yo iba solo, con una cara de bebé que todavía tengo.
Esa noche, como siempre, me tomé un tequila al llegar, bailé en la pista, descansé un rato, regresé a la pista y en eso se me acerca un carajo y comenzamos a bailar, tipo tranquilo. La pasamos bien chévere. Le dije que iba a beber algo y me acompañó. Hablamos con más calma.
Me preguntó qué buscaba, le dije “amigos”. Me preguntó qué respondería si me ofrecían tener sexo. Le dije que no quería sexo, sólo quería hacer amigos.
Hablamos otro rato, su amigo le dijo que ya se iban. Él me preguntó si quería ir a su casa a hablar un rato, y yo, un carajito de 18 años, de verdad pensé que íbamos a hablar.
