sábado, 21 de noviembre de 2015

De vuelta al gimnasio


Año 2007

Hoy fui al gimnasio de nuevo. Tenía tres semanas que no iba. He estado un poco bloqueado. Poco a poco he ido rompiendo esa inercia.

A mí me resulta gracioso. Toda la vida he sido un flaquito. Y como muchos flaquitos he hecho planes de comenzar a ir al gimnasio toda la vida, pero siempre conseguía una buena excusa para no empezar.

Hace un año salí de mi primera relación larga. Me enamoré de ese chico y la cosa funcionó por un tiempo, pero luego no; y terminamos. Salí magulladito.

Y al mes del rompimiento comencé a ir al gimnasio. Aunque en esa época no lo reconociera, iba al gimnasio por él. No porque él fuese a ese sitio, sino porque soñaba con encontrármelo en la calle y él me viera más papeado, más lindo, más atractivo y se diera cuenta que había cometido el error más grande de su vida dejándome ir. Jajajaja

Tal cual. Pueden reírse.

Con el tiempo comencé a ir porque me gustaba muchísimo. En mi caso una rutina normal en el gimnasio es casi tan bueno como un buen polvo. Ajá. Primero, yo sudo muchísimo, cuando tiro y cuando voy al gimnasio. Segundo en las dos actividades tu cuerpo libera muchas endorfinas que generan una sensación de bienestar. Y tercero en las dos actividades termino jadeando, en una de placer y en otra de cansancio.

Tienes razón, no es igual. Nada como un buen polvo, pero para mí a veces son muy parecidos.

Ya voy para un año asistiendo al gimnasio y mi cuerpo ha comenzado a cambiar. Pongámoslo así. Yo mido más de 1 metro 80 cm, y hace un año llegué a pesar 69 kilos. ¿Te imaginas?

Hace unas semanas me pesé y estoy sobre los 80 kilos.

(Aplausos)

Gracias, gracias. Once kilos en menos de un año.

Ya no voy al gimnasio por mi ex. Ahora voy por mí, para drenar estrés, para sudar, para relajarme, para olvidarme un rato del mundo, para ver chicos bellos, voy por mi salud, por mí, para verme y sentirme mejor. Es muy rico.