miércoles, 11 de marzo de 2015

¿Por qué leo vorazmente?


Esto lo escribí en el 2010. Antes de cumplir treinta años. Desde esa época devoro libros compulsivamente.
…………
Finito
Crecí entre libros. Mi papá y mi mamá son ávidos lectores. Cuando estuve en la universidad solía leer fotocopias. Compraba pocos libros porque eran costosos, la universidad era privada y la pagamos con grandes sacrificios.

Apenas recibí mi primer salario como periodista graduado, fui a una librería y me regalé un ejemplar.

Con los años, el hábito se mantuvo.



En un trabajo me mandaron a Brasil por unos días. Gasté todos mis viáticos en libros nuevos y usados. En esa época estaba tomando clases de portugués y esos textos me vinieron de maravilla.

En las ferias del libro de Caracas mi papá, mi mamá, mi prima y yo hacíamos desastres. Hace tiempo dejé de contar cuántos libros comprábamos por feria o por año.



Pronto cumplo treinta años y en diciembre me di cuenta que probablemente haya comprado libros que no podré leer. No porque no quiera sino porque no tendré suficiente tiempo para leerlos.

En un escenario muy positivo, si leyera un libro por semana, serían cincuenta y dos al año, un poco más de quinientos por década, cerca de tres mil libros en lo que me puede quedar de vida, si llego a los ochenta y la presbicia me deja.

Así que decidí empezar a leer disciplinadamente. Todo lo que hasta ahora he comprado. Hay muchos en lista de espera. Muchísimos. Pero hasta ahora lo he disfrutado. Kapusinsky, Gabo, Mistral, Galeano, Poniatowska.

Lo gracioso es que ahora entro a una librería y cuando veo un título que me gusta, me digo “en la casa hay siete mejores que éste”, y no me lo llevo.



Creo que en el fondo de todo esto, lo que me golpeó fue la idea de la muerte, de mi propia muerte. Sé que tarde o temprano va a pasar pero me aterró la idea de que mi vida fuese finita, efímera, transitoria.

Por ridículo y absurdo que parezca, pensar que existen libros en mi biblioteca (ahora, ya) que no podré leer, me hizo reconocer que tarde o temprano moriré. ¡Qué loco! Extraña manera de lidiar con mis miedos.