lunes, 7 de julio de 2014

El activismo en mi vida (I de V)


Esta es la primera nota de un seriado donde intento exponer mis ideas en torno al activismo, entendido de manera amplia, no sólo en el área de la diversidad sexual.



1
No al complejo de mártir

Para mi tesis de pregrado reconstruí la historia de 6 publicaciones impresas venezolanas dedicadas a la población LGBT. Fueron Entendido (1980), Igual Género (1994), En Ambiente (1999), Viceversa (2001), Equiláteros (2001) y La Voz de Lambda (2001).

Tuve que conversar con los promotores y colaboradores de estos seis proyectos editoriales. Aprendí un montón.

Durante las entrevistas, escuché reiteradamente una queja de los activistas voluntarios. Muchos habían terminado en malos términos con los coordinadores de las revistas.

El comentario de los activistas era algo así como "Yo, después de todo lo que hice por ese proyecto, cómo me trataron. No valoraron todo lo que aporté, mi tiempo, mi energía, mis contactos, y al final ni siquiera me dieron las gracias. Nunca cobré nada. Todo fue como voluntario. Son unos malagradecidos".

¿Qué aprendí de eso? Si alguna vez participaba como voluntario en un proyecto, no iba a asumir el papel de víctima o mártir al final de esa relación de cooperación.

Me niego a hacer el papel de víctima. Si quiero hacer trabajo voluntario, lo hago porque YO QUIERO, no porque me lo pidan. No necesito que me den las gracias, no lo hago para que me pasen la mano por encima, ni para que me echen flores. Lo hago porque me gusta, porque me gusta sentirme útil. Lo hago porque el trabajo voluntario ya es, por sí solo, gratificante.

2
No embarcarse en proyectos imposibles

Cuando estábamos en quinto año de bachillerato, unos compañeros de clase sacamos un periódico estudiantil. Fue un trabajo cuesta arriba. Todo fue cuesta arriba.

Escribir o buscar los textos, diagramarlos, buscar el dinero para la imprenta, reproducirlo y por último, venderlo. Aprendí mucho pero fue una experiencia agotadora.

El equipo de trabajo inicial no se mantuvo. Hubo bajas en el grupo y yo asumí muchas de las tareas para mantener a flote el proyecto. No quise entender que el periódico estaba naufragando.

Al final de ese año había peleado con la mayoría de mis amigos de bachillerato y el periódico no se mantuvo en el tiempo.

¿Qué aprendí de eso? No embarcarme en proyectos imposibles. Antes de comprometerme con una idea, la evalúo. ¿Hay un equipo de personas comprometido y que pueda llevar a cabo esta iniciativa? ¿Cuentan con los recursos económicos para mantenerlo en el tiempo? ¿Cuánto de mi tiempo va a exigir esta actividad?

Dependiendo de las respuestas, me involucro.

Cierre
De esto aprendí que todo lo que haga es porque yo quiero hacerlo, porque me da la gana, no porque los demás me lo pidan. Y después de hacerlo, no voy a estar arrepintiéndome.