viernes, 30 de mayo de 2014

¿Cómo luchar contra la homofobia en las aulas de clase?


Hoy comparto esta nota de la periodista española Susana Hidalgo. Es sobre el trabajo de la Fundación Triángulo para promover el respeto a la diversidad sexual en las aulas de clase en los pueblos pequeños de España. Bien interesante la iniciativa. Ojalá repliquemos esta experiencia en este lado del charco.

Los gays se mueven contra la homofobia en las aulas
Las asociaciones de homosexuales organizan talleres para informar a los estudiantes sobre cómo afrontar su condición. La mitad del colectivo sufre algún tipo de violencia en clase
Susana Hidalgo

26/05/2009

Clase de 3º de ESO (15 y16 años) en el instituto de Cadalso de los Vidrios, una localidad madrileña de 3.000 habitantes. Pablo López, homosexual de 28 años y activista de la Fundación Triángulo, una de las asociaciones que encabeza la lucha a favor de los homosexuales, acude a dar un taller sobre tolerancia a los chavales. Pablo pregunta a uno de los chicos:

- José Mari, ¿eres un hombre o una mujer?

- Un hombre.

- ¿Por qué?

- Joé, porque tengo huevos. (Risotada general).

Para muchos chavales, que apenas han salido de su municipio, Pablo es el primer gay reconocido con el que hablan cara a cara. El Rafita, un señor del pueblo, también es gay, pero ellos sólo han oído rumores sobre el tema. "Ah, y luego está la lesbiana de Cenicientos [localidad próxima]", apunta una chica, recalcando mucho la singularidad con ese "la".

Hora de clase, esta vez sustituida por la charla de la Fundación Triángulo. Los chicos miran y remiran a Pablo con curiosidad. Viste moderno, es guapo y simpático, lleva pendiente y zapatillas de moda.

Nueva pregunta a otro alumno, que retuerce nervioso las manos:

- Si un amigo tuyo te dice que es gay, ¿qué harías?

- ¡Buf, no sé! Le diría que se lo pensara mucho, que se equivoca.

La labor con los chavales es ardua. Muchos reconocen que utilizan la palabra "maricón" como un insulto y que les costaría aceptar una amistad con un homosexual. Víctor, otro alumno, resume en una frase su rechazo a los gays: "Desde chiquinino me han enseñado así. Y ya está, no me gusta".

El activista se esfuerza en explicar a los alumnos que si hay un compañero homosexual y no se atreve a decirlo, "lo estará pasando muy mal". Silencio en el aula y gestos de asentimiento.

El sentir general de los chicos de esta clase coincide con los datos generales: el 30% de los jóvenes varones reconoce haber participado en acciones homofóbicas (insultos, agresiones, burlas), según un informe de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Una de cada dos personas con estas inclinaciones sexuales dice haber sufrido algún tipo de violencia en su centro educativo, según el estudio.

Cómo contarlo en casa
Las asociaciones de gays y lesbianas muestran una especial preocupación por los chicos y chicas de las localidades pequeñas. "Esos que nunca saldrán del armario hasta que lleguen a Chueca [barrio gay de Madrid] y se sientan liberados", explica Pablo.

Alarmados porque las nuevas generaciones no han recogido el testigo de la tolerancia, la Fundación Triángulo organiza talleres en institutos, y la FELGTB visitó recientemente al Defensor del Pueblo para mostrarle su preocupación. "Para los jóvenes de las zonas rurales faltan referentes homosexuales positivos. Un chico de pueblo vive la homofobia del instituto en silencio porque tampoco lo puede contar en casa. Como dice una amiga: La diferencia entre un adolescente negro y uno gay es que el negro no tiene que contárselo a sus padres", ironiza Antonio Poveda, presidente de la FELGTB.

El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ha pedido a la FELGTB que le ceda todos los datos de que dispone para poder iniciar una investigación.

Otro frente antihomófobo lo forma el programa de igualdad de la Fundación Triángulo. Pablo explica que muchos chicos creen que son tolerantes sólo porque no pegan o insultan a los homosexuales. "Pero luego reconocen que no tendrían un amigo gay, y eso es lo que hay que cambiar", asevera.

Rubén López, de 29 años, sabe bien lo que es ser homosexual en una localidad pequeña. Él es de Talavera de la Reina (Toledo) y recuerda que de los 12 a los 20 años se quitó "la pluma". "Mi pueblo tiene ya 83.000 vecinos, pero la mentalidad es conservadora. Tuve novias, me masculinicé, creía que era un bicho raro", cuenta Rubén, portavoz de Arcópolis, asociación para universitarios homosexuales, y de Bolo Bolo, la agrupación gay de Talavera. Como otros tantos, salió del armario cuando se trasladó a vivir a Madrid. "Después de la visibilidad, de que te vean una vez dándote un beso, viene la normalización: que te puedan ver siempre", aclara.

Rubén cuenta su historia a las puertas de Metrochueca, el primer bar de ambiente de Talavera. El local abrió hace apenas un mes y no fue bien recibido por una parte de la sociedad talaverana, que hizo un llamamiento a manifestarse en contra el día de la inauguración. "¡No podemos permitirlo. Nuestros hijos no tienen por qué presenciar a dos personas del mismo sexo besándose!", rezaba la convocatoria en la red social Tuenti. Pero las amenazas quedaron en nada. "Se juntaron cuatro niñatos en la puerta y ya", explica Panchi de Benito, de 36 años, lesbiana y promotora del bar. Panchi trabaja en Madrid de lunes a viernes y todos los fines de semana se desplaza a Talavera a gestionar el local. "Si tuviese la discoteca en Madrid, con más posibilidad de público, lo tendría sólo para chicas", dice esta empresaria.

El pasado viernes por la noche un grupo de adolescentes gays bailaba dentro del local. Había también público hetero que había salido a divertirse. Rafa, de 24 años, servía copas detrás de la barra. "Yo nunca he salido del armario porque nunca he entrado. He estado toda la vida fuera", contaba resuelto, antes de ofrecer a unas chicas un chupito gratis.

A su lado, María, de 23 años, talaverana que estudia en la capital, explicaba: "Salí del armario cuando me fui a Madrid. Allí eres anónima". Ella cree que las mujeres lo tienen aún más complicado que los hombres en eso de visibilizar su identidad sexual. Y, antes de seguir divirtiéndose, lanza un mensaje a los más jóvenes: "Que salgan del armario en cuanto escuchen los primeros rumores, ¡no hay nada peor que aguantar cotilleos!".