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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Pensión para mujeres trans viejitas por haber soportado una vida de discriminación, violencia y exclusión


Esto es un batacazo. En Argentina, la justicia ordenó al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dar una pensión mensual a cinco mujeres transexuales viejitas. Estos subsidios extraordinarios y reparatorios deben ser equivalentes al salario mínimo vital y móvil de Argentina.

El gobierno de la plaga de Mauricio Macri está obligado a pagar esta pensión como una medida de reparación por haberlas hecho vivir una vida de marginación, violencia, discriminación y exclusión.

La decisión la tomó la jueza Elena Liberatori y crea un precedente que pudiera replicarse en otros países de la región.

Comparto este párrafo de nuestros compas de Página 12. "Una de las beneficiarias de la sentencia es Mariela Muñoz, una mujer trans que luchó contra la policía y luego la Justicia para que se la reconozca por su identidad autopercibida y se le diera la tenencia de algunos de los 23 niños y niñas que había criado. En 1997, con nuevo DNI obtenido vía judicial, fue precandidata a concejal en Quilmes por la lista del Partido Justicialista. Hoy, con 70 años, no puede cubrir sus necesidades básicas y le cuesta ver, oír y caminar, como consecuencia de haber padecido un ACV. No percibe jubilación ni pensión".

Las otras beneficiadas por la decisión judicial son Marlene Jaimes, Julieta Romero, Norma Giraldi y Yanina Moreno.

¿Cómo se logró esto?
La Mesa Nacional por la Igualdad, la Federación Argentina LGBT y la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero (Attta) presentaron un amparo judicial exigiendo esta pensión. Lo hicieron luego de que la derecha bloqueara un proyecto de ley en el parlamento local que preveia una pensión para las personas transgéneros viejitas.

Unas cifras
El promedio de vida de una persona trans en la Ciudad de Buenos Aires es de 35 años. Así lo revela un informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Nuestra compañera María Rachid declara: “Las estadísticas exponen que las personas trans que han alcanzado la edad de cuarenta años pueden ser consideradas verdaderas sobrevivientes aunque, sin dudas, esa edad las encuentra en su mayoría excluidas de todo ingreso, beneficio social, previsional o jubilatorio, por las hostiles condiciones sociales y culturales en que se han desarrollado. Por eso, estas acciones intentan reparar algo por esos años de sufrimiento y derechos vulnerados”.

Concluye María Rachid: “Si bien la Ley de Identidad de Género representó un paso más para la igualdad jurídica, hoy vemos que muchas de ellas continúan padeciendo las múltiples consecuencias de la discriminación y la violencia de todos estos años, en todos los ámbitos.”

Lee la nota completa en Página 12

martes, 20 de agosto de 2013

Claudia Pía, una militante LGBTI excepcional de América Latina y el Caribe

Navegando por Issuu me encontré con la versión digital de la revista argentina Actitud Diversa. El número que encontré, el de abril de 2012, trae varias notas por la muerte de Claudia Pía Baudracco, una militante sexodiversa de ese país.

No la conocí, pero lo que escriben de ella es hermoso.

Comparto esos textos a manera de homenaje póstumo. La fotografía de apertura es de Fuente2Fernández.
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Cuando una amiga se va
Hasta siempre, Pía...

El pasado 18 de marzo (de 2012) la militancia LGBT (de Argentina y América Latina) perdió a una de sus máximas referentes: Claudia Pia Baudracco. Desde esta publicación queremos despedirla a través de las palabras de algunxs amigxs de Actitud, que compartieron su lucha.

Esteban Paulón, presidente FALGBT
"Muchas veces se suele decir que nadie es imprescindible. Sobre todo en la militancia y el activismo. Y en líneas generales es cierto. Pero toda regla tiene una excepción. Y Claudia Pía Baudracco es la excepción de nuestra regla. Y si no fuera imprescindible, de seguro todxs coincidirán conmigo en que Pía hacía la diferencia. Carismática, testaruda, persuasiva, luchadora, tenaz, tierna y cariñosa, Claudia Pía Baudracco nos va a hacer mucha falta. Nos dejó - fruto de su lucha y la de tantxs activistas - la media sanción de la ley de Identidad de Género (ley que otorgará derechos que ella nunca podrá gozar) pero la vamos a extrañar para encarar el enorme trabajo que viene detrás de la aprobación del proyecto. Su nombre seguramente se transformará muy pronto en bandera de lucha de todo el movimiento de la diversidad sexual. Para muchxs será estandarte, para nosotrxs, simplemente Pía. Pía, una imprescindible".

María Rachid, legisladora porteña del progresista Frente para la Victoria
"Junto a Claudia Pía el movimiento LGBT derogó los edictos policiales en la Ciudad de Buenos Aires; incluyó la no discriminación por orientación sexual en su Constitución; denunció y escrachó a cientos de policías y funcionarios cómplices; se presentó en las comisarías donde se arrestaba a una persona trans; denunció al servicio penitenciario; ofreció capacitaciones en hospitales, escuelas y cárceles; presentó el proyecto de matrimonio igualitario y proyectos de ley de identidad de género y atención sanitaria para las personas trans; y decenas de amparos que le reconocerían la identidad a personas trans, menos el de ella que optó por llevarlo hasta la Corte Suprema para empujar la sanción de los proyectos de ley. “Por fin estamos cosechando todo lo que sembramos” decía. Pía se fue y aún estamos en deuda. El movimiento, la FALGBT, la sociedad argentina, saldará esa deuda. Por la construcción de un país justo e igualitario y ahora también por la memoria de Claudia Pía Baudracco y otrxs que, como ella, sembraron justicia y no llegaron a cosechar sus frutos".


Gustavo Pecoraro, director editorial de El Vahído
"Existe un lugar donde no habita el olvido. Un lugar lleno de verdades y certezas. Allí habita el amor hacia la gente que respetamos. Esas personas que de algún modo serán imborrables. Ha muerto Claudia Pía Braudacco, una de las potentísimas militantes por los derechos aún postergados de las personas travestís, transexuales y transgéneros. Una de esas compañeras necesarias. Las que tiene una historia llena de certezas, y recuerdos. La noche de su velorio todo el arco político e institucional de la comunidad LGTBIQ le brindó su respeto. La nueva generación de activistas estaba hundida en el dolor, y hasta los militantes que ya peinamos canas no pudimos contener las lágrimas. Toda una comunidad unida en un momento doloroso, como debe ser cuando se le dice adiós a una valiente. Hacía mucho que este sentimiento no invadía nuestros corazones. Creo que desde la muerte de Carlos Jáuregui no hubo una despedida de tal magnitud. Y eso dice mucho de Claudia Pía. No fue parte de mi familia, ni siquiera una íntima amiga. Pero su lucha y su tenacidad, honra mi lucha. Nuestras banderas también flamearán ahora con tu aroma y con tu voz. Claudia Pía Braudacco, hasta la Victoria, compañera".

sábado, 27 de julio de 2013

La mejor crónica que he leído sobre el matrimonio igualitario en Argentina

El 15 de julio de 2013 se cumplieron tres años de la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina. Esta iniciativa contó con el apoyo personal de la presidente Cristina Fernández y su esposo, senador para la época, Néstor Kirchner.

¡Cuántas cosas han pasado en estos tres años! Néstor se fue, Chávez también, Lula superó un cáncer, derrocaron a Fernando Lugo en Paraguay. Yo soy optimista y como dijo el presidente eterno, Salvador Allende, más temprano que tarde, pasará el hombre y la mujer libres, debajo de las grandes alamedas.

Les transcribo esta crónica buenísima de Bruno Bimbi. Él fue uno de los promotores del matrimonio igualitario en Argentina. Después escribió un libro sobre su experiencia. Luego se fue a Brasil a apoyar esta iniciativa y ya en el gigante del sur lo lograron. Sin duda, esta crónica me aguó el guarapo. Pedro Zerolo, María Rachid, Bruno Bimbi. Necesitamos muchos más como ellas y ellos.

Argentina: el matrimonio igualitario cumple 3 años y ya se casaron 7 mil parejas
Bruno Bimbi / Lunes 15 de julio del 2013

Estábamos locos.
 
Eso fue lo que mucha gente nos dijo cuando, hace un siglo, o sea, seis años y pico, lanzamos una campaña para conseguir la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina.

El 14 de febrero de 2007, cuando fuimos con María Rachid y Claudia Castro al registro civil de la calle Uruguay y ellas se acercaron al mostrador y dijeron que querían pedir turno para casarse, parecía, sí, una locura. Sabíamos que les dirían que no y ya teníamos preparado un recurso de amparo que redacté junto a dos abogados. Después de presentarlo en Tribunales, el segundo paso sería ir al Congreso con un proyecto de ley y pedirle una entrevista a Néstor Kirchner, para que el reclamo llegara a los tres poderes.

Nuestro optimismo parecía chocar con la realidad. El matrimonio gay —la palabra “igualitario” empezamos a usarla mucho tiempo después— sólo era legal en Holanda, Bélgica, Sudáfrica, Canadá, España y el estado norteamericano de Massachussets. Y en Argentina todos esos lugares parecían tan lejos que casi nadie nos tomaba en serio.

—Está muy bueno lo que están haciendo, pero ustedes saben que no lo van a conseguir, no se ilusionen —nos decían los amigos.

—Ustedes confunden la audacia con la temeridad —nos decían otros que no eran amigos.
—Lo hacen para salir en los diarios, ellos saben que es imposible —nos acusaban quienes conducían, por aquel entonces, el movimiento LGBT.

En el Página/12 de aquel día, junto a la nota de Andrés Osojnik que traía la primicia del lanzamiento de nuestra campaña, venía un recuadrito con la opinión del presidente de la CHA, César Cigliutti: en contra. Decía César que el matrimonio estaba ligado a la idea de sacramento. Hoy no se acuerda, pero eso fue lo que dijo durante años, mientras hacía todo lo posible para convencer al gobierno de que no nos diera pelota y apoyara su proyecto de “unión civil”, redactado por una jueza de derecha, Graciela Medina, que luego fue al Senado a hablar contra el matrimonio igualitario con la camiseta de la organización fundada (¡qué bronca le daría!) por Carlos Jáuregui.

Nosotros nos habíamos jurado que jamás aceptaríamos esa ley para ciudadanos de segunda, porque por lo que peleábamos no era apenas por la herencia o la obra social, sino por la igualdad ante la ley, que sólo conseguiríamos con el matrimonio. Y se lo dijimos al entonces ministro Aníbal Fernández cuando nos recibió, al año siguiente, para conversar sobre el tema. Con nosotros iba Marcela Romero, vicepresidenta de la Federación Argentina LGBT, y fue la primera vez que una transexual entró a un despacho de la Casa Rosada. La ley de identidad de género era otro de nuestros proyectos utópicos e imposibles y Marcela tenía aún un DNI con nombre de varón, que habría causado problemas en la entrada si Aníbal no hubiera dado la orden de que la dejaran pasar. Desde ese primer día, siempre nos apoyó y fue, junto con María José Lubertino, nuestro interlocutor con Néstor y Cristina.
Estábamos locos pero seguros de lo que estábamos haciendo y, quizás por nuestra locura, convencidos de que lo íbamos a conseguir. Tiempo antes de la aprobación de la ley se lo aposté al dueño de uno de los principales multimedios del país (no ese que estás pensando, sino otro) mientras tomábamos un café en Río de Janeiro.

—La unión civil puede ser, pero el matrimonio no pasa ni en pedo en el Senado. Olvidate —me dijo.

—Apostemos.

—¿Qué querés apostar? Vas a perder.

—Me das alguna de tus revistas.

—Pero si perdés, que es lo que va a pasar, vos no tenés con qué pagarme —me dijo, y tenía razón apenas en lo último. El 13 de julio de 2010, cerca de las diez de la noche, ese mismo empresario me confirmó el voto de un senador de la oposición que teníamos en duda. Los contábamos de a uno y, un día antes del inicio de la sesión, aún no sabíamos si ganábamos o perdíamos.

Estábamos locos y éramos, al principio, muy poquitos. Las primeras reuniones para organizar la campaña cabían en la mesa de la cocina de la casa de María, que había lanzado junto a Esteban Paulón y otros activistas la idea de crear una Federación que, por entonces, estaba en pañales. Éramos poquitos y sólo contábamos, al principio, con el apoyo de dos diputados socialistas, Eduardo Di Pollina y Silvia Augsburger, una senadora del ya casi extinguido Frepaso, Vilma Ibarra —Eduardo fue un pionero y el trabajo de Silvia y Vilma fue un ejemplo de seriedad, compromiso y militancia que siempre les agradeceremos—, nuestra amiga María José Lubertino —que tiempo después pondría al INADI al servicio de la causa— y algunos pocos legisladores que eran minoría en sus bloques. De a poco fuimos sumando a otrosPágina era el único diario que nos tomaba en serio y hasta los chicos de las agrupaciones universitarias de izquierda que habían ofrecido apoyarnos se ponían colorados si les pedíamos que pegaran en su facultad un afiche donde aparecía la palabra “homosexual”.

Ese país, por suerte, ya no existe.

La primera vez que escuché a alguien defender el matrimonio igualitario fue en Porto Alegre, en el Foro Social Mundial de 2005. Quien hablaba era Pedro Zerolo, activista gay español y entonces asesor del presidente Zapatero. Decía Zerolo que España sería “el primer país latinoamericano” que lo conseguiría — porque Pedro, nacido en Venezuela, criado en Tenerife y radicado en Madrid, dice que España es “el más latinoamericano de los países de Europa”, definición que desde entonces adopté.

Me acerqué a hablar con él y lo primero que me dijo es que nosotros debíamos ser los próximos.

—Ojalá, Pedro. Pero es imposible. En Argentina, faltan veinte años —le dije.

—¡No me vengas con imposibles! En España también era imposible y la ley se aprueba en unos meses, ya verás —me respondió.

Siempre me acuerdo de ese diálogo porque, desde que lo conseguimos en Argentina, apenas cinco años y medio después de aquella conversación con Pedro, lo he escuchado repetidas veces en otros países.

—Brasil no es Argentina, Bruno. Acá eso es imposible —me dijeron varias personas en las primeras conversaciones sobre el tema con activistas brasileños que tuve desde que el diputado carioca Jean Wyllys me pidió que lo ayudara a organizar la campaña por el matrimonio igualitario en su país. Yo acababa de publicar un libro en el que cuento cómo lo conseguimos en Argentina y le regalé a Jean un ejemplar. Luego de terminar la maestría que había ido a hacer a Río de Janeiro, estaba preparando mi regreso a Buenos Aires.
 
—¿Me das el libro y te vas? Ni loco. Te quedás y me ayudás hasta que lo consigamos acá —me dijo Jean, y me convenció. Armamos un equipo con otro activista, João Junior, y lanzamos una campaña que, en muchos aspectos, reprodujo la experiencia argentina. Vivir esa historia dos veces, en dos países, fue muy emocionante.

El 14 de mayo de este año, luego de muchísimo trabajo, lo conseguimos. El Consejo Nacional de Justicia reglamentó el matrimonio igualitario en todo Brasil, que se convirtió así en el 15º país en reconocer ese derecho. Cada año son más. Y ahora seguimos trabajando para que esa conquista se plasme en una ley y una enmienda constitucional (los fundamentos del proyecto los escribí yo a pedido de Jean), para que nunca haya vuelta atrás.

—Ecuador es otra cosa. Acá lo veo muy difícil —me dijeron algunos activistas hace dos meses en Guayaquil, donde hicimos un taller para formar el equipo que lanzará la campaña allá. Ya está la pareja que va a presentar el amparo: son dos mujeres, como María y Claudia. Y ya hay diputadas con ganas de apoyar en el Congreso. El mes pasado fuimos a México con Jean, donde ya hay ley en la Capital y un grupo de activistas quiere instalar el debate a nivel nacional.

Yo me estoy preparando para festejar de nuevo.

Argentina dio, hace tres años, un paso histórico. Siete mil parejas ya se casaron y hablar de matrimonio igualitario, más que una locura, ahora empieza a sonar obvio. Pronto costará entender que en una época era ilegal, que había gente que estaba en contra, que generó tanta polémica, como hoy cuesta entender que haya sido polémico el voto femenino o que haya habido lugares del mundo en los que hace menos de un siglo los negros tenían que sentarse en los asientos de atrás de los ómnibus.

El matrimonio igualitario abrió la puerta a otros derechos y hoy Argentina tiene la legislación más avanzada del mundo en el reconocimiento de la ciudadanía de la población LGBT. Sí, repito: la legislación más avanzada del mundo, aprobada durante el gobierno de Cristina Kirchner, con su apoyo (fundamental para conseguirlo) y el de varios importantes líderes de la oposición. Convencerlos costó, pero lo conseguimos, y el resultado ya es patrimonio de todos. Todas las leyes y todo el cambio social y cultural que vino después son una prueba de lo importante que era dar aquella batalla cuando parecía imposible.

No peleábamos apenas por el matrimonio, sino por todo ese cambio que ahora estamos consiguiendo, que cada día que pasa se nota más. Estamos derrotando al prejuicio y la vida de millones de personas está cambiando por eso, para mejor.
Hoy el resto de la región nos mira como ejemplo.

Estábamos locos, pero lo hicimos. Y hoy, tres años después, vamos a festejarlo.

Los espero a las 18 horas en la Legislatura Porteña, Perú 160.

En serio, no falten.