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domingo, 23 de marzo de 2014

¿FFAA libres de homofobia y con militares abiertamente LGBT?


Me gustó esta noticia de Uruguay. No sé si se dio antes o después de las lamentables declaraciones del Ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro.

El Ministerio de Defensa uruguayo restituyó los derechos de un militar expulsado por ser gay durante la dictadura militar. No se divulgó el nombre del militar. A él se le indemnizó y se le restituyó en el cargo de general.

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿Qué le pasó al ministro de defensa de Uruguay?

En Uruguay gobierna el Frente Amplio, una coalición de partidos y movimientos de izquierda creada por el general Liber Seregni. Llegó al poder con Tabaré Vasquez en 2005 y se mantiene ahora con nuestro querido Pepe Mujica.

Uruguay está dando lecciones a América Latina y al mundo. En 2013 legalizaron el aborto, reconocieron los derechos de las familias gays y lesbianas y en el parlamento avanza un proyecto de legalización de la marihuana.

Ajá ¿y qué pasó con el ministro?
El cuento es que recientemente el ministro de defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, dio una entrevista a la revista Caras y Caretas ¿Qué dijo?

La izquierda “está discutiendo la nueva agenda de derechos, que los homosexuales se puedan casar y cosas así. ¡Dejate de joder, hermano! Esa agenda la hacen Estados Unidos y la socialdemocracia europea, que inventaron ese radicalismo con las mujeres, los homosexuales, esto y aquello para no hablar de lo que importa realmente. Esa agenda no jode a nadie y somos tan giles que no lo vemos. El problema no está en si los homosexuales sí o los homosexuales no. El problema está entre los homosexuales ricos y los homosexuales pobres. Los homosexuales ricos no tienen ningún problema, nabo, no tienen ningún problema. El problema está en que hay ricos y pobres. Acá lo que pasa es que se olvidaron de la lucha de clases. ¡De la lucha de clases nada menos!”.

Lo único que le faltó a Huidobro fue decir que los maricos éramos una desviación pequeño burguesa. Si lo hubiese dicho, creo que le habría costado el cargo.

¿Porqué no te callas, Huidobro?
Provoca llamar al chacal de la trompeta para gritarle a este ministro FUEEERAAA.

El machismo y la homofobia son dos antivalores recurrentes entre los militantes de la izquierda latinocamericana y caribeña. Durante los años 60 y 70 estos compañeros decían que las demandas de las mujeres, los ecologistas, etc. diluían la energía y olvidaban la pelea principal contra el sistema capitalista.

En esa época, la izquierda decía que la homosexualidad era una desviación pequeño burguesa. No es de gratis. Es parte del legado de Stalin en la Unión Soviética y todavía hay algún cavernícola que saca esas ideas del baúl de los recuerdos.

Corderos contestatarios
Nuestrxs compas de las Ovejas Negras protestaron este "desliz" de Huidobro e inmediatamente sacaron un comunicado condenando las declaraciones. Qué diferencia con las organizaciones LGBTI caraqueñas y su concierto de grillos.

Acá unos párrafos: “El Ministro plantea una falsa oposición entre estos derechos y la lucha de clases, pero el combate a la pobreza –por más justo que sea- no ataca las raíces de la discriminación. La homofobia, lesbofobia y transfobia, al igual que la violencia de género, reafirman las barreras socioeconómicas. Lamentamos profundamente estas afirmaciones arcaicas, llenas de desprecio por el trabajo colectivo de los movimientos sociales, que emergen sin dudas de una forma de ver el mundo machista y homofóbica”.

Por expresiones como las de Huidobro, en América Latina algunxs diferencian entre la vieja y la nueva izquierda. La vieja defendía los grandes temas de propiedad de los medios de producción, la superestructura, la plusvalía, etc. La nueva izquierda introduce demandas concretas de las feministas, sexodiversos, ecologistas, indígenas, pro respeto animal, pro legalización de la droga, pro eutanasia.

Los más jóvenes llaman "dinosaurios" a los compas de los años 60 y 70. Es paja. Dieron su lucha en una época difícil, la Guerra Fría, con muchas dictaduras proestadounidenses en el continente. Es muy cómodo descalificarlos, pero leyendo declaraciones como las del ministro de defensa uruguayo, se me viene a la mente la película de Parque Jurásico. Lo siento Huidobro, tú no ayudas.

Si quieres más detalles, lee esta nota de El Observador de Uruguay

viernes, 3 de mayo de 2013

Las voces de la intolerancia


El Frente Amplio de Uruguay dio un paso histórico hace unas semanas al reconocer los derechos de las parejas formadas por el mismo sexo.

Como en toda sociedad democrática hubo voces a favor y en contra. Seguramente en la historia hubo grupos que se opusieron a que las mujeres ejercieran el derecho al voto, o que los negros no fuesen discriminados. El matrimonio igualitario no iba a ser la excepción.

Afortunadamente cada día hay menos intolerantes y este tipo de voces sólo quedan como testimonio de la intolerancia y la homofobia de una época pasada. En medio siglo nadie se preguntará si las mujeres podían votar, si los negros e indígenas eran personas o si los homosexuales y lesbianas eran capaces de formar familias y criar hijos e hijas.

Pero como una muestra de las voces que serán barridas por la historia quiero compartir este editorial del diario uruguayo El Observador titulado “El matrimonio que no es”.

Estos son algunos de los argumentos que tendremos que escuchar mientras sigue avanzando el reconocimiento de nuestros derechos en el continente latinoamericano y caribeño.

El matrimonio que no es

© M.CERCHIARI

El Parlamento uruguayo consumó el miércoles un disparate jurídico, una imposibilidad biológica y una agresión a la vida social ordenada. Al formalizar por ley como matrimonio las uniones de personas de igual sexo, los senadores y diputados del Frente Amplio y los de partidos opositores que acompañaron la iniciativa mostraron debilidades que van desde convicciones erradas a ligerezas de criterio o mera ignorancia. Es indiscutible la diferencia legal entre matrimonio y unión homosexual, establecida desde que existen registros de las primeras civilizaciones. La condición matrimonial inamovible ha sido siempre y sigue siendo la unión de un hombre y una mujer. Aun en sociedades polígamas siempre ha existido su fundamental carácter heterosexual. Ni siquiera en la antigua Creta, donde la homosexualidad era fomentada como parte de la educación juvenil, o en su abierta práctica en la civilización grecorromana, se llegó a equiparar legalmente uniones de ese tipo con el matrimonio.

Por otra parte, el matrimonio no es solo una unión afectiva. Como su nombre lo indica, conlleva ineludiblemente la capacidad de tener hijos. Es obvio que ninguna pareja homosexual puede hacerlo. Una mujer lesbiana puede concebir pero solo mediante fertilización masculina y no de su pareja, lo que desnaturaliza el concepto de matrimonio. Como correctivo funesto de este candado biológico, la nueva ley formaliza también la adopción de niños por parejas homosexuales. Cuando la unión afectiva entre dos hombres o dos mujeres es profunda y duradera, nada impide que ese cariño se vuelque y transmita a uno o más niños adoptados. Pero la adopción no es un derecho de los matrimonios, hetero u homosexuales, sino un derecho de los niños, que en esta ley no parece tomarse demasiado en cuenta.

Tanto la legalización del llamado “matrimonio igualitario” como su habilitación para adoptar niños es un nuevo ataque a la familia, que constituye la célula esencial de la sociedad. Gran parte de la población uruguaya ni es mojigata ni se aferra a conceptos de extrema rigidez moral. Las parejas de igual sexo han dejado de ser motivo de escarnio o escándalo, como ocurría en un pasado no muy lejano. Y es totalmente justo y correcto que hayan dado pasos contra la discriminación de que eran objeto. En ese sentido, además de ser socialmente aceptadas, desde hace años nuestro sistema jurídico les ha reconocido derechos legales en línea con los de las parejas heterosexuales, lo que incluso convierte la insistencia en llamarlas “matrimonio” en un superfluo empecinamiento frívolo.

Lo resuelto por el Parlamento ha traspuesto una frontera marcada por la naturaleza, la historia y el sentido común. La ley de “matrimonio igualitario”, que incorpora a Uruguay a un grupo de otros 11 países que han seguido igual camino entre las 200 naciones del planeta, acentúa la disgregación social que se viene registrando en los últimos años. Precedieron a esta ley la ficción sostenida por dirigentes del Frente Amplio de que existen diferentes modelos de familia, la legalización del aborto y el intento, frenado por ahora, de seguir igual curso con la producción y consumo de marihuana. Con la ley de “matrimonio igualitario”, que además por su mala redacción generará problemas civiles y sucesorios, en poco y nada se favorece a la sociedad uruguaya. Por el contrario, puede tener consecuencias nocivas, de las que el paso del tiempo dará cuenta.