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viernes, 11 de julio de 2014

Gloria Careaga Pérez: En América Latina los avances LGBT más significativos provienen de gobiernos de izquierda


En mayo de 2014 Cuba fue sede de la Sexta Conferencia de la ILGA en América Latina y el Caribe. Les hablo de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, capítulo regional. De esta forma, la ILGA reconoce los avances en materia de DDHH y Diversidad Sexual que ha impulsado el gobierno cubano en la última década.

Me llama la atención que mientras estos logros se den en suelo cubano, en otras naciones caribeñas, específicamente en las antiguas colonias británicas, todavía se mantengan las leyes antisodomía que condenan con multas, trabajos forzados hasta cadenas perpetuas a las personas gay, lesbianas, bisexuales y trans de sus países.

Hoy les transcribo una interesante entrevista de Bárbara Montilla a la compañera Gloria Careaga Pérez antes del encuentro en Cuba. Gloria es psicóloga social, feminista y desde 2008 es co-secretaria general de ILGA. Excelente texto de nuestra colega Bárbara Montilla @barbaramontilla. Desde acá nuestras felicitaciones por este trabajo.

martes, 24 de diciembre de 2013

Argentina tiene a la “persona transgénero reconocida legalmente” más joven del planeta

 
Increíble que esto esté ocurriendo en América Latina. Hace una década noticias como ésta eran impensables. En Argentina una niña transgénero de seis años de edad recibe su documento de identidad con el género autopercibido de la pequeña. Se llama Luana y su mamá le dice Lulú de cariño. La entrega se hizo el miércoles 9 de octubre de 2013 en la capital. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Entrevista a Martha Noya, directora ejecutiva del Centro Juana Azurduy de Bolivia

Comparto esta entrevista a la directora ejecutiva del Centro Juana Azurduy de Bolivia Martha Noya. Hace un interesante análisis de la lucha feminista en Bolivia. La realizó nuestra compañera Natalia Ramos y fue publicada en el portal web Rebelión.

El concepto de feminismo se tergiversa y se entiende como el machismo en las mujeres”

Natalia Ramos
Rebelión

Si el 12 de julio de 1780 nacía Juana Azurduy de Padilla, mujer mestiza que lideró, junto a su marido, un ejército de indígenas en Bolivia, el 10 de septiembre de 1989 abrió sus puertas el Centro que lleva su nombre en Sucre. Martha Noya lo dirige desde su fundación y está plenamente convencida de que el espíritu libertador de la guerrillera les ha guiado para luchar durante 24 años por la equidad de género. Es abogada y desde muy joven ha estado involucrada en los movimientos políticos de izquierda del país. Pertenece a una generación de mujeres que luchó sin descanso contra la dictadura militar y por la instauración de la democracia.

¿Qué elementos les identifica con la figura de Juana Azurduy para que el centro lleve su nombre?

Juana Azurduy fue una mujer rebelde, líder de la guerrilla contra la colonia española. Transgresora y contestataria al sistema, con un espíritu profundo de deseos de libertad del esclavismo al que sometían a los indígenas. Una mujer de estas características es un referente para imitar, imprimiendo a las mujeres el valor necesario para luchar ahora contra el patriarcado. Las mujeres vivimos en una opresión que es producto de un patriarcado que se volvió aún más abusivo cuando llegó la colonia. Lamentablemente esto persiste. Sobre todo en un país latinoamericano y subdesarrollado como éste, donde la manera de presentarse el machismo y el patriarcado es sumamente burda y torpe.

24 años atrás, ¿en qué contexto surge el Centro Juana Azurduy?

En la década de los 80, Bolivia era un país de alta conflictividad política. Las mujeres nos habíamos organizado en la Federación Democrática de Mujeres, desde distintos partidos de izquierda, para luchar por la democracia y en contra de la dictadura. La democracia en Bolivia en gran parte es mérito de las mujeres, los hombres que lideraban los movimientos contra la dictadura salieron al exilio. Una vez lograda la democracia, vuelven los hombres exilados para tomar el poder y las mujeres son totalmente excluidas de los ámbitos públicos. Fue entonces cuando la Federación comienza un proceso básico de reflexión para identificar los elementos visibles que sostienen las relaciones de género inequitativas. La creación de la Institución es parte de este proceso.

En el trabajo por la búsqueda de la equidad de género, ¿son muchos los obstáculos que se presentan?

Sí, permanentemente chocamos con barreras. Por ejemplo, cuando vamos a trabajar las cartas orgánicas y planteamos que necesariamente tiene que existir un cincuenta por ciento de mujeres que ocupen espacios de poder o que se disponga de un porcentaje del presupuesto municipal para las mujeres, toda la negociación se complica. El discurso de las autoridades es en apariencia coherente con los derechos de las mujeres, pero cuando hay que poner dinero o limitar el ejercicio masculino, empieza el conflicto.

El concepto de feminismo genera conflicto y división de opiniones pero, ¿está bien interpretado o entendido?

El discurso patriarcal, tan impregnado en el discurso público, asocia el feminismo como lo contrario al machismo, o su versión femenina. Se entiende el feminismo como el machismo en las mujeres. Esto es una gran tergiversación del concepto y sentido político del feminismo. La estrategia que adoptaron muchas instituciones hace años fue dejar de hablar de feminismo y hablar de “enfoque de género”, como si éste no se hubiera basado en la teoría feminista. A la categoría de género se le quita el contenido político y sobre todo el sentido cuestionador de las relaciones de poder, que es lo que sí hace el feminismo. Creo que nuestra Institución, por un tiempo, cae en esta trampita. A mediados de la década del 2000, nos damos cuenta y empezamos a revertirla, recuperando el discurso original, hablando de feminismo sin ningún complejo ni restricción. Esto nos ha colocado en situación de crítica en la ciudad, lo cual no ha limitado nuestro accionar.

- En la visión indígena, ¿cómo valoras su postura en relación al enfoque de género y el feminismo?

En el discurso gubernamental y de las organizaciones sociales indígenas originarias campesinas, se observa un rechazo a teorías extranjeras, entre ellas al feminismo. Pero, contradictoriamente, se ha creado una instancia de gobierno denominada Unidad de Despatriarcalización, dependiente del Ministerio de Cultura, que desarrolla las políticas en contra del patriarcado. Confrontar el feminismo y la despatriarcalización es una falsa dicotomía: “no somos feministas pero vamos a trabajar por la despatriarcalización”. La idea del patriarcado ha sido recuperada por el feminismo como conceptualización del andocentrismo y la organización social basada y dirigida por lo masculino. Pese a esta contradicción, que desde el Estado se promueva un discurso y políticas dirigidas a la despatriarcalización es un avance importante. Es una situación que las organizaciones de mujeres debemos aprovechar para avanzar en la estrategia despatriarcalizadora de nuestra sociedad.

Además desde esta perspectiva ¿existe una confrontación entre los derechos individuales y colectivos?

Se ha generado un discurso distorsionado sobre los derechos individuales y colectivos, poniéndolos en contraposición. Desde el feminismo y el movimiento de mujeres creemos que no es posible que las mujeres ejerzan sus derechos colectivos si no se garantiza el ejercicio de sus derechos individuales. Los movimientos indígenas colocan a las mujeres en esa falsa contradicción generando en ellas un sentimiento de “traición” a sus derechos como grupo cultural si defienden sus derechos individuales. No se pueden defender los derechos de la comunidad destruyendo los de las mujeres.

¿Qué piensas de los avances en la nueva Ley sobre violencia de género aprobada este año en Bolivia?

Ha habido cambios muy favorables. Si bien, personalmente, soy partidaria de que un agresor debe ser encarcelado, las mujeres en Bolivia no están preparadas para esto, optando por no denunciar ante el temor de que sus parejas las abandonen. Las mujeres no tienen la cultura de la denuncia y de la sanción. El problema es que tienen una cultura de alta tolerancia a la violencia. Por otro lado, al ser un delito entra en la normativa penal que supone un proceso muy complejo y largo. Las mujeres no quieren pasar por un “calvario” judicial. Creo que el concepto sobre el que se ha construido la ley está bien, pero el procedimiento nos hace enfrentarnos con serios problemas de aplicación. Corremos el peligro que, en vez de avanzar en la protección del Estado a las víctimas de violencia, limite su acceso a la justicia.

¿Cuáles son los factores clave para lograr una verdadera transformación?

Lograr una sociedad despatriarcalizada con justicia social y de género es un proceso muy complejo y de avances lentos. Provocar transformaciones culturales en una sociedad diversa, producto de procesos históricos colonizadores que instalaron pensamientos patriarcales y machistas abusivos en toda la sociedad y sus diferentes expresiones culturales y organizativas, será producto de una lucha incesante de las propias mujeres, tanto de forma individual como colectiva.

domingo, 23 de octubre de 2011

Agenda Abierta aborda la lucha contra el cáncer de seno

El pasado martes 18 de octubre tuvimos la oportunidad de hablar sobre el cáncer de mama, con nuestra compañera Isabel Zerpa, una sobreviviente y luchadora contra esta enfermedad. Acá pueden ver la entrevista completa.



Isabel Zerpa: optimismo, la mejor manera de enfrentar cancer

Isabel Zerpa, del Centro de Estudios para la Mujer, de la Universidad Central de Venezuela, comparte su propia experiencia y sus conocimientos sobre el cancer de mama, los aspectos genéticos y de modo de vida que influyen en el desarrollo de este padecimiento, así como la mejor forma de hacerle frente. El cancer de mama es solucionable si se detecta a tiempo, de no ser así puede resultar mortal. teleSUR

viernes, 5 de diciembre de 2008

ESTUDIOS / Cuando digo intersex. Un diálogo introductorio a la intersexualidad

Abrimos esta edición de Papeles DSx con una entrevista a Mauro Cabral sobre la intersexualidad realizada por Gabriel Benzur, periodista y activista de derechos humanos. Esta conversación fue publicada en la Revista Pagú en el primer semestre de 2005.

Mauro Cabral es de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, es miembro del International Board de CLAGS (Center for Lesbian and Gays Studies, CUNY) y coordinador del Área Trans e Intersex del Programa para Latinoamérica y el Caribe de IGLHRC (International Gay and Lesbian Human Rights Commission).

Cabral explica que el “concepto clave para comprender de qué hablamos cuando hablamos de intersexualidad es el de variación. Por lo tanto, cuando decimos intersexualidad nos referimos a todas aquellas situaciones en las que el cuerpo sexuado de un individuo varía respecto al standard de corporalidad femenina o masculina culturalmente vigente”.

Sobre las conquistas del movimiento intersex, Cabral relata: “Hemos logrado que nuestra existencia sea. El trabajo pionero de Cheryl Chase y de la Intersex Society of North America (ISNA) lograron algo fundamental: la transmisión. ¿Qué es lo que repite, como un mantra? Hay una vida posible. No estás solo. No estás sola. No estás sola/o. No sos un monstruo. Y si sos un monstruo, bienvenido/a seas: no sos el único/a. Hemos podido llorar y consolarnos juntas/os. Hemos contado nuestras historias a quienes podían, carnalmente, reconocerlas como suyas”.

Lea la entrevista completa a continuación “Cuando digo intersex”

domingo, 7 de octubre de 2007

ROSTROS Rummie Quintero Verdú: “Yo no soy trans”

Yeniter Poleo periodista venezolana, publicó este trabajo especial en El Mundo, un importante diario venezolano. Poleo se aproxima al retrato de Rummie Quintero, una activista venezolana que lucha por el respeto a la diversidad sexual y la no discriminación. Quintero es fundadora de Divas de Venezuela, una de las primeras organizaciones del país que trabajan con la población trans. A continuación transcribimos el texto original de Yeniter Poleo, quien amablemente nos lo hizo llegar. ¡Excelente trabajo!

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Rummie Quintero Verdú: “Yo no soy trans”

A los 4 años ya sabía que era niña pero todos la trataban como varón. Se alejó de los suyos y se convirtió en bailarina y activista diversosexual. Aún vive en Catia, donde pocos dudan de lo que es: una mujer

Yeniter Poleo

Caracas. Desde el balcón lanzan una cuerda a la que está anudada una llave; es el salvoconducto que permite subir unas escaleras estrechas que desembocan en la Academia Rummie Quintero Arte Coreográfico, situada en un viejo edificio próximo al bulevar de Catia. Abre la puerta una nena de sonrisa generosa, cercana a los 8 años, y tras ella aparece la reina del local: “Pasen, ya conocieron a mi sobrina. Denme unos minutos para terminar con mi alumna”, dice antes de esfumarse entre las coloridas cortinas de plástico del lugar. Olga Tañón advierte al fondo: “Es mentiroso ese hombre, es mentiroooso”.

Cuando Rummie Quintero vuelve a la oficina es imposible no fijar la mirada en el vértice de esas piernas duras y bien moldeadas. Viste un conjunto deportivo tan ceñido que no hay lugar donde ocultar algo. Es delgada pero atlética y se mueve como una gacela, delicada y veloz.

“Era carnaval y yo estaba en preescolar. Una maestra me preguntó que de qué me iba a disfrazar: ´De Batichica´, dije y se rió, pero no entendí por qué. Fue mi primer momento de conciencia real. Pensé: ´Mmm, estoy metida en un mundo que no va a comprender mucho mi situación´, tenía como 4 años”. Su “situación” fue que desde entonces se comportó como le provocaba pese a las malas caras: “La primaria en la escuela Juan Antonio Pérez Bonalde fue espantosa; siempre me manifesté abierta y claramente. Por supuesto, la gente se infartaba. En cuarto grado me decomisaron una carta que iba a enviar a un chico que me gustaba. Salieron gritando: ´¡Un psicólogo, auxilio!

La sapiencia del especialista se resumió en recomendarle a la mamá de Rummie que esperara los 18 años “para ver si iba a ser homosexual” y recetarle que le inscribiera en deportes “de hombre” como el kárate: “Eso me causó mucha risa porque para mí era como ir al paraíso con todos esos chicos”. Pero ella no esperó: a los 16 confió a su madre (una costurera que, con perseverancia, logró estudiar y jubilarse como secretaria del Ministerio del Ambiente), que “con todo el dolor de su alma” se olvidara de nietos porque era homosexual. “Le dije eso porque era lo que más se me parecía. Estaban de moda Madonna y Michael Jackson, por ahí en 1984, entonces se sabía muy poco de transexualismo”.

Una mujer con pantalones
Las manos de Rummie son coquetas. Se esconden detrás de su cuello, se abren y se cierran como un abanico, y uno de los dedos índice eventualmente se engancha en la mejilla cuando se queda pensativa. Es la tercera de 4 hijos. “Con mis hermanos fue duro, pero hoy comprendo que no es que no me quisieran, sino su poco conocimiento. Me presionaban, me castigaban porque yo tenía que ser un ´massho´. Me alejé de la gente que me cuadriculaba la vida”. Finalmente la reconciliación con su familia sucedió y ahora su mamá no sólo es instructora de danza como ella, sino también activista por los derechos de la diversidad sexual.

Agradece haber descubierto el deporte y la danza porque pudo canalizar la rabia y la frustración. Así evitó caer en drogas, alcohol o trabajo sexual, al cual no se opone. “Pero no creo que tenga que ser el único medio de subsistencia para las transexuales, transgénero o transformistas. Debería haber igualdad de oportunidades dentro de este proceso socialista entre comillas, pero eso no se ha aplicado en los 9 años que llevamos de revolución”.

Cuando estudiaba en Insbanca la obligaban a vestirse con ropa masculina. Se rebelaba: “Me ponía la corbata como una bufanda y un cinturón anchísimo; los profesores se morían. Sé que por donde paso, aunque no soy la persona más hermosa del mundo, soy el foco de atención. Es mi energía, ese poder femenino con que nací”.

Aunque sabe que causa revuelos, enfatiza que nunca se ha sentido diferente y que jamás ha estado “del otro lado”. Aclara que no es homosexual (un hombre que ama a otro hombre), ni transgénero (una persona considerada “en tránsito” entre lo femenino y masculino, cuyo aspecto y comportamiento suelen ser opuestos a su sexo biológico); pero tampoco, pese a lo que muchos piensan, es transexual (alguien que mediante cirugía cambia sus caracteres sexuales).

“Yo no me he operado, mi amor. No me considero transexual, soy y siempre he tenido la conciencia de que soy mujer. Si a una compañera le eliminan sus senos no deja de ser mujer. De hecho, no creo en el protocolo que llaman ´reasignación de sexo´, en todo caso, sería adecuación”.

Su convicción de género va más allá de lo físico. “Sufría depresiones cuando tenía 20 años. Me daba vergüenza que me vieran desnuda, pero un día frente al espejo me dije: ´Mi amooor, pero tú eres así, y me asumí como ser humano, como la creación de Dios. Y trascendí. Si no, era capaz de suicidarme como hacen muchas; y sí, soy una mujer con pene y punto”.

A partir de ese momento decretó que la persona que estuviese a su lado debía aceptarla tal como es. Con su pareja, un bailarín, lleva 5 años: “Somos almas gemelas. Estamos en ese proceso de transición, de encontrarnos. Una vez estábamos bailando en un show y se nos olvidó el público, entramos en trance. Fue hermoso, así como la Cenicienta bailando con su príncipe”, comenta pícara y se ríe.

Diosa y diva
“Rummie es una diosa africana de la danza”, expone, y numerológicamente da la misma cifra que su nombre de pila, el cual evade pronunciar. “Da el 6. La sacerdotisa, tengo una misión liberadora”. En la adolescencia, su amiga América era “amiga tan amiga” que compartían un novio, y tenía un conocido llamado Ruby. Le gustó el nombre. “Hice todas las combinaciones posibles. Primero, Ruddy, pero ya existía Ruddy Rodríguez. Probé entonces con Rumy, que evolucionó como toda yo hasta ser Rummie”. Fue difícil cuando empezaron las llamadas a la casa donde vivía con su familia en el 23 de Enero. “Aquí no hay nadie con ese nombre´, decían y colgaban.

Con esa identidad empezó a construir su propia historia: campeona de aerobics, cursos en el IND como promotora deportiva y profesora de danza jazz, hasta que quiso independizarse y pidió un crédito. Abrió una academia “chiquitica”. Con otro préstamo se instaló en el bloque 56 de Sierra Maestra, de donde tuvo que irse porque la discriminaron. No se rindió. Consiguió un local donde tumbó hasta las paredes. “Tenía 20 niñas becadas, pero había muchos borrachitos alrededor, gente que tenía mala vida, y digo tenía porque ya se murieron”, pestañea sonriente.

Siguió buscando información, relacionándose. Los fotógrafos Nelson Garrido y Willington Barco se interesaron en su imagen y conoció a “una ángel” llamada Andreína Fuentes de la Fundación Arte Emergente. “Le pregunté si podían financiarme un proyecto de danza comunitaria. Mostré mi trabajo y me dieron el apoyo”. En paralelo, la diosa formalizó su activismo y fundó la asociación civil sin fines de lucro Divas de Venezuela “para la integración social, real y efectiva de las personas diversosexuales, específicamente trans, intersexual e intergénero”. Quiere fortalecer la autoestima de esa población mediante la cultura y el arte, y concienciar al resto, sobre todo en la parroquia Sucre, con volantes y charlas: “La gente es muy irrespetuosa, se burla y te agrede. Hay que educarla. Iniciamos esa vez una campaña: me vestí superfabulosa y busqué al jefe civil. ‘Baje conmigo al bulevar para que vea lo que pasa’. Lo hizo, pero más nunca”.

Recuerda que “pasar por Catia era horrible” pero lo más duro no eran los comentarios que le hacían “sino lo seguido”. Lo más triste fue disfrazarse de chico para sacar su primera cédula, en que salió “con el nombre del llanero solitario”. Por fin lo suelta: “Rigoberto”.
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Fotografía del diario El Mundo.

miércoles, 15 de agosto de 2007

ROSTROS / “Soy Tamara, pero aún me llamo Tomás”

Mireya Tabuas y Vanessa Davies

“Si viera mi vida hacia atrás creo que me daría vértigo. Tengo 51 años de edad. Desde los 2 o 3 años de edad tuve la certeza de que estaba en un cuerpo errado, sabía que era niña. ¿Que cómo lo sabía? Es fácil, así como sabes que te gusta el helado. Es así, una percepción. Un problema de identidad”.

De esta manera comienza este hermoso texto publicado por Mireya Tabúas y Vanessa Davies en El Nacional, un diario de circulación nacional venezolano, y en el cual retratan a Tamara Adrian, abogada, profesora universitaria y activista de los DDHH.

Esta narración cargada de respeto y humanidad nos presenta el rostro de Tamara, una luchadora que en los últimos años ha exigido al Estado venezolano le reconozca su identidad. Descubre la historia de esta brillante mujer contada en primera persona.

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