Este es mi blog. Me llamo Jorge, soy periodista, aprendiz de historiador y militante de izquierda. Por acá comentaba noticias sobre diversidad sexual, feminismo, lucha contra el VIH/SIDA, organizaciones LGBTI de la Patria Grande y otras mariqueras. Ahora me consigues en IG y TIKTI
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martes, 12 de abril de 2016
La Comunión
En la penumbra, una precaria luz me guía hasta las regaderas. Abro el grifo en medio del sauna y el agua fresca se siente helada sobre mi piel.
Una larga gota se abre camino por mi nuca. Baja por la espalda y lame entre mis nalgas, justo donde minutos antes un negro de la costa exorcizaba sus demonios.
Lo acabo de conocer en medio del vapor. Treinta minutos atrás, se me acerca al oído y me dice: "Voltéate".
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miércoles, 4 de noviembre de 2015
Amar pronto
Anónimo, Concurso de cuento breve, España (s/f)
No sabríamos nunca que los ángeles tienen alas de papel y flotan en el aire sin caerse, como las vacas, que son ambisexos como los curas y los Papas, complacientes con cualquiera, igual que los militares con los dictadores caprichosos. Que los cocodrilos hacen el amor sentados, que las musas literarias dan besos en forma de abecedario, que en el verano los niños nacen solos y sabiendo que la vida es un jeroglífico dentro de una lata de limonada, que las violetas crecen espontáneamente en el cabello de las sirenas, que los penes redonditos y pequeñitos son los mejores bufones de las reinas y de los dioses. Que las tragedias solo las viven las tortugas y los avestruces, que los talismanes son descendientes de las pirámides incas y hermanos de los dromedarios. Tampoco seríamos capaces de imaginarnos una película que nos haga llorar, una canción que sepa a chocolate o un libro de flores. Ni siquiera comprenderíamos el trajín de las arañas y de los cantos rodados, ni el brillo de los gatos sobre los tejados dormidos, o de la risa que juega con una ventisca del desierto… si no llegásemos a desear y amar suficientemente pronto otro cuerpo.
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jueves, 29 de octubre de 2015
El Fantasma del Doctor Koestler
Este relato es de Roberto Castillo y forma parte de la Antología de cuentos hondureños de la colección Letra Grande. Me gustó la presentación del personaje. Les trascribo el inicio.
“Carlos Garrido Dalfau era magnífico conversador y pésimo prosista. La savia de su conversación discurría fluida, como un torrente de erudición lleno de lugares comunes, pero matizado con misterios. Y es que el misterio estaba en él, no en su prosa. Le abandonaba cuando pasaba del lenguaje hablado al escrito.Roberto Castillo, “El fantasma del Doctor Koestler” en Antología de Cuentos Hondureños (2005). Editorial Popular. España.
Como cirujano solamente llevó la cuchilla tres veces. Y los tres pacientes murieron. El gremio se conmocionó y no le permitió operar nunca más. Él, entonces, montó una cadena de casas de la salud que se convirtieron pronto en atractivas y jugosas empresas. No sabía manejar la cuchilla, pero aprendió bien el arte de dirigir a otros médicos”.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Fucsia
Mario Paoletti, Concurso de cuento breve, España (s/f)
Se estaba bien allí, en la penumbra, con la luz del gran fuego fundiéndose sobre los muros en una infinita gama de grises. Los demás, en cambio, preferían hacer rueda en torno a las llamas, calentado el cuerpo y preparándolo para el sueño. Su mujer, entre ellos. La presencia de su mujer le avivó la mala conciencia. ¿Era moralmente aceptable que él se pasase todo el día pintando mientras el resto debía ocuparse de la dura lucha por la subsistencia? Lo único que atenuaba la incómoda sensación era que ellos parecían preferir que el continuase su tarea, aunque al precio de mirarlo un poco extrañamente. En realidad, la mala conciencia sólo aparecía por las noches, cuando ellos llegaban en fila india y se dejaban caer junto al fuego, rendidos y sucios, sin aliento siquiera para quitarse sus abrigos de piel, hipnotizados por las llamas. Sólo a veces, antes de la cena, alguno se levantaba y pasaba a la otra estancia, donde él pintaba, para apreciar lo que había adelantado durante la jornada. Luego, al salir, le echaba esa mirada extraña que él prefería interpretar como una forma de aliento.
La noche era especialmente húmeda y fría. El pintor de las cuevas de Altamira se echó a dormir. Y soñó con un color que quince mil años después se llamaría fucsia.
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