martes, 17 de octubre de 2017

Rebeldía buga


Esta nota la escribí para la segunda edición de la revista Gente Rara dedicada a los transgresores del género. La ilustración es un collage del artista plástico colombiano Juan Pablo Echeverri.
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Bugas transgresores

Era la tierra prometida. El cuento se lo escuché a un conocido. A una hora en carro de San Felipe, hay un pueblito donde las locas fabulosas de Caracas podemos encontrar un haren de machos "pelo en pecho" dispuestos a complacer nuestras más bizarras fantasías.

Este carajo nos contó que se había ido con unos amigos gays a un río en la localidad de Guama. Ya en el lugar, se instalaron en un pozo con el agua muy fría.

Media hora después, llegó otro grupo que venía a hacer un sancocho. Los llaneros encendieron el fuego y las mujeres montaron la olla. Apenas escucharon las risas de los visitantes gays en el pozo, los hombres bajaron, botella en mano, a hacerles compañía.

Los tipos cortejaron directamente al grupo de gays. Les ofrecieron tragos, cigarros, les hicieron propuestas sexuales. El más lanzado de los carajos aceptó la invitación de uno de los machos del lugar. Se fueron detrás de unos matorrales, mientras su mujer lo llamaba desde la cocina improvisada, sospechando lo que ocurría.

Los bugas
Antes hubiera dicho que estos hombres eran "homosexuales de closet" o bisexuales. Ahora creo que son bugarrones.

La primera vez que escuché esta palabra fue en la autobiografía del escritor cubano Reinaldo Arenas. En Antes que anochezca, cuenta Reinaldo, sus encuentros sexuales con estos hombres "socialmente heterosexuales".

Los bugas son machos, pelo en pecho, que presumen públicamente de cogerse a los maricos. A lo largo del mar Caribe, los pueblos de la costa han creado diferentes formas de llamar a este especímen local. El apodo más conocido es bugarrón.

Tener sexo con otros hombres no cuestiona la masculinidad de un buga, siempre y cuando sean ellos los que cogen, penetran y dominan. Buga que se respete no besa, no le tocan las nalgas, ni se deja hacer el espuelazo. "Eso es cosa de maricos".

De un mar a otro
Esta vivencia de la sexualidad masculina no es un invento de nuestra américa mestiza. Los estudios sobre masculinidad encuentran las pistas de este fenómeno en algo llamado "Criterio de mediterraneidad".

De acuerdo a este criterio, los seres humanos nos clasificamos sexualmente por el rol que ejercemos en la cama, y no por el sexo biológico de nuestras parejas. Según esto, seríamos activos, pasivos o versátiles, dependiendo si cogemos o nos cogen.

Este criterio se puede rastrear en los países de la cuenca del Mar Mediterráneo. En los pueblos costeros del norte de África y del sur de Europa, se encuentran variantes de estos "bugarrones latinos".

Al norte de Europa, surgieron otros parámetros. Para ellos, los seres humanos se diferencian por el sexo de sus parejas, más allá del rol sexual que ejerzan. Según esto, habría personas straight, gays, lesbianas y bi.

Todo eso nos llegó mezclado a América Latina. Por un lado, en las maletas españolas, portuguesas e italianas venía el criterio de mediterraneidad, y sus categorías de activos/pasivos. Por otra parte, el efecto amplificador de la cultura estadounidense ha intentado imponer al resto del planeta su visión de la sexualidad basada en la hetero/homosexualidad.

¿Bugas rebeldes?
¿Hay algo de revolucionario en los bugarrones? ¿Cogerse a un marico es un acto de resistencia personal? ¿Resistencia frente a qué? ¿Por qué mejor no asumen que son bisexuales y ya? ¿Por qué deben ponerse alguna etiqueta? ¿Qué cuestiona la experiencia buga?

La vivencia buga es limitada. Denigra de lo femenino, no se permite la expresión de afecto porque "eso es algo de mujeres o maricos". Suele reducir la sexualidad a la genitalidad y rechaza cualquier intento de ser penetrado. Suele haber misoginia y homofobia en las expresiones bugas. Para algunos de ellos, es un acto de poder penetrar a otra persona.

A pesar de eso, sí creo que la presencia de bugarrones es un acto de resistencia cultural. Quizás no personal, ni consciente, pero sí de resistencia cultural. La vivencia buga cuestiona las categorías gay/bi/straight.

La experiencia buga demuestra que nuestra sexualidad va más allá de los esquemas impuestos por la tradición judeocristiana. ¿Cómo entiende un cura de parroquia a un hombre que presume públicamente de cogerse a los maricos? Pero además ¿cómo entiende un activista LGBTI urbano la vivencia de este mismo hombre?

Aunque estén al final de la lista de provocadores, debajo de las feministas, las trans, los poliamorosos, los swingers, los bisexuales, los queers, los intersexuales, y todos los demás, creo que sería una lástima invizibilizar a los bugas dentro de esta edición de irreverentes.

Postdata: La noticia de este pueblito yaracuyano me cayó del cielo. Cansada de la marea de pasivas que habitamos en la capital, un grupo de amigos acordamos organizar un viajecito a ese rincón de edén en la tierra. Después les cuento cómo me fue.