sábado, 10 de octubre de 2015

Mi vecinito


2008

Cuando tenía como 7 u 8 años, no recuerdo muy bien, comencé a jugar con  un vecinito. Eran como juegos sexuales, aunque para el momento ninguno de los dos entendía el contenido de esos juegos. Era jugar mamá y papá entre los dos. Nos acostábamos, en la cama, nos quitábamos la ropa y nos quedábamos uno detrás del otro por un rato. Eso era todo. También jugábamos “espaditas” que era simular que nuestros penes eran espadas. Eran juegos infantiles y super inocentes.

Él me llevaba un año de edad.

¿Quieres jugar ajedrez?
Esos juegos se suspendieron por unos años. No recuerdo por qué. Pero cuando cumplí 13, él volvió un día a mi casa y me invitó a “jugar ajedrez” en su casa. Ese era la excusa antes. Yo lo pensé, sentí un sustico en el estómago y le dije que ya iba.

Fuimos, estaban sus padres en la casa. Nos fuimos a su cuarto. El cerró con llave. Se quitó el pantalón, se puso un short rojo super corto, y el tenía unas piernas muy sexys. Él jugaba voleibol.

Puso el tablero del ajedrez magnético entre sus piernas. Era un tablero pequeño, así que yo no podía dejar de ver su entrepierna y su bulto. En un momento me propuso que tuviéramos sexo. Ninguno de los dos sabía qué era eso, al menos yo no.

Primero él se puso delante de mí, de espaldas. Estuvimos un rato así. Luego él lo hizo detrás de mí, pero comenzó a intentar “hacer algo” que yo no entendí. Quería penetrarme, pero ni él ni yo sabíamos cómo. Yo ni me di cuenta. Al rato después de fallidos intentos, me dijo que me lo metiera en la boca. Nunca había hecho eso, es más, ni siquiera sabía que eso se podía hacer, así que le dije que no. Él insistió, así que me agaché, me lo metí, pero apenas sentí el sabor me paré y me fui al baño. Él se asustó porque abrí la puerta de su cuarto como si nada para ir al baño. Después de eso me fui a mi casa. Ese día fue la primera vez que sentí que ya no estábamos jugando, como cuando éramos niños, sentí que estábamos haciendo algo más. No sabía muy bien qué, pero era algo más.


Territorio inexplorado
Pasaron dos semanas, cuando mucho, y fui yo el que lo busqué para “jugar ajedrez”. El recuerdo de su pene en mi boca, su olor, su sabor, se había metido en mi cabeza. Así que quería hacerlo de nuevo.

Fue así como comencé a descubrir, en compañía de mi vecino, el territorio inexplorado de mi sexualidad. Con él descubrí el placer de hacer sexo oral, de la masturbación (no la conocía antes). Con él hice muchas cosas.

“Yo no beso”
La primera vez que lo intenté besar, se negó porque eso eran cosas de “maricos” y él no era marico. Así que nuestra relación se basó en un intercambio de contactos sexuales, muy fríos, sin caricias, sin afectos, sin intimidad.

Él llegaba, se sacaba el guevo, yo se lo mamaba, él acababa y se iba. Si yo acababa antes, bien por mí, si no, no era problema de él.

Eran unos contactos muy fríos, pero era la única persona que yo conocía con la que podía hacer eso. A veces me decía que no lo iba a volver a llamar, pasaban dos meses cuando mucho y él me llamaba, insistía o yo lo llamaba y volvíamos a tener un fugaz e insatisfactorio contacto sexual. Insatisfactorio para mí.


Sublimando los polvos
Por todo esto, comencé a recrear más los pre y los post. Yo deseaba con todas mis ganas que él me tocara, que me besara, que me lamiera, que me dijera cosas antes, durante o después, pero eso nunca pasó.

Entonces yo sublimaba esos momentos. Un roce sin querer yo lo guardaba y luego que él se iba, me masturbaba imaginándome que ese roce accidental había sido a propósito, y recordaba los olores, los sabores, la forma de su pene erecto dentro de su interior antes de sacárselo. Su mirada cuando me metía su guevo en la boca. Todo eso, lo sublimaba para tener luego material útil al momento de masturbarme.

Recuerdo como a los cuatro o seis meses luego que comenzamos nuestros encuentros que una noche me dije a mí mismo “Entrégate, disfrútalo. ¿Esto es lo que te gusta hacer? Entonces disfruta el placer que te genera, sin culpas ni remordimientos”. Esa noche cuando se lo mamé, lo hice como si la vida se me fuera en ello. Fue muy rico sentir que al menos durante ese momento, yo me había liberado de prejuicios y tabúes y había decidido mamarle el guevo con todas las ganas que tenía.


Cogida ¿indolora?
Con él intenté varias veces que me penetrara. Pero era muy doloroso la entrada de su pene, así que lo fuimos postergando. Una tarde, mientras se lo mamaba, él me dijo que me pusiera encima de él, se puso vaselina y la cosa entró sin ningún tipo de dolor. Yo estaba feliz no porque se sintiera gran cosa, sino porque había entrado. Me había hecho a la idea de que una cogida tenía que ser dolorosa, pero ahí estaba yo, con él cogiéndome, y a mí no me dolía.

Lo hicimos una vez más, en el local de su familia. Fui una tarde, esperamos a que la gente se fuera, era un local pequeño. Cuando la gente se fue, nos metimos en un depósito pequeñísimo, donde apenas cabíamos los dos, porque el resto del local se veía desde la calle, así que era en el depósito o no era.

Lo fuimos haciendo poco a poco, esta vez no había vaselina, así que fue más incómodo. Esta vez él se puso condón. Y lo hizo un rato hasta que acabó.

¡Soy hetero!
A los 17 años yo era un rompecabezas de emociones. Había comenzado la universidad, primer semestre, salía con una caraja y tuve relaciones con ella. Fue interesante porque a ella le hice todo lo que yo quería que mi vecino me hiciera a mí, todo el previo, los besos, lamidas, mordidas, masturbadas, roces, caricias, gemidos, palabras, frases… Todo lo que yo quería, se lo hice a ella, pero nunca pude lograr una erección. Ella no se dio cuenta, también era virgen.

No sabía que una mujer pudiera lubricar tanto. Creo que ella se divirtió, pero yo estaba tan aterrado de que ella se hubiese dado cuenta de mi falta de erección que salimos como dos semanas más y con la primera excusa di la relación por terminada.

Apenas tuve relaciones con ella, le dije a todos mis amigos más cercanos que ya no era virgen, porque había estado con una mujer. Era como si con eso demostrara a los demás que yo era heterosexual. Pero la cosa no duró mucho.


Se esfumó la fantasía
Comencé a salir con otra caraja que estudiaba conmigo en la uni. Las cosas no iban bien con las materias, me retiré a mitad del año académico y el día en que me retiré, terminé en una librería normal, comprando una revista con un hombre semidesnudo en la portada. Ese día asumí que me gustaban los hombres, y que me limpiaba el culo con lo que esperaban de mí, mis padres, amigos, profesores, familiares, conocidos y extraños. YO SOY MARICÓN Y SE LA CALAN. Jajajajaja.

Eso pasó cuando tenía 17 años. Tuve dos o tres contactos más con el vecino, él seguía diciendo que no era gay En cambio yo había dado un paso importante y no tenía ganas de seguir teniendo sexo a escondidas, y de manera tan insatisfactoria. Ya no quería volver a tirar con él. Él me llamó muchas veces, incluso hizo cosas que antes se había negado. Me hizo sexo oral, me dijo que lo penetrara, pero ya lo que teníamos se había acabado.

Yo quería un novio, salir con un chico gay, con el cual pudiera vivir las cosas que se viven con un novio, jugar, hacerse cariño, darse besos, regalarse flores y chocolates, hacer el amor, acariciarse, tomarse de la mano en público.


Ahora
En bachillerato, mi vecino era deportista en su liceo, uno diferente al mío, y era como uno de los chicos más populares de allí. Le llovían carajas, tenía un cuerpo envidiable, unas piernas, un culo, unos brazos.

Con los años, luego de bachillerato, él se fue abandonando. Hasta la fecha no lo ha aceptado, no ha asumido lo que tenga que asumir. Sigue teniendo novias. Engordó muchísimo. Quizás esa sea su forma de evitar que las mujeres le caigan. A veces me llama, pero nada pasa. Ya yo viví esa etapa y no voy a repetirla.

A pesar de todo, de que fue una relación fría, con él descubrí muchas cosas de mi sexualidad. Fueron unos años de descubrimientos y muy en el fondo de verdad espero que le vaya bien, espero que algún día pueda asumir, aunque sea consigo mismo, lo que siente. Ojala pueda ser feliz. Eso es lo que deseo para él, que sea feliz con aquello que él decida vivir.