El origen de la marisca no es tan divertido. Durante muchos años, aprendí a no responder a los ataques. Evado el conflicto, como los cangrejos. Todavía lo sigo haciendo. “Si hay un peo, no me llamen, no me interesa”. Si me atacaban verbalmente, yo optaba por sonreír, ignorar la situación o dejarla pasar. Eso sí, si me arrinconaban y tenía que defenderme, le sacaba los ojos al que se me atravesara por delante. Con estas tenazas he dejado a varios renqueando de una pata.
